“Humuay yakuchata huk vasupi, mamachallay” es una de las frases que recuerdo de mi querida abuelita materna Lucila Ñáñez, a quién cariñosamente todos la llamábamos Lucha, en mi caso, “Abuelita Lucha”. Ella falleció hace ya 10 años, pero yo sigo recordándola claramente, sobre todo las frases en quechua – su lengua materna – que me decía, y que yo, con ayuda de mi mamá pude entender poco a poco. La frase de inicio significa “Dame agüita en un vaso, mamita”, ya que mi abu solía decir muy seguido en sus últimos años de vida, porque tuvo un gusto muy especial por tomar agua; yo le respondía “Aschallata, abu” (Poquito, abu), y ella me decía de manera exclamativa “Achkata ya, niñacha” (Bastante pues, niñita), mientras yo la cuidaba en casa. Ser su cuidadora, junto con mi mamá, fue de las mejores experiencias que he tenido en mi vida, por el amor que pude compartir con mi abuela, y porque aun sabiendo castellano ella prefería hablar en quechua y yo quería siempre entenderla, entonces me decía a mí misma qué importante es aprender el quechua y otras lenguas nativas que muchas personas adultas mayores como ella – y mi abuelito también – hablan; para conectarnos más con ellos y ellas, y consecuentemente con nuestras culturas originarias y nuestra historia, que es tan rica por su pluriculturalidad y multilingüismo. Es ahí desde que comencé a cuestionarme por qué la lengua quechua – y otras – se están perdiendo, por qué hay personas que se avergüenzan de su lengua materna y/o la lengua materna de sus padres y abuelos/as; jóvenes, niños y niñas que aprenden el quechua como segunda lengua, porque se desenvuelven en familias quechuahablantes, pero dejan de practicarla con el paso del tiempo y sobre todo cuando vienen a las ciudades, por qué pasa esto si justamente está en estas lenguas la riqueza cultural.

Mi abuelita falleció, y mi abuelito Antonio García, su esposo, muy activo, al que le encantaba también hablar quechua, me comenzó a enseñar más esta lengua, estuvo siempre dispuesto a ser grabado por mí mientras cantaba en quechua y traducir frases cotidianas que yo le pedía. Con él conversaba al respecto de la importancia de la transmisión del quechua, para que ésta no desaparezca; y con un interés personal, ya habiendo comenzado a estudiar Trabajo Social, le prometí que iba a estudiar quechua, que iba aprender. Él falleció en el 2010.

Con la decisión de cumplir esta promesa, comencé a buscar información sobre centros de idioma quechua en Lima, y fue realmente gratificante saber de la “Academia de Quechua Yachay Wasi” (Casa del Saber), cuyo fundador y director es el maestro Demetrio Túpac – Yupanqui, que actualmente tiene 93 años. Un gran “Amauta” (maestro en quechua) comprometido con la recuperación y enseñanza del Quechua en Perú, así como la elaboración de su escritura. Hombre cuzqueño, que por lo tanto en su Academia, enseñan el Quechua de Cuzco, cabe mencionar en el Perú no hay un quechua, hay una diversidad de quechuas, de acuerdo a las regiones geográficas; sin embargo, es preciso señalar que el RUNASIMI (Quechua) original es del Cuzco (Sur), de la cultura Inca. Pasó el tiempo y crecía mi interés del aprendizaje del quechua, porque había decidido especializarme en gerontología social para también trabajar directamente con personas adultas mayores, que muchas de ellas, como es sabido, tienen como lengua materna una lengua nativa, representando el 31,2% al quechua, aymara u otras. (Estudio población adulta mayor INEI, 2015); o en el caso de las zonas rurales, muchas solamente hablan su lengua originaria.

Encontré otro Centro de Idiomas de Quechua en el año 2013, que me interesó más, porque enseñaban el Quechua del Centro del Perú –de donde es mi familia- el Quechua Chanka, de la Región de Huancavelica, Ayacucho y parte de Apurímac; éste es el Centro de Idiomas de la Escuela Nacional de Folklore José María Arguedas, en Lima. Entonces comencé a estudiar, descubriendo en el proceso lo complejo y maravilloso que es el Quechua, porque como todo idioma, involucra cultura en sí misma, el sentir de los pueblos andinos, así como se caracteriza por trasmitir desde los cantos los rituales y festividades el respeto y amor hacia la naturaleza y las diversas relaciones interpersonales, como en el caso de parejas, familias, comunidades, etc. Asimismo, me iba dando cuenta que si bien es cierto seguimos siendo pocas las personas jóvenes que nos interesamos por el aprendizaje del quechua y su perduración en nuestra historia, con el paso del tiempo van generándose espacios de discusión y reflexión al respecto de las lenguas originarias, así como talleres y grupos integeneracionales de conversación en quechua, como es el “Rimaykusunchis” (Conversemos) de la Casa de la Literatura Peruana, que inició el año pasado.

Es importante señalar, como plantea la antropóloga Patricia Ames, que las razones por las cuales las personas hablan o dejan de hablar el quechua no son sólo por decisiones individuales sino que éstas se hallan en gran medida atravesadas por dinámicas sociales; siguiendo esta perspectiva, es posible discutir los cambios sociales actuales, los nuevos referentes y usos del quechua, el papel de las políticas públicas, y comprender más claramente que no hay nada inexorable en el futuro del quechua, y que éste dependerá en gran medida de las decisiones que tomemos como sociedad peruana y latinoamericana. Es necesario recordar que el quechua se habla en otros países de la región de América Latina, como Ecuador, Bolivia y Colombia y en el norte de Chile y Argentina, alcanzando más de 10 millones de hablantes.

Puede concluirse que hay en los últimos años escenarios positivos para el aprendizaje del quechua, aunque hay muchas personas que deciden no hablar este idioma, y su razón no es ninguna novedad, ya que se ha asociado al quechua a lo largo de nuestra historia con la identidad indígena, el origen campesino o provinciano, la pobreza, la marginación y la exclusión social. Entonces, nos encontramos en un gran reto pues no sólo estamos hablando del destino de una lengua originaria, sino de los derechos de las personas que hablan esa lengua, que son ciudadanos/as, y que han visto escatimado su acceso pleno a esta ciudadanía por hablar una lengua diferente al castellano. Revertir esto es una tarea inevitable si de verdad queremos construir un país y sociedad latinoamericana democrática.

Kausachun Runasimi (Viva el Quechua)

Kausachun Machupallakuna

(Vivan las personas adultas mayores)

Haydee Chamorro García – Trabajadora Social – Perú – ¡ Gracias, gracias y más gracias! @AydChg6

*El quechua o quichua es una familia de lenguas originaria de los Andes centrales que se extiende por la zona occidental de América del Sur a través de seis países. La cantidad de hablantes de lenguas quechuas se estima entre ocho a diez millones.