El papel del sistema inmune en la enfermedad de Alzheimer es un tema candente, pero exactamente cómo los dos están conectados y qué intervenciones podrían ayudar a un menor riesgo siguen siendo un misterio. En un nuevo estudio publicado en la revista Nature Neuroscience esta semana, los investigadores del Ann Romney Center for Neurologic Diseases at Brigham and Women’s Hospital (BWH) estudian cómo los factores de riesgo genéticos para la enfermedad de Alzheimer pueden influir en un tipo clave de célula inmune. Sus resultados sientan las bases para el diseño de mejores estrategias terapéuticas y mejores herramientas de predicción de riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

“Hay un tema emergente en la genética de la enfermedad de Alzheimer que el sistema inmunológico puede estar fuertemente involucrado en la aparición de la enfermedad de Alzheimer”. 

Antes de los estudios genéticos, muchos pensaron que la inflamación era un síntoma o una reacción a la enfermedad, pero este estudio y otros construyen un caso convincente de que el sistema inmunológico puede estar implicado en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

De Jager y su equipo examinaron los niveles de proteínas clave en relación con las variantes genéticas que han sido implicadas en la enfermedad de Alzheimer en el pasado. El equipo analizó muestras de sangre de más de 100 sujetos jóvenes y sanos, así como 61 sujetos de mayor edad y los niveles de proteína medidos en monocitos – células inmunes que pueden viajar a varios lugares en todo el cuerpo, incluyendo el cerebro donde se diferencian en macrófagos, especializados para su nuevo entorno, en este caso el sistema nervioso central.

Uno de los resultados más interesantes que el equipo ha descubierto está relacionado con la TREM2 – una proteína objetivo en los esfuerzos de desarrollo de fármacos para la enfermedad de Alzheimer. Un estudio previo de una población de Islandia encontró que una mutación rara en el gen que codifica la TREM2 eleva sustancialmente el riesgo de enfermedad de Alzheimer de una persona. Sin embargo, no estaba claro si más o menos TREM2 llevó a esta situación de mayor riesgo, y los estudios de seguimiento en ratones han producido resultados contradictorios.

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De Jager y sus colegas encontraron evidencia de que aborda directamente esta cuestión, determinando que los niveles más altos de TREM2 se asociaron con un mayor riesgo. Como paso siguiente, Bradshaw, De Jager y sus colegas planean medir los niveles de CD33 y TREM2 en sujetos, como parte del Proyecto de Brigham Envejecimiento Saludable para determinar si estas medidas y otras podrían ser parte de un panel de diagnóstico para predecir el riesgo de la enfermedad de Alzheimer.