El tema —la muerte— es tratado con una delicadeza fuera de lo común. He leído La madre eterna con arrobo y emoción. —Mario Sabino

Su libro anterior se titulaba Carta ao filho [Carta al hijo], y el último La madre eterna. Nadie te prepara para ser la madre de tu madre. ¿Qué relación existe entre ambos?

Escribí ambos libros para superar un drama personal. La diferencia esencial es de carácter formal: la Carta ao filho es un texto autobiográfico, mientras que La madre eterna es una novela que se me impuso debido a la extrema vejez de mi madre. Gracias a su escritura, logré aceptar el pasaje de la condición de hija a la de madre de mi madre, un trance sumamente difícil. Súbitamente, empezamos a tener que cuidar a quien siempre nos cuidó y a elaborar un duelo antes incluso de que esa persona muera. No hay manera de escapar de ello. Pero ¿cómo soportarlo y de qué forma obrar?

Al escribir La madre eterna me di de bruces con un drama al cual padres e hijos están sujetos cada vez más: el de la vejez extrema. Precisamente por eso, la longevidad es uno de los temas del Museo del Mañana de Río de Janeiro, un museo que debería servir de ejemplo para varios otros. En uno de los paneles puede leerse: «Seremos aún más numerosos, y algunos vivirán por mucho tiempo. Seremos más longevos, y en muchos lugares se vivirá tres veces más que durante la época del Imperio romano. Los ancianos serán tan numerosos como los niños…». Es obvio que la longevidad acarreará consecuencias importantes para el planeta.

EL MARAVILLOSO MUNDO MÁGICO

En la novela usted sostiene que, a causa de la longevidad extrema, sería necesario inventar otro mundo para los ancianos.

Sí, un mundo inofensivo y mágico. En ese mundo, el fuego no quemaría y el gas se apagaría automáticamente. Así, un viejito no correría el riesgo de quemarse o incluso de morir debido a un olvido. En ese mundo, bastaría con tener una idea para que ésta se materializase. Si por casualidad un anciano imagina que está yendo de la salita de estar a la cocina, el suelo se desplazaría como una cinta mecánica y lo llevaría hasta la cocina, por ejemplo. Con ese desplazamiento, tendría la sensación de andar como siempre anduