¿En qué medida el edadismo legitima el maltrato hacia las personas mayores?

En primer lugar, es importante definir qué es el edadismo. Butler en el año 1969 lo define como la discriminación que se ejerce hacia las personas en función de su edad. Se ha considerado como la tercera gran forma de discriminación junto al racismo y el sexismo, pero a diferencia de las dos anteriores, el nivel de concienciación y sensibilización de la sociedad al respecto es mucho menor. El factor responsable de este fenómeno son los estereotipos negativos asociados al envejecimiento que llevan a creer que las personas mayores están enfermas, son dependientes, son como niños, están sordas, está aisladas, etc. El edadismo justifica las creencias y actitudes negativas hacia este colectivo, especialmente en el caso de personas mayores con deterioro cognitivo y funcional. Su presencia tiene consecuencias negativas e importantes en este grupo de población, por ejemplo, los malos tratos hacia las personas mayores. De ahí la importancia de su detección.

¿Desde cuándo existen los estudios que alertan del abuso y el maltrato hacia este colectivo?

En el año 1975 se publica en Reino Unido el primer artículo sobre el tema por Baker. En él se habla de “granny battering” (“abuelas vapuleadas”), aunque reduciendo su presencia al área física y a mujeres. Desde ese momento, pero sobre todo en los últimos años, la investigación sobre este tema se ha incrementado exponencialmente, especialmente a nivel internacional y centrada en el ámbito comunitario. En España los primeros estudios comienzan en el año 2001. Todavía queda mucho por hacer.

¿Qué interés hay en invisibilizarlo? ¿Puede ser que el que se produzcan estos actos en el ámbito familiar (no tanto en las instituciones) sea tan vergonzante como para que debamos ocultarlo? Porque ¿en qué ámbito son más habituales estos casos de maltrato?

No es que haya interés concreto en invisibilizar los malos tratos a personas mayores, lo que realmente ocurre es que las personas mayores como grupo son bastante invisibles para la sociedad. Es curioso que, a pesar de que es el grupo de población que más está creciendo en los últimos años y, que las proyecciones demográficas para los próximos años, confirman que va a seguir siendo así, solo sean visibles en determinados momentos. Últimamente los medios de comunicación se hacen eco del coste económico, sanitario, social, etc., que supone una población envejecida, pero poco se habla del papel fundamental de las personas mayores en la crisis. Han sido y siguen siendo el sostén económico e instrumental de muchas familias. Esa invisibilidad es mucho mayor en instituciones.

Cuando se escucha la palabra malos tratos, es muy probable que se piense en situaciones muy explícitas y graves como las que nos muestran los medios de comunicación. Es cierto que existen, pero también es cierto, que, en el caso de los malos tratos a las personas mayores, las situaciones más frecuentes son sutiles, tanto que en muchas ocasiones ni la propia persona mayor ni el responsable de la situación son conscientes de que eso es constitutivo de malos tratos. Por ejemplo, la infantilización o el trato de silencio. No sólo son más frecuentes, sino que además para las personas mayores suelen ser consideradas como las situaciones que consideran más graves. Valga como ejemplo, el testimonio de uno de los participantes en el estudio Voces Ausentes que indicaba que “el respeto es más importante que la comida y bebida”. Y, además, a esto se suma, que en muchas ocasiones los malos tratos a este colectivo son no intencionales. Con ello, por supuesto no se pretende justificar al responsable, pero es importante tenerlo en cuenta de cara a la intervención.

Es difícil establecer la prevalencia de malos tratos a personas mayores. La mayoría de los estudios se han centrado en el ámbito comunitario, pero las cifras obtenidas deben ser consideradas con prudencia. Cada estudio se ha realizado de una manera diferente, con lo que comparar resultados resulta muy complicado. Se ha considerado que los malos tratos a personas mayores en el ámbito comunitario son más frecuentes que en el ámbito institucional, pero realmente no se puede confirmar este hecho, debido a que el número de estudios sobre malos tratos en instituciones es ínfimo y no permite establecer conclusiones al respecto.

¿Cuáles son tus recomendaciones para atajar cualquier tipo de violencia (maltrato) hacia el colectivo adulto mayor? ¿Es la formación en el buen trato una de las vías en la que los psicólogos y educadores sociales estáis trabajando?

En la actualidad se están desarrollando y poniendo en marcha muchas iniciativas con las que se pretende promocionar los buenos tratos y mejorar la calidad de vida de las personas mayores no sólo en el ámbito comunitario, sino también en el ámbito institucional y en la sociedad en general.

La primera recomendación para eliminar este tipo de situaciones sería conseguir que las personas mayores sean visibles, de una manera realista y heterogénea. Es sorprendente que, a pesar de que, en la actualidad, la etapa de la vejez es la más larga de nuestra vida, nos empeñemos en tratar a todos por igual, de forma homogénea. Cada uno de nosotros somos únicos y esa singularidad es cada vez mayor a medida que nos hacemos mayores. Esto llevaría a la siguiente recomendación que forma parte del Modelo de Atención Centrada en la Persona, del que tanto se habla hoy en día. Implica el trato personalizado, individual e integral. ¿Qué quiere decir esto? Que hay que abandonar los automatismos y hay que empezar a centrarse en los intereses, prioridades y preferencias, así como en las necesidades concretas.

Es necesario seguir trabajando en la sensibilización y concienciación sobre el fenómeno de los malos tratos a personas mayores, así como sobre la eliminación de los estereotipos negativos, ya que son el “caldo de cultivo” de las situaciones de malos tratos.

Otra recomendación a destacar consistiría en respetar sus derechos. Derechos promulgados por Naciones Unidas en 1991: independencia, dignidad, intimidad, respeto, etc. Hay permitir y motivar para que la persona mayor tome sus propias decisiones en la medida que su capacidad cognitiva lo permita. Las personas mayores deben ser agentes activos de su vida. Son los protagonistas de su vida y tienen que coger las riendas. Son los que mejor se conocen y saben qué es lo que más les conviene en cada caso, por eso, deben ser ellos los que escriban “su propio guión” y no seguir lo que marcan los guiones de otros.

Además, por supuesto, evitar la infantilización. Bajo ningún concepto una persona mayor debe ser considerada “como un niño”, ni debe ser tratado como tal. Son adultos, independientemente de su capacidad cognitiva.

Uno de los pilares fundamentales para la erradicación de los malos tratos a personas mayores es la formación. Formación no sólo para profesionales en contacto con personas mayores, sino también para las propias personas mayores, sus familiares y la sociedad en general. Todos nos podemos encontrar con estas situaciones y sin esa formación, sensibilización y concienciación, los casos no son detectados. La detección temprana es fundamental para evitar que los casos se cronifiquen o aumenten en frecuencia e intensidad. No obstante, existen múltiples formas para concienciar sobre este fenómeno. Por ejemplo, hemos realizado un estudio piloto sobre la experiencia vivencial de la infantilización. El objetivo era conseguir que los participantes se pusieran “en la piel” de una persona mayor que está siendo infantilizada. Los resultados nos han indicado que la mayoría de los participantes se sintieron degradados, humillados, molestos y experimentaron afecto negativo. Además, indicaban que esta experiencia les había permitido entender qué era la infantilización y se sentían motivados para cambiar el trato hacia las personas mayores.

¿Es severa la legislación española a la hora de condenar estos hechos de maltrato que ahora públicamente estamos denunciando?

La legislación atiende a los casos más explícitos y graves de los malos tratos hacia las personas mayores, pero no se centra en los casos más sutiles. No obstante, en el caso de situaciones no intencionales, la vía judicial sería una de las últimas en utilizar. Se pueden desarrollar otro tipo de intervenciones psicosociales que ayuden no sólo a la persona mayor, sino también al responsable de la situación.

No en pocas ocasiones hemos escuchado expresiones similares a la siguiente “Hija, tú te vas pero yo vivo aquí”. En estos casos no es que sea una violencia invisible sino que las personas mayores tienen miedo a las represalias ante posibles denuncias por parte de la familia a la dirección de las instituciones donde viven. ¿Cómo abordar estas situaciones tan complejas? ¿Qué herramientas nos ofrece la psicología?

Existen diversas herramientas que pueden ayudar a la detección de estas situaciones. En primer lugar, conocer los factores de riesgo. Variables cuya presencia aumenta la probabilidad de ocurrencia de los malos tratos. Estos factores de riesgo pueden estar presentes tanto en la persona mayor, como en el responsable de la situación, así como en el contexto.

En segundo lugar, conociendo los indicadores de los diferentes tipos de malos tratos. Esto no significa que su presencia lleve a confirmar directamente un caso. Son señales de “alarma”, “alerta” de que algo puede estar pasando. Será el resultado de una evaluación en profundidad a todos los agentes implicados lo que nos ayuden a confirmar el caso.

En tercer lugar, siendo consciente de las barreras que pueden obstaculizar la detección, como ese miedo a las represalias, o la negación, la minimización, el desconocimiento.

En cuarto lugar, observar nos ayudará en esta tarea, así como preguntar y escuchar. ¿Qué les parece el trato que están recibiendo? ¿Cómo quieren ser tratados?

Y por supuesto, siendo empáticos. Hay que ponerse en el lugar del otro y pensar si nos gustaría ser tratados de esa manera.

¿Qué opinión te merece la mediación para la resolución de conflictos en general y sobre todo en los casos donde las personas mayores son por desgracia, protagonistas?

En la actualidad, la mediación se ha convertido en una estrategia fundamental para resolver conflictos en múltiples situaciones. En el caso de los malos tratos a personas mayores también podría ser una buena estrategia, siempre y cuando la persona mayor siga siendo la protagonista de ese proceso, ya que es a ella a la que la influye directamente.

¿En qué andáis trabajando desde el Dpto. de Psicología de la Universidad? Cuéntanos algo sobre el proyecto de sensibilización y fomento de las buenas prácticas hacia personas mayores residentes en alguna institución. 

En la actualidad, estamos inmersos en diferentes proyectos. Por un lado, el Ministerio de Industria, Economía y Competitividad nos ha concedido un proyecto de 4 años de duración cuyo objetivo general es la promoción de las buenas prácticas en personas mayores que viven en instituciones. El proyecto tiene dos objetivos concretos. En primer lugar, conocer como son las prácticas por parte de los profesionales que trabajan en centros gerontológicos hacia las personas mayores y, en segundo lugar, el desarrollo de intervenciones para fomentar las buenas prácticas.

Los miembros del equipo de investigación Gerontología CEU también pertenecemos a un grupo de trabajo del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid para el Fomento del buen trato hacia las personas mayores. Yo soy una de las coordinadoras de este grupo, pero forman parte de él un amplio número de psicólogos. El año pasado desarrollamos 3 cuentos “Cuenta conmigo, cuenta con ellos”. Esta iniciativa se considera pionera e innovadora en primer lugar por el formato elegido, los cuentos, como herramienta de sensibilización y concienciación, visibilización de situaciones más sutiles y aprendizaje de Buenas Prácticas.

En segundo lugar, ofrece alternativas ante el mal trato, es decir, no solo se destacan los aspectos que no son adecuados, sino que se ofrece una alternativa de actuación ante los mismos. Si queremos conseguir que alguien cambie su forma de actuar es más eficaz enseñarle cómo lo tiene que hacer que tan solo decirle que eso está mal y no debe seguir haciéndolo.

En tercer lugar, por abordar el mal trato en todos los posibles contextos en el que este puede tener lugar: sociedad, familia e instituciones. Las investigaciones realizadas sobre mal trato a personas mayores en España se han centrado sobre todo en el ámbito doméstico, dedicando menos trabajo al ámbito social y sobre todo al institucional.

Estos cuentos han tenido una gran acogida por lo que este año estamos trabajando en el desarrollo de 3 guías didácticas complementarias a los cuentos. Esperamos poder presentarlas el día 15 de junio, coincidiendo con el Día Internacional contra los Malos Tratos a Personas Mayores.

GEMA PEREZ ROJO

Coordinadora de Titulación de Psicología. Universidad San Pablo – CEU 

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