Mientras los jóvenes juegan a imaginarse en otro género, volver a la niñez o envejecer con una aplicación móvil, Jan Langer recopila a esos centenarios para enfrentarles a su pasado.  Los cambios que acompañan al envejecimiento (por fuera y por dentro) son inevitables (por mucho que se empeñen) y son manifiestos. Aquí su muestra, en fotografías.

Vincenc Jetelina, 30 y 105 años

Cada combinación representa a la misma persona cuando era un adulto joven y ahora como un centenario. Para mostrar adecuadamente los cambios de cada individuo, los retratados recrean las poses de las fotografías antiguas. Al proporcionar estas comparaciones lado a lado, Langer permite a los espectadores a discernir las similitudes visuales y las diferencias entre las fotos.

Además de exhibir los efectos físicos del envejecimiento, Langer también se adentra en el aspecto psicológico de envejecer. Cada foto va acompañada de una breve biografía del tema, en la que se enumeran su ocupación anterior, su lugar de residencia actual, sus aficiones, el estado de su relación familiar, un recuerdo inolvidable y sus deseos.

Marie Burešová, 23 y 101 años

Stanislav Spáčil, 17 y 102 años

Anna Pochobradská, 30 y 100 años.

“Me pregunté que cambia y que queda en el rostro y en la mente de las personas que han vivido tanto”, reflexiona el fotógrafo. “También me pregunté cuánto pesa la soledad de la vejez y qué recuerdos permanecen en la mente de 100 años de edad.”

Puede ver toda la serie de fotografías y leer sobre cada individuo en el sitio web de Langer.

Marie Fejfarová, 101 años (“ella quemó todo el material memorable de su vida”)