¿Listos para envejecer?

Inicio la reflexión con un primer dato demográfico a escala global: entre 2000 y 2050 el número de personas de 60 y más años será el doble en la Tierra, 1 de cada 5 personas habrá alcanzado los 60 y más años, según proyecciones de la Organización Mundial de la Salud. Estamos abocados a coexistir en un planeta senescente, sujeto por manos añosas que decidirán el rumbo más adecuado junto a una minoría de jóvenes para la convivencia en sociedades para todas las edades e intergeneracionales.

Regiones como la europea, australiana, china o japonesa serán territorios donde habiten más del 30% de personas de 60 y más años. Este hito demográfico es resultado de la “democratización de la vejez” en países avanzados y en desarrollo, o “globalización de la supervivencia” del fenómeno del envejecimiento demográfico que no está delimitado por fronteras geopolíticas, religiosas o culturales, al no haber barreras que frenen un proceso natural como es el envejecimiento de la población humana.

Noruega, Suiza y Suecia conquistan las primeras posiciones del Índice Global de Envejecimiento (HelpAge International), en el que España ocupa la vigésima primera posición, muy alejada de las últimas posiciones de Palestina, Mozambique o Afganistán. Lo que demuestra que los fenómenos demográficos están condicionados por factores políticos que favorecen el bienestar social y económico de la ciudadanía, y especialmente de las personas mayores por niveles de ingresos, estado de salud, competencias y entorno.

España en un progresivo proceso de envejecimiento demográfico, nos situará en el top de países más envejecidos junto a Japón, Italia o Alemania, a mediados de este siglo. El previsible contexto demográfico evidencia que transitamos en tiempo record de apenas cinco décadas, acompasado por la propia transición política democrática. La evolución de la población mayor en España 1900-2061 indica que si había 8.573.985 personas mayores de 65 años (INE, 2015), el 18,4% sobre el total de la población (46.468.102), en 2061 habrá más de 16 millones de personas mayores (38,7% del total).

Dado que la vida ganada a la muerte se incrementará, principalmente en edades provectas, se producirá el sobre-envejecimiento con la aparición de la Cuarta Edad, es decir, las personas de 85 y más años que se quintuplicarán en ese período de cincuenta años. Si hoy representan el 5,8% de la población española, en 2061 será el 21,1% (8.768.911 personas) de una población decreciente que alcanzaría algo más de 41 millones de habitantes en España. En resumen, casi 4 de cada 10 personas superarán los 65 años, y 2 de cada 10 serán octogenarias, dado que la vejez tiene cara femenina por su mayor capacidad de supervivencia frente a los varones.

Nuestros cambios demográficos son debidos al incremento extraordinario de la esperanza de vida -85,7 años en mujeres y 80,2 años en varones- y al déficit de natalidad -el ratio de fecundidad uno de los más bajos de la Unión Europea (1,3 hijos/mujer), no logrando el reemplazo generacional (2,1 hijos/mujer)-. Según datos del crecimiento vegetativo de la población -diferencia entre nacimientos de madre residente y defunciones de residentes en España-, fue negativo en 2015 en 2.753 personas, siendo la primera vez que ocurre desde que se dispone de datos anuales en la misma serie histórica.

En cuanto a la tasa de envejecimiento por comunidad autónoma, Extremadura con casi el 20% de personas de 65 y más años, estamos por encima de la media nacional, próximos a las mas envejecidas -Castilla y León, Asturias y Galicia (24%)-. Extremadura es rural productiva, geográfica y demográficamente, pues el 65% de los municipios extremeños presentan poblaciones muy envejecidas con 1 de cada 4 vecinos mayores de 65 años. Unido al éxodo rural que despuebla estos núcleos de jóvenes y activos que marchan fuera para trabajar y proyectar sus vidas.

Ante esta nueva estructura de la población extremeña, española y europea, cuestiono si estamos preparados institucional y civilmente para afrontar este reto demográfico. Mi respuesta: No. Por eso, aconsejaría a quienes nos representan en instituciones políticas la necesidad de aprobar lo que denomino “Acuerdo Europeo con la Ciudadanía Sénior”, basado en las siguientes 4E.

Primero, la estima, como valoración positiva de las cualidades de nuestros mayores, desde el respeto y el reconocimiento de la sociedad para prevenir la discriminación por edad –la gerontofobia como tercera gran discriminación en Europa-, desde la autonomía personal y la autoestima como aprecio de uno mismo durante la vejez.

La educación, como aprendizaje a lo largo de la vida para satisfacer las necesidades de conocimientos de todos los grupos etarios. Toda persona, en cualquier etapa del ciclo vital, debe disponer de oportunidades de aprendizaje permanentes para adquirir competencias de logro de sus expectativas. Unos adultos mayores competentes y empoderados son clave para el progreso comunitario.

La empleabilidad, como aptitudes y actitudes para conseguir un empleo, ampliando su significado social, más allá del sentido economicista, a lo largo del ciclo de vida en relación a los aportes de la ciudadanía sénior a la sostenibilidad de las familias y el bienestar general, no valorado en el PIB por su altruismo e invisibilidad, principalmente de mujeres cuidadoras.

Y no menos relevante, el entorno, la capacidad de adaptación para construir ciudades amigables para/con la ciudadanía sénior, eliminando las barreras arquitectónicas que limiten su capacidad funcional y de interacción con otras edades y generaciones. Las instituciones deben apoyar iniciativas que faciliten la vida independiente del adulto mayor en su entorno de arraigo.

Estas son algunas recomendaciones si queremos mejorar las condiciones de vida de la generación babyboomers, que nos jubilaremos a partir de 2024, debiendo estar listos ya para envejecer con éxito.

Fdo. Santiago Cambero Rivero
Profesor Asociado
Facultad de Educación
Departamento de Dirección de Empresa y Sociología
UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA