Hay encuentros con una química especial pero que en este caso, la explicación es lógica. Coherencia, generosidad y vitalidad. Así es Mónica Ramos. Además de amiga por sorpresa es una destacada activista feminista que se ha ofrecido para formar parte del Consejo Editorial de QMAYOR. Sus investigaciones y publicaciones abordan los envejecimientos de las mujeres, porque el envejecimiento es personal y las mujeres diversas.

Desde Madrid para el mundo, aquí tenéis su entrevista.

¿Te acuerdas del día que descubriste que tú también envejecías? ¿Cómo fue aquella experiencia?

No sé si hay un día. Quizá fue la primera vez que me llamaron señora cuando tendría treinta y tantos o cuarenta años. Como plantea el existencialismo, son los otros los que te nombran y te ven. Es como que los ojos de los demás te ponen un espejo. Tú sigues sintiéndote de una determinada manera –te sigues sintiendo joven- pero los demás te ven externamente ya no como una chica joven y pasas a una nueva categoría. También haber cumplido cincuenta años es una cifra que tiene otro sonido.

El año pasado que cumplí 50 me sonó como “¡vaya a mi también me caen un porrón de años!”. Otra cosa es como tú te sientes.

La primera vez que escuchamos la palabra grausología fue con tu libro. ¿Qué aporta este concepto? ¿Por qué es necesario que lo incorporemos a nuestras conversaciones y exposiciones teóricas?

Yo este concepto lo leí en diferentes autoras. Una de ellas fue Pilar Rodríguez y precisamente una cosa de las que planteaba era que habitualmente no se aplica la perspectiva de género en las ciencias, lo que condiciona que sean androcéntricas. ‘Geros’ significa varón mayor en griego y ‘Graus’ mujer mayor. No es casual que cuando se crea la gerontología como disciplina científica el nombre que se utiliza es (geron)tología y no (grau)sología. De esta manera, el término masculino se convierte en genérico, a pesar de la feminización de la vejez. Por lo tanto Grausología introduciría, como en cualquier otro ámbito, el poder visibilizar que las mujeres estamos ahí y que además las mujeres llegamos a edades más avanzadas y que somos mayoría entre las personas mayores. Se pondría en valor la feminización de la vejez.

La mujer sufre todo tipo de discriminaciones, ¿cómo podemos ayudarles a reivindicar su estatus de persona plena de derechos frente a los estereotipos que la menosprecian por el hecho de cumplir años?

Puff, ¡Qué difícil! Depende de quienes seamos los que planteamos como queremos ayudar. Por ejemplo, si son los medios de comunicación, la publicidad y la sociedad en su conjunto hay mucho que hacer. Visibilizando que las mujeres existen con una gran pluralidad. No sacando permanentemente mujeres mayores que tienen pérdidas de orina, o aquellas que solo cuidan de nietos y nietas, que solo pueden ser abuelas o madres sin un rol social. Es decir, en la publicidad y los medios de comunicación las mujeres no están y si están es en una categoría muy determinada y muy asociada a la fragilidad y la carencia. Por lo tanto hay muy pocas mujeres mayores que visibilicemos con poder, con conocimiento. Los medios de comunicación tendrían que hacer mucho.

Otro ámbito importante, por ejemplo, es el cine. En el cine no hay muchas mujeres mayores que no sean la abuela de alguien o la madre de alguien o la esposa de alguien, en lugar de ser aventureras, investigadoras, filosofas, etc. Y tampoco se muestra la vida de esas mujeres en el cine. No parecen interesantes.

En mi caso concreto ¿cómo puedo ayudar yo? Pues en la medida que puedo, trabajo en el empoderamiento de las mujeres mayores, con ellas y con colectivos planteándoles la importancia que tiene que ellas participen en la sociedad. Que visibilicen su capacidad de hacer cosas, no sólo como madres, como esposas, como abuelas; sino como mujeres, ciudadanas de pleno derecho. Promuevo mucho que se apunten en asociaciones, voluntariado y que transmitan a las administraciones que necesitan apoyos para hacer cosas y estar presentes en sus comunidades.

¿Qué cosas hay de bueno en el proceso de envejecer?

Hay mucho de bueno. El proceso está lleno de dificultades pero también de oportunidades. Si desde la infancia habláramos del envejecimiento como un proceso que dura toda la vida pues a lo mejor esos niños y niñas ya se plantearían cómo quieren vivir su vida y cómo quieren ser cuando lleguen a mayores.

Creo que morirse con 35 años no es lo mejor que nos puede pasar. Pero morir muy viejos con una vida plena. Eso es lo difícil.

¿Podrías ofrecer talleres para estos futuribles viejos y viejas?

