La energía del waterpolo

A los 67 años, participar de un equipo de waterpolo con pares de más de 60 años de edad es un objetivo que a mi me atrae en lo físico y en lo emocional. Pero eso demanda energía en su preparación.

El tiempo y la dedicación continua y sostenida van dando resultados, y la performance mejora si el equipo logra uniformidad en la base de su accionar aplicando líneas de juego colectivas, y en los valores que los unen. Por eso, dejar de lado la individualidad en función del resultado compartido, es una actitud que requiere ser cuidada y cultivada, incluso fuera de la pileta.

Recién llegado del campeonato mundial de Waterpolo, en Gwangju, en Corea del Sur,  me puse a pensar en cómo las competencias son demandantes, ya que se juegan partidos todos los días y los escenarios son generalmente lejanos a nuestro país (Argentina).

Éramos 3 brasileños, 2 españoles, 1 uruguayo y 7 argentinos de los que 2 viven en el extranjero. Walter, Clovis y Carlos  vinieron desde Brasil, Luis y Daniel desde España con Juan Carlos que es argentino y vive hace años en Madrid. Poliya voló desde su querido Uruguay y otro argentino, que vive en Estados Unidos, Alfredo completaba el equipo junto a los que habitamos Argentina que éramos Daniel, Miguel, Roberto, Gallego y yo.

Lo que podría haber sido un simple conglomerado internacional de personas se transformó en un gran equipo, y no fue casualidad. Juan Pablo de Rosario y Felix de Madrid fueron los técnicos que lograron unificar criterios y crear un estado de actitud colectiva y objetivos en común que no imaginaba antes de mi partida hacia Corea.

Los desplazamientos requieren energía y el hacerlo disfrutando y cuidándose también es parte de una cuidadosa preparación.

Los cambios de hábitos alimenticios, alojamientos diferentes, y climas distintos se suman también al competir en eventos internacionales. Se agregan las experiencias socioculturales de intercambios deportivos en escenarios internacionales, organizados por los entes máximos que regulan el deporte. Las piscinas, vestuarios, árbitros, climatización y supervisión de todas las actividades son del más alto nivel mundial, y también los deportistas disfrutamos de esta experiencia.

Esta actividad deportiva lleva también implícito el placer del juego y la necesidad de poder equilibrar emoción con cuidado razonado. El exceso de una u otra pueden provocar disarmonía, y quitar placer a lo agradable de divertirse con unos y otros.

Recuerdo cuando terminó el partido con Australia, lo cual habíamos ganado de 3 a 2 jugando por la deseada Medalla de Bronce en partido cerradisimo en el que no se convirtieron goles en los últimos dos cuartos, y lo tenía a Robert a mi lado. Fue un abrazo intenso y extenso en el que ambos liberamos tensiones tan contenidas durante el partido. Luego el festejo siguió en el agua. Los abrazos con y sin gorros y el respetuoso reconocimiento de los australianos que aceptaron con altura la derrota.

En total 6 días de competición, jugamos 7 partidos de waterpolo en un Campeonato Mundial de Veteranos de + 60 años de edad. Pensaba que era demasiado. Pero lo que logramos en estos días, integrarnos por primera vez jugadores de diferentes nacionalidades, culturas, hábitos, historias de vida previa y toda la diversidad que puede existir entre un humano y otro,  bajo el paraguas de LOS PAMPAS + 60 fue inolvidable sumado a esa pesada medalla de bronce que en nuestro cuello simbolizaba el logro.

Hacer actividad física y deporte competitivo en un marco colectivo y en escenarios internacionales diferentes genera alegría en el espíritu y bienestar psicofísico, si la preparación contempla todos los aspectos que se requiere.

Por otro lado, en cada país que se juega se suman los diferentes personajes locales con quienes compartimos desde un control de credencial al llegar al complejo acuático hasta el taxista con quien dialogamos en el viaje del aeropuerto al hotel. No solo es un evento deportivo. Es también social, cultural, geográfico y antropológico en ciertas instancias.

No es simple ni fácil de lograr lo que conseguimos juntos en equipo. Es necesario recorrer el camino difícil y exigente que, solamente cuando se lo transita con perseverancia, continuidad y optimismo en el deseo, es posible lograrlo.

En la mayoría de los casos las experiencias recogidas son las que sustentan continuar, y al volver ya pensar en el próximo torneo internacional.

Autor: Dr. Carlos R. Vozzi

Médico cardiólogo clínico e intervencionista y jugador de Waterpolo del equipo Los Pampas, Selección Argentina categoría Master de Waterpolo (+ de 60 años).