Detrás de cada evento significativo hay una historia de epifanía. Así cambió la vida de la protagonista de este proyecto. Conozcamos la historia de Alida. Nos lo cuenta así:

El Día de la Madre 2017, visité a mi madre en su hogar de ancianos donde actualmente vive. A su llegada, ella me saludó con lo que se convirtió en una declaración que cambia la vida:

“¡Oh hija! Estoy tan contenta de que estés aquí. Mira que me pusieron. No pega nada.”

Alida Rubin con su madre

A sus 97 años, mi madre exhibía las huellas de su edad, pero deseaba ser la mujer coqueta que siempre había sido. Después de aquella experiencia, sóla en mi habitación del hotel, reflexioné sobre si fotografiarla porque quizá fuese la última oportunidad. Sus palabras resonaron en mis oídos, dando vueltas y vueltas en mi cabeza. Siempre se había enorgullecido de su apariencia y obviamente todavía lo hacía. ¡Se había encendido la bombilla! Al día siguiente le daría un cambio de imagen y llevaría la cámara. 

Después de su cambio de imagen, llevé a mi madre al comedor. Cuando los ayudantes y los residentes la vieron, la colmaron de elogios: “¡Oh Rose! ¿Qué hiciste? ¡Se te ve maravillosa! Estás hermosa. Así me salieron solicitudes para hacer lo mismo con otras residentes, pero tenía que tomar un avión.

Pedí a uno de los auxiliares que nos tomar una fotografía juntas. Quería un recuerdo luciéndose fresca y hermosa. Así le mandé una copia para recordarle, no solo mi visita, sino el día en que volvió a sentirse hermosa.

En el vuelo a casa, miré las fotografías de mi madre. Reviví el recuerdo de su reacción gozosa al don de volverle a sentir bella: volver a ser una reina. Me sentí muy orgullosa.

Al igual que en la década de 1950, el sorteo de un gran premio, un programa de televisión que convertía a las mujeres en Reina por un día, intento despertar la belleza interior de la mujer a menudo olvidada en los hogares de ancianos; para darle el premio de ser “Reina por un día”.
Mientras estudiaba cada fotografía, comencé a sentir que algo muy especial había pasado entre nosotras. Instintivamente, supe que era más que una hija mostrando el amor por su madre. Era más que una madre disfrutando de ser mimada por su hija. Sabía que era mucho más que eso. La experiencia que compartimos fue simbiótica. No se trataba de la belleza en la superficie, sino de una belleza interna profunda que conectaba el alma, ¡y ME ENCANTÓ! ¡Yo quería más! Quería ver esa alegría en las caras de las mujeres a menudo olvidadas en las residencias de ancianos, y quería sentir esa alegría de dar una y otra vez.

Y allí estaba, mi epifanía: ¡mi vocación!

Cuando el avión aterrizó, supe lo que tenía que hacer. No tenía idea de cómo iba a hacerlo, pero sabía que mi pasión y mi compromiso con esta causa me ayudarían a superarlo.

A las dos semanas de mi regreso, terminé mi carrera como asesora de imagen certificada, armé un equipo -un asistente y un fotógrafo- y comencé a hacer cambios de cortesía a las mujeres en las residencias de personas mayores. ¡La respuesta fue abrumadora!

Cada vez que toqué el rostro de una mujer, se desarrolló una conexión poderosa y profunda. Era delicado, silencioso, emocionalmente edificante, y para mí era una afirmación de la vida. Para estas mujeres, me convertí en una hija, una amiga, una confidente.

Aprendí rápidamente que mis cambios de imagen son una experiencia revitalizante; una oportunidad para recordar y revivir un momento en que las mujeres eran vibrantes, vitales, valoradas. También me di cuenta de que quería que las familias experimentaran los mismos sentimientos poderosos que experimenté cuando miraba las fotografías posteriores de mi madre. Quise darle a las mujeres una fotografía para recordar el día en que se sintieron hermosas, y quería darles una fotografía a sus seres queridos, de lo que podría ser, la última vez que su madre, esposa, hermana se sentirían bellas.

My Makeover Mission está dedicada a redescubrir la belleza interior de todas las mujeres que a menudo son olvidadas en estos centros de atención geriátrica.

Para algunas mujeres, la experiencia de cambio de imagen es contemplativa; una oportunidad de deleitarse en silencio, silencio que lo dice todo. En ese silencio, las mujeres y yo compartimos una conexión profunda.

Otras mujeres disfrutan de la oportunidad de conversar de la manera que solo las mujeres pueden; para compartir historias de amores y risas incontables durante décadas. He visto a mujeres con la cabeza inclinada y los hombros bajos crecer en estatura, a veces solo ligeramente, a medida que avanza su cambio de imagen. ¡Tocar almas lo consigue!

Al final de cada sesión, las mujeres han expresado su gratitud y sonríen radiantes en sus fotos posteriores; Sonrisas de orgullo, sonrisas de alegría, las sonrisas de recuerdos volvieron a despertar. Y sonrieron a mis lágrimas, sabiendo que me han dado tanto como yo les he dado.

Esa alegría ha inspirado a las mujeres que no se inscribieron para cambios de imagen, para animarse a futuras sesiones. Esas sonrisas y esa autoestima han llevado a los gerentes y directores de actividades en estos espacios sociosanitarios a escribir las más profundas y conmovedoras cartas de gratitud. De hecho, el entusiasmo de un gerente inspiró el nombre de mi organización. Hablo de mi como la oportunidad a sus residentes  de ser, “una reina por un día”. 

Puedes conocer estas mujeres en su Sitio Web: www.mymakeovermission.org

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