Claro. Desde la idea de que la vida es un proceso que comienza desde el momento mismo en que nacemos y que cada etapa tiene cosas buenas y malas. El que la vejez sea una etapa más, eso sería muy interesante trabajarlo con todas las edades, pero como vivimos en una sociedad muy edadista y cortoplacista que lo que intenta siempre es transmitir que lo mejor que tenemos es la juventud pues entonces nunca podemos poner en valor ninguna otra etapa, especialmente la vejez, pero claro que se puede trabajar perfectamente con niños y niñas estas temáticas. Entender que la vida es larga y que es un proceso que tú puedes diseñar desde lo particular pero también tienes que contribuir a construir una sociedad que dé valor a la vida entera. Entre todos podemos construir una manera de entender cada etapa como una etapa llena de oportunidades.

¿Envejecemos de forma diferente los hombres y las mujeres?

Por supuesto, porque el género sigue siendo una variable transversal que es estructural en las sociedades patriarcales y que determina a través de los patrones y de los roles de género como vivimos la vida los hombres y las mujeres. Entonces condiciona totalmente nuestra vida.

¿Siempre para mal?

Los patrones de género en líneas generales siempre para mal porque están asociados a estereotipos que condicionan lo que entendemos por masculino frente a lo femenino, ambas construidas como identidades opuestas. Si lo femenino es definido socialmente como dependencia, docilidad, cuidados, empatía, sensibilidad, ámbito familiar, etc., lo masculino se muestra como lo opuesto, es decir, independencia, autoridad, proveedor económico, ámbito público, etc. Por lo tanto siempre va a perjudicar a ambos, porque los hombres no podrán ser sensibles, cuidar, no podrán dejar de ser el valor económico por excelencia. Pero en una sociedad patriarcal como la nuestra las discriminaciones que sufrimos las mujeres debido a la construcción de nuestro género femenino son más graves porque inciden en la discriminación en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad.

¿Cómo llevas el paso del tiempo en lo concerniente al físico? ¿Y en lo referido al alma?

De momento muy bien porque no noto un gran cambio físico en el cuerpo. Soy una persona muy activa y he hecho deporte desde que era niña y sigo haciéndolo. Lo que a lo mejor si noto, en relación a cuando tenía treinta años menos pues es que no sólo cambia la cuestión física sino también la expectativa que tienes en tu cabeza. A lo mejor ahora, pues no se me ocurriría trabajar 12 horas diarias y no dormir, porque creo que es imprescindible y necesario. Entonces, ahí sí, lo noto pero por lo demás creo que tengo la misma capacidad y me veo y me acepto físicamente cuando me miro al espejo como estoy, que no estoy como cuando tenía veinte años, ni treinta o cuarenta pero me gusto.

Y por dentro, cada vez me siento mejor interiormente. No volvería jamás a un tiempo anterior. Creo que la inteligencia, la capacidad de reflexión, de crítica, la creatividad, la gente que puedes ir conociendo a lo largo de la vida que te ayuda a ser mejor persona todo eso, solo puede aumentar. Yo ahora me siento mucho más segura de mi misma, con capacidades y competencias que no tenía con veinte, treinta o cuarenta años.

¿Qué importancia tiene para ti el amor y la amistad en este momento vital?

Yo tenía claro que para mí era importante el amor y tener un hombre a mi lado maravilloso. Que si no lo tenía, no pasaba nada, podría ser una persona sola muy feliz. Había tenido modelos de mujeres en mi vida que habían sido muy independientes, muy inteligentes y que no habían tenido un hombre a su lado y había sido un modelo de vida maravilloso.

Conocí a un hombre increíble con el que comparto mi vida desde hace ya mucho tiempo y es una de las cosas mejores que tengo: el amor y las amistades que son las que me dan el sentido, con los pies en la tierra y con apoyos. Incluso aunque por falta de tiempo no las veas, siempre están ahí. El saber simplemente que están, para mi es tan importante como mi familia. Además, lo bonito de la vida, es que siempre aparece gente nueva. Puedes seguir haciendo amistades toda la vida.

¿Cómo sería tu ideal para envejecer de manera satisfactoria?

Pues te podría decir que mi ideal es seguir la trayectoria que me he trazado casi desde mi juventud. Tener vínculos que me son emocionalmente importantes. Cuidar mis hábitos de vida: hacer deporte, comer sano, disfrutar de mis aficiones, participar activamente en la sociedad… Y seguir desarrollando una profesión que me llena por completo. Elegí siendo una cría estudiar antropología, a pesar de que en nuestra sociedad no tiene ningún reconocimiento. Sin embargo, me parecía que era la ciencia que me iba a dar la posibilidad de entender el mundo que me rodeaba y cuando elegí después especializarme en estudios de género y gerontología todavía me sentí más capaz de mirar con unas nuevas gafas el mundo. Esto me ha permitido dedicarme a la docencia y a la investigación en estas áreas, por lo que te puedes imaginar que soy una privilegiada al poder trabajar en lo que me apasiona. Y es lo que quiero seguir haciendo en la medida que pueda hasta el final de mi vida. No es algo que quiera dejar de hacer.

