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La Nueva longevidad

El Dr. Diego Bernardini, nos comparte una interesante entrevista sobre las nuevas formas en las que los mayores de hoy están envejeciendo y nos cuenta un poco sobre el concepto de «Nueva Longevidad». Además, nos deja valiosas reflexiones sobre el rol de la sociedad en la promoción de una vejez con calidad de vida.

  1. Cuéntenos un poco sobre su trayectoria profesional

Soy médico de familia y kinesiólogo. Cursé mi grado de máster en Gerontología en España, en la Universidad de Salamanca; luego, comencé el doctorado con un trabajo en población rural llamado “Identificación de personas mayores con alto grado de dependencia”. Llevo varios años en la docencia, con el cargo de profesor titular de medicina en la Universidad Nacional de Mar del Plata, pero también soy profesor invitado en universidades de España, México, Argentina y otros países de la región. Tuve la posibilidad de trabajar para la OPS y el Banco Mundial. De una u otra forma, siempre me vi orientado hacia el trabajo con personas mayores.

En los últimos dos años, en mi rol como investigador, publiqué libros de divulgación general. El primero, “De vuelta. Diálogos con personas que vivieron mucho (y lo cuentan bien)”, es una selección de 22 diálogos con personas notables de la cultura argentina. Este setiembre publiqué mi segundo libro, “La segunda mitad. Los 50+, vivir la nueva longevidad”, que habla de la capacidad que tenemos de construir una segunda mitad de la vida.

  1. ¿Qué nos propone su idea de “Nueva Longevidad”?

El primer principio del que parte la nueva longevidad es que, por primera vez en la historia de la humanidad, vivir mucho tiempo ya no es privilegio de unos pocos y empieza a ser una experiencia colectiva. El segundo principio es una mirada optimista porque ofrece oportunidades que deben ser consideradas con una mirada integral, que incluya al desarrollo social, los estudios económicos, la gobernabilidad, la salud y el bienestar.

La nueva longevidad tiene aspectos cuantitativos fundamentales como la expectativa de vida que cada vez se extiende más y, al mismo tiempo, el aumento de las personas longevas. Desde lo cualitativo, tiene aproximaciones muy interesantes como el hecho de que estas personas también deciden vivir de forma diferente, siendo protagonistas de su vida, ejerciendo sus derechos de elección y autonomía.

Por supuesto, también nos enfrenta con nuevos desafíos como el deterioro cognitivo, la dependencia y la creación de un sistema de cuidados que, para ser exitoso, tiene que pensarse e implementarse bajo una perspectiva con dos caras: la de la solidaridad social e intergeneracional y la que involucra a toda la sociedad en su construcción.

  1. ¿Ve alguna diferencia entre los adultos mayores de generaciones anteriores y los de hoy?

Sí, esa diferencia se debe a que se está arribando a edades avanzadas con salud, pero, sobre todo, con el posicionamiento personal de ejercer el derecho de autonomía y de que la dignidad no sea vulnerada. Hoy, el curso de vida nos dice que la edad pasó a ser un elemento no determinante y los mayores nos demuestran que la edad no es un impedimento. Lo importante es la capacidad de funcionalidad, la posibilidad de generar reservas en las capacidades intrínsecas que tienen que ver con la propia valía y el relacionarse con un entorno. La salud no solo tiene que ver con estilos de vida, también se expresa manteniendo la capacidad de decisión, de disfrute, elección y aprendizaje que se tuvo en el transcurso de la vida.

La nueva longevidad nos ofrece la capacidad de construir la segunda mitad de la vida al reconocer nuestra capacidad de tener estilos de vida que nos den salud para poder disfrutar de bienestar y calidad de vida. La salud es un factor clave de inclusión social; permite a los mayores trabajar, aportar y participar socialmente, así como reclamar por sus derechos.

  1. ¿Qué recomendaría para la construcción de esta segunda mitad de la vida?

La nueva longevidad se construye desde aspectos personales y sociales. En lo personal, hoy sabemos que padecemos por las enfermedades crónicas o no transmisibles, relacionadas con nuestro estilo de vida; evitarlas depende de la forma en que vivimos.

Se han identificado condiciones que hacen bien a la salud y que correlacionan con la longevidad. La primera es un peso corporal adecuado; el que se controla, entre otras cosas, con actividad física. Las investigaciones muestran que quienes hacen actividad física regular tienen una expectativa de vida de entre 5 a 7 años mayor que alguien sedentario. También hay patrones de alimentación; el consumo de una dieta basada en granos, cereales, frutas y vegetales correlaciona con longevidad. Otro aspecto es la fe; más allá de en qué crean, se ha visto que quienes son espirituales viven más. Lo mismo ocurre con las personas con mayor contacto social; estamos en una época donde la soledad indeseada es una crisis global, donde las personas mayores quedan solas dentro de tejidos suburbanos cada vez más anónimos y desiguales.

Por último, está la capacidad de construir un proyecto de vida. Hoy, a diferencia de hace 40 o 50 años, nuestro curso de vida está caracterizado por tener múltiples transiciones y se compone de etapas cada vez más dinámicas y variables. Esto exige un acomodamiento personal que dependerá de cómo planificamos nuestra vida y la búsqueda de proyectos que nos permitan aprender continuamente.

  1. Como sociedad, ¿de qué forma promovemos calidad de vida en los mayores?

Debemos entender que la política pública se orienta al bienestar de toda la sociedad, que no solo está compuesta por niños, jóvenes, mujeres y adultos; también tiene adultos y adultas mayores. La política pública tiene que adecuarse a estos cambios sociales, pero lo que vemos es que se suele acomodar más tarde. El inconveniente es que los políticos tienen otro tipo de métrica, otros tiempos y menosprecian el tema de las personas mayores por lo que no brindan espacios de discusión, convocatoria y trabajo.

Para agilizar el proceso, es importante tener decisores que entiendan a la persona mayor; hay gente que ejerce la política sin conocer sus características, incluso, trabajando en sectores dedicados a ellos. Debemos prepararnos intersectorialmente y convocar a los distintos protagonistas sociales para que conozcan las inquietudes de los mayores y, a partir de un diagnóstico, identifiquen prioridades que irán conquistándose de manera pausada pero permanente.

La política pública orientada a los mayores es una realidad en muchas partes del mundo y para tenerla necesitamos técnicos preparados. Eso exige una visión amplia de solidaridad donde pensemos que las personas mayores del mañana vamos a ser nosotros mismos. Muchas veces decimos que “la sociedad está envejecida”, que “la sociedad envejeció”; la sociedad no envejece, las personas que vivimos en ella envejecemos por el paso del tiempo. La sociedad que envejece es aquella que no se adecua al cambio y nuestras sociedades todavía necesitan adaptarse a la realidad de que cada vez son más las personas mayores entre sus habitantes.

  1. Pensando en los profesionales que trabajan con mayores, ¿qué recomendaciones les daría?

El trabajo con las personas mayores no depende de un profesional o de un grupo reducido de profesionales. Necesitamos arquitectos que planifiquen urbanamente ciudades accesibles e igualitarias, necesitamos abogados que puedan constituir marcos jurídicos acorde a los desafíos éticos y de derechos de este grupo, necesitamos profesionales de la salud que sepan que ellos requieren de rehabilitación y atención clínica que no depende de un solo médico. Esto se logra tomando conciencia respecto a que las personas mayores serán cada vez más relevantes en nuestra sociedad y preparándonos con la investigación y el conocimiento que tenemos en los diferentes campos.

Miriam Lúcar

Mg. Miriam Lúcar

Psicogerontóloga. Corresponsal en Perú y Colombia.  Ubicación: Bogotá

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