Hace más de 15 años, a mi madre se le diagnostico Parkinson, tras presentar sintomatologías no propias de la artritis reumatoide que ya padecía. Preludio de lo que se acontecía, mi hermana y yo coincidimos en que, sin prisa, pero sin pausa, deberíamos prever el cruel futuro que se iba a acontecer en la vida de nuestros padres y de nuestra familia en general.

Cada nueva afección en la enfermedad, implicaba una “vuelta de tuerca” en el decrecimiento de la calidad de vida no solo de mi madre, sino que agravaba el sentimiento de responsabilidad (y culpa) del resto de la familia, hasta llegarse a diagnosticar “el síndrome del cuidador” a nuestro padre, que a día de hoy también padece Párkinson. Una simple gota, desbordaba un vaso lleno en perjuicio de la salud de nuestro padre, que si bien, mi hermana y yo emancipados y con una vida laboral activa, nos impedía ayudar de la manera que ellos necesitaban.

Concedido el servicio de teleasistencia, las llamadas a éste y los desplazamientos a urgencias por los síntomas de ahogo debido a la disfagia y la ansiedad asociada, empezaron a ser cotidianos. La situación se tornó insostenible en el momento que mi padre no era capaz de delegar, y de sobrellevar cualquier mínimo cambio en la salud de su cónyuge.

Hace ya 5 años que mis padres ingresaron en la Residencia de Mayores de Alcorcón, y salvando la decrepitud de sus instalaciones, mi hermana y yo logramos tomar aliento en la vorágine de médicos, tiempo y ansiedades, en que se habían convertido nuestras vidas.

La llegada a la residencia estaba llena de luces y sombras, ya que veíamos como situaciones inusuales se normalizaban. Auxiliares aceleradas para poder atender a los residentes, días que no se realizaban los aseos pertinentes, terapias que no se realizaban, pérdidas de enseres personales, etc. La frecuencia de estas conductas, las comunicamos verbalmente a los responsables de la residencia, obteniendo respuestas igualmente cotidianas “…es algo puntual y no volverá a ocurrir”. Desgraciadamente, la respuesta de la residencia acabó siendo tan usual como la recurrencia en que se producían las incidencias.

Sociabilizar en la residencia, es encontrar a familiares y residentes con lo que conversas y comentas estas situaciones. Si bien, encontramos familiares que se despreocupan en demasía y pudiesen considerar la residencia como la forma de despojarse de sus preocupaciones y responsabilidades, en su mayoría, son familias que pasan a ver a sus mayores el tiempo que su vida laboral y personal les permite conciliar dichas visitas. Con tiempo, llega la confianza, y te das cuenta que tus problemas son tan comunes como las de los demás, y fue en ese momento cuando algunos de nosotros coincidimos en que podíamos ayudar a que nuestros mayores estuviesen mejor atendidos y pudiesen pasar sus últimos años de vida dignamente. Atajar esas carencias e informar de la situación, sobre un colectivo olvidado socialmente, ha sido siempre nuestro principal objetivo. Hemos decidido luchar por la dignidad y su atención, no solo sobre nuestros familiares directos, sino de manera general hacía todos los usuarios de la propia residencia.

Sabiendo que las quejas no caen en saco roto, se interponen reclamaciones administrativas en el momento que se han sucedido incidencias. Desde el extravío constante de ropa, pasando por la ausencia de traslado a terapias, fisioterapia, médico 24h todo el año o en la pauta de la medicación de una manera adecuada.

La plataforma y sus miembros ha ido creciendo con el paso del tiempo desde hace ya casi 2 años. Hemos realizado asambleas informativas, involucrado a grupos municipales y asamblearios en las problemáticas, buscando posibles soluciones, pero siempre con voluntad de mejorar un sistema de residencias y dependencia que a día de hoy vemos a todas luces con muchas carencias, recurriendo a medios de comunicación, redes sociales y asociaciones que han participado en la difusión de nuestras acciones informativas y reivindicativas.

La gran suerte de comenzar esta andadura, es que nos hemos convertido en una gran familia, dónde ahora y a través de su grupo de WhatsApp, nos comunicamos, informándonos de pormenores e incidencias de manera inmediata, no solo de manera general, sino también particular sobre el estado de salud de los familiares de alguno de sus miembros.

En ocasiones, el sentimiento y afectividad desemboca en la celebración festejos, dónde sus miembros se juntan alrededor de una misma mesa, así como sus mayores. Son instantes en que, todos compartimos malos y buenos momentos. Y esto es nuestro mayor triunfo, formar una gran familia, en la que, las circunstancias personales de cada uno nos han llevado a un mismo lugar y a un mismo momento.

Es de agradecer siempre a aquellos trabajadores, desde el personal de recepción a auxiliares, personal de hostelería, etc. que ejercen con profesionalidad y cariño, el desempeño de sus funciones y cuidados sobre nuestros mayores, y sobre todo a aquellas familias que verán en sus mayores el ejemplo a seguir, participativos e inconformistas en pensar que, siempre habrá algo que mejorar.

Luis de Miguel, hijo de Lucía y Luis. Portavoz de la Plataforma de Familiares de la Residencia de Alcorcón.

Correo: plataforma.resi.alcorcon@gmail.com

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