¿Qué mujeres te han inspirado o te han ayudado a enfrentarte a la vida y a la vejez con inteligencia?

Sobre todo mi madre y también su hermana mayor, mi tía Carmen. Ambas asumieron maravillosamente bien cumplir años y se convirtieron en mujeres sabias y empoderadas. Para mí han sido un ejemplo a seguir. Estaban orgullosas de su edad y eso me ha influido mucho en mi propio envejecer.

También muchas mujeres mayores que he conocido en mi vida profesional en el ámbito de la docencia y la intervención social. Mujeres que me han ofrecido una mirada más amable de la vejez de las mujeres de la que habitualmente se muestra en la sociedad.

Y como no me han influido e influyen grandísimas profesionales como Virginia Maquieira, Teresa del Valle, Anna Freixas y tantas otras. Mujeres a las que tengo el honor de conocer desde hace mucho tiempo, que ya son mujeres mayores, que siguen teniendo una trayectoria muy empoderada y muy reconocida en su profesión. Todas ellas para mi son un espejo en el que me gusta mirarme.

¿Cuáles son las principales cuestiones de tu tesis doctoral, obra que dio origen al libro que hoy recomendamos?

Me di cuenta de que había muy poca bibliografía que abordase el envejecimiento desde una perspectiva de género y la vida de las mujeres mayores y la poca que había se centraba en una visión muy negativa, muy vulnerable. Por eso, consideré que era imprescindible hacer una investigación sobre el envejecer de las mujeres que ofreciera una imagen heterogénea y amplia. Por un lado, mostrando por supuesto las carencias y necesidades de las mujeres mayores, pero al mismo tiempo poniendo en valor su contribución al desarrollo social y sus potencialidades para afrontar sus carencias y vulnerabilidades.

¿Por qué la generación de nuestras madres reniegan de la etiqueta feminista cuando ellas en su comportamiento diario lo son y además muy reivindicativas?

Bueno, en realidad creo que si alguien es reivindicativa, difícilmente no se va a sentir y nombrar feminista. Pero que muchas mujeres que creen en la igualdad entre mujeres y hombres renieguen del feminismo se debe a que siempre ha estado denostado desde el mismo momento en el que nació en el siglo XIX con el movimiento de las sufragistas que se las insultaba y posteriormente el feminismo ha sido una corriente mal entendida a propósito porque es la única que cuestiona el sistema patriarcal. Este sistema no quiere ser cuestionado bajo ningún concepto porque implica modificar un paradigma que lleva instalado miles de años.

El machismo defiende que el hombre es superior a la mujer. El feminismo no es lo contrario. El feminismo plantea que hombres y mujeres valemos lo mismo como personas, tenemos los mismos derechos y por ello deberíamos tener las mismas oportunidades. Lo opuesto del machismo no es el feminismo, sino el hembrismo, que sería considerar que las mujeres somos superiores a los hombres y que tenemos más derechos que ellos.

Gracias al feminismo se han conquistado derechos fundamentales para las mujeres como el derecho al voto, los derechos reproductivos y sexuales, la educación de las niñas, etc. En mi opinión, no atreverse a decir en 2018 que se es feminista, tanto un hombre como una mujer, es como decir que no consideras que los hombres y las mujeres tenemos los mismos derechos.

ISBN: 9788472908147
Editorial: Edicions Bellaterra
Edición: 2017
Lugar de la edición: Barcelona. España
Encuadernación: Rústica
Medidas: 24 cm
Nº Pág.: 352
Idioma: Español
Precio: 20,00 €

Este libro invita a reflexionar, desde un enfoque de génreo y de curso vital, sobre el envejecer de la mujeres mayores a través de un estudio etnográfico innovador en los campos de la grontología crítica feminista y de la geroantropología.

La redefinición del concepto de edad como un concepto construido socioculturalmente, a partir de cuatro dimensiones: la cronológica, la biológica, la social y la psicológica, todas ellas atravesadas por los patrones de género que establecen un doble rasero para hombres y mujeres; junto a tres ejes de análisis: las vulnerabilidades de las mujeres mayores, su contribución al desarrollo socioeconómico y su empoderamiento a través de la participación social, son la columna vertebral del estudio etnográfico que se presenta en este libro, en el que la autora, a través de este complejo abordaje y de la narracion de las propias mujeres mayores, ofrece una imagen más heterogénea del envejecer de las mujeres.