Si durante la Transición con aquel celebre ‘café para todos’ se resumía el asunto del reparto de derechos a las autonomías por no ofender la singularidad territorial (hablamos de España), en el mundo sociosanitario hemos anulado esa singularidad para ofrecer servicios idénticos a esos mismas personas mayores que lucharon por traer la democracia a nuestro país. De aquel café para todos, al nenuco para todos.

Coincidiremos en señalar que la vejez no empieza con ningún cumpleaños sino cuando sientes que una parte importante de tu autonomía (hasta entonces intacta e incuestionable) ha desaparecido para siempre, o al menos eso te hacen sentir. Es común también ese tránsito cuando del usted se pasa al diminutivo supuestamente afectuoso pero tremendamente infantilizador. Tan así como nos lo corroboraba la señora Antonia contándonos lo siguiente: “Mi colonia preferida la tengo en la mesilla y sin embargo, ¡aquí me rocían con colonia de bebé! ¿Usted cree que hay derecho?”

Insistimos. La edad no define ni capacidades, ni intereses, ni límites, ni oportunidades y eso es así, desde que el momento que nacemos. Sin embargo el paternalismo imperante somete a la persona con algún tipo de dependencia o fragilidad al imperio del por que sí, del porque así se ha hecho siempre o del por qué sé lo que te conviene… Perpetuando los roles de un liderazgo casposo y un proteccionismo antiguo, donde las personas se adaptan al recurso o lo que es lo mismo, un servicio homogéneo para todos sin excepción.

Por fortuna, hay profesionales identificados con esa situación que es también un sentimiento y reivindican la promoción de la autonomía, el respeto a la diversidad y las relaciones entre iguales. A ellos, les agradecemos que formen parte de este cambio de paradigma que desde nuestra Constitución hemos propugnado. Convendría recordar el artículo 50 de la misma, donde se habla de los derechos de los ciudadanos durante la Tercera Edad.

Mientras hay vida y conciencia, vamos a invertir el tiempo en seguir alertando de situaciones como la descrita. Porque sin denuncia no hay evolución y sin esperanza, nos depara un futuro con olor a naftalina, lavanda o a bebé recién duchado. Quizá nos den a elegir el aroma. Menos mal.

Francisco Olavarría Ramos es licenciado en Marketing y Comunicación, emprendedor social con estudios de gerontología y autor del manual didáctico ‘El micro-edadismo lo vamos a jubilar’.

Cuaderno didáctico: “El Micro Edadismo lo vamos a jubilar”