Recitando a Lorca, Núria Espert emocionaba y conseguía un silencio absoluto en el teatro Campoamor durante su discurso de agradecimiento por el Premio Princesa de Asturias de las Artes que recibió ayer por ser «una de las personalidades más sobresalientes y prolíficas del panorama interpretativo, trascendiendo todos los géneros escénicos».

La gran dama del teatro, ahora convertida en Princesa con el Premio de las Artes, se subió al escenario en la década de los 50 en su Barcelona natal y fue en el año 1984 cuando al sustituir a la actriz Elvira Noriega en Medea, llegaría su gran momento.

Su talento no ha entendido de fronteras, llegando a actuar en Milán, París, Jerusalén, Moscú o México. La dirección escénica de Glenda Jackson en La casa de Bernarda Alba en Londres la retira temporalmente del escenario durante 5 años.

Foto: Mujer de Hoy

En 1972 recogía su primer premio (Premios Fotogramas de Plata a la Mejor labor teatral) y hasta el momento acumula reconocimiento como los Premios Fotogramas de Plata, Premios de la Unión de Actores, Premios Butaca … Y a sus 81 años recogía su Premio Princesa de Asturias de las Artes.

Su relato desató más de una sonrisa. Se puso primero cómica al hablar de los hombres y después dramática e hizo un alegato en contra de la violencia. También sacó su lado más sensible cuando, al ser interrogada sobre el Teatro Arango, confesó que «cada vez que se cierra un teatro se me parte el corazón». Incluso se puso seria a la hora de hablar de la situación de España, envuelta en «caos, confusión e intereses espúreos en un país arruinado por 2.000 que se han llevado el dinero». Tan seria se puso que dijo no poder valorar la situación del teatro español, que se inscribe en ese universo nada bello del que, pese a todo, «vamos a salir». Pero cuando realmente la emoción se le asomaba a los poros era al hablar del teatro, de lo que es, de lo que representa, de lo que puede aportarle al mundo: El teatro es una de las cosas que explica por qué estamos aquí.

La imagen de una mujer de 81 años sin pudor al paso del tiempo, orgullosa de su historia y sin nada que esconder.

A esta parte no le puso palabras, ni si quiera fueron necesarias. Núria Espert nos dio una lección ejemplar con su brutal puesta en escena transmitiéndonos una imagen de una mujer de 81 años sin pudor al paso del tiempo, orgullosa de su historia y sin nada que esconder. Sesenta años sobre los escenarios dan para mucho: «Mi carreras de Guinness», dijo en tono de broma. ¡Y tanto que lo es!

La industria de la cultura esconde la tediosa lucha de la mujer con los efectos del tiempo sobre su carrera. Son muchas las actrices que se ven obligadas a someterse al modelo que impone este negocio. La mujer esconde sus arrugas tras el bisturí y pone color a esas canas que se cuelan para traerle un mensaje: con la vejez ya no hay tantos papeles para ti.

Desde Qmayor nos ponemos en pie y nos sumamos a esa larga ovación del público. Enhorabuena Núria Espert, por esa trayectoria, por esa valentía, por esa herencia cultural y, sobre todo, por ser honesta con tu momento y demostrarnos que las princesas también tienen canas.

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