Háblanos de la Cristina que llegó a trabajar al que hoy en día es el centro más reconocido a nivel internacional en Humanización de la Salud. ¿Cómo era? ¿Qué aprendió con una orden religiosa como Los Camilos?

Llegué al Centro San Camilo en el año 2000, fue un encuentro casual, provindencial en cierto modo. Yo me encontraba trabajando como enfermera pediátrica en un hospital y me invitaron a participar en un curso de Humanización de la salud. Buscaba un espacio en el que poder desarrollarme como persona y como profesional y lo encontré casi sin buscarlo. A partir de ese momento he tenido la oportunidad de sumarme a diferentes proyectos asistenciales y formativos y ello ha llevado a que ocupe diversos roles hasta el día de hoy.

Trabajar con una orden religiosa predispone a repensar el ámbito de los propios valores y los valores operativos del trabajo y de la cotinianidad. Trabajando con los Religiosos Camilos he conocido a personas muy ricas en sabiduría, no solo entre los religiosos, he encontrado una mirada muy saludable de la religión, del ser humano, la ética así como un humanismo universal llevado a la práctica a través de sus diferentes programas y de las personas que colaboramos en el proyecto como profesionales o voluntarios.

¿Cuáles son tus tareas actuales dentro de la organización?

Actualmente coordino el área de programas y calidad del Centro San Camilo. La misión de mi puesto es conectar los diferentes programas formativos, asistenciales y divulgativos entre sí y de cara a su proyección externa, asegurando la calidad en el proceso y la coherencia con nuestra identidad como organización.

Mis principales tareas tienen que ver con la visión estratégica, las relaciones institucionales y el liderazgo de equipos. También colaboro como docente y conferenciante en temas que afectan a la humanización, la gestión humanizada, el liderazgo y la calidad. Coordino un equipo de cerca de 20 personas que dinamizan programas variados y formo parte del Comité de dirección del Centro.

¿Qué formaciones podrían ser consideradas como las joyitas de la casa?

Creemos en el Counselling como el modelo de comunicación con mayor potencial humanizador que existe, por ello lo incorporamos en diversas modalidades formativas y está presente de algún modo en todas nuestras actividades, también en la formación de nuestro equipo docente compuesto por cerca de 100 personas.

En ese sentido, el máster en counselling es un valor seguro para el cultivo de competencias personales, emocionales, relacionales, dirigido tanto a profesionales y voluntarios del ámbito de la ayuda como a líderes y coordinadores de equipos, religiosos, educadores.

Como es propio de nuestra experiencia asistencial, también somos veteranos en la formación de alto nivel en intervención en duelo así como los cuidados paliativos, la gerontología y el acompañamiento pastoral.

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Dejaste la atención sanitaria para dedicarte a la formación, ¿echas de menos el trato con la persona enferma?

Siento que nunca he dejado la atención a la salud, ahora me dedico a la gestión y la docencia en salud, algo que también implica cuidar, aunque sea desde otro lugar.

No echo de menos el trato con la persona enferma, porque siempre he pensado que trataba con personas y no con enfermos.

Naturalmente que recuerdo con cariño ese tiempo pero siento que mi aporte ahora está en cuidar a los futuros profesionales y asegurar que la humanización forma parte de los programas formativos y del ADN de los profesionales de la ayuda.

¿Cómo habéis vivido la crisis provocada por el Coronavirus?

Ha sido una oportunidad enorme para aprendernos, para (paradógicamente) quitarnos las mascarillas que con frecuencia llevamos y sacar a la luz todo el potencial humano en el equipo y en las personas a las que cuidamos. Ha sido un tiempo duro, enfermedad, contagios, bajas laborales, aislamientos, incertidumbre y miedo, si bien está teniendo mucho de solidaridad, apoyo, trabajo en equipo, cuidado mútuo. Ha sido clave la labor de quienes han logrado transformar el miedo paralizante en solidaridad creativa y activa.

¿Qué has aprendido durante esta pandemia?, tanto a nivel profesional como personal

Que es urgente poner en marcha la revisión del modelo asistencial en los centros para personas mayores, y por extensión, el enfoque de cuidados que buscamos en la sociedad. Quienes llevamos años reclamando la incompatibilidad del sistema actual, ahora movemos la cabeza como diciendo «si lo estábamos avisando». Creo que hay que movilizar a las asociaciones, patronales y conjuntamente con los distintos agentes de la sociedad civil, activar un análisis serio de este tema.

Nos imaginamos que serás una convencida de la formación continua, ¿en qué te gustaría formarte?

Pues te vas a sorprender, pero lo que me convence de verdad es desaprender. Creo que nos pasamos años incorporando cosas pero  sin integrarlas y terminan siendo una carga de herramientas que pesan más que ayudan. Creo mucho en la formación desde el desaprender, el quitar, en conectar con lo esencial, algo que va muy en sintonía con el modelo formativo del Centro de Humanización de la Salud.

¿Qué nos dirías de tu Curriculum Vitae?

Más allá de los estudios y roles… subrayo la capacidad para conectar la misión  y valores de un programa y desplegarlos en toda la cadena de valor del mismo, integrarlos, lograr una coherencia interna entre lo que se dice que somos y lo que al final terminamos haciendo y es recibido por los destinatarios de los servicios.

Me gusta mucho escuchar y acompañar al equipo tratando de impulsar sus capacidades, motivar lo mejor de cada uno, esto es un desafío continuo que nos enseña el counselling.

Comprendo a las organizaciones religiosas y me gusta poder aportar profesionalidad a su gestión. Siento cuando ésta aparece en un segundo plano frente a las creencias o valores de fondo, para mi han de ser compatibles.

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