En incontables ocasiones, los profesionales que asisten a las personas mayores coinciden en destacar la desoladora sensación de abandono (aunque estamos seguros de que lo negarían si viniese al caso) que éstos les transmiten: “Las tardes se nos hacen eternas”.

La atención sociosanitaria en estos espacios de acogida ha mejorado exponencialmente durante las últimas décadas. Sobre todo, con los avances en la promoción de la autonomía, la formación de los cuidadores, la individualización del servicio, la interdisciplinariedad de los equipos o la liberación de sujeciones, por poner algunos ejemplos. En este tiempo hemos comprobado que sus beneficios son notables y un mejor trato -más personalizado y más humano- a fin de cuentas, nos lo merecemos todos.

El calor humano es esencial para cualquier persona, incluso cuando ya lo tenemos todo. O bien, quizá por ello (también por sumar ya muchos años), lo sepamos apreciar con mayor intensidad. Nada como una caricia, una sonrisa o una mirada cómplice.

La curiosidad, el humor y el firme empeño de continuar la senda no es asunto exclusivo de jóvenes. Los mayores saben encontrar este cálido consuelo en el personal que les atiende o en los vecinos de habitación, pero en la mayoría de las veces, lo RECLAMAN A GRITOS. Otros, de manera silenciosa conviven con la pena hasta desconectarse.

Tenemos un reto y estamos seguros de que juntos llegaremos a buen puerto. Nuestra recomendaciones, desde la humildad serían las siguientes. Debemos recurrir a la empatía cuando haya situaciones de estrés. Recurrir a la creatividad cuando nos adormezca la monotonía, a la alegría cuando nos superen las penas o la serenidad cuando nos pierda la rabia. No hay otra. No creemos que sólo los vocacionales valgan para atender los mayores. Estas habilidades se pueden aprender. No sin trabajo, claro.

A fin de cuentas, estamos a su servicio y en nuestra conciencia quedará los buenos ratos que les hicimos pasar. En eso, se diferencian los profesionales. Sobreponerse a las dificultades y sacar lo mejor de nosotros mismos.

El esfuerzo vale la pena. Lo hemos experimentado. Todo, para que las tardes sean igual de estimulantes que las mañanas. Todo para que la vida sea gozada en todas sus etapas y con la misma intensidad.

¡Vivamos ofreciéndoles nuestro mejor YO!

Francisco Olavarría Ramos

Experto en Marketing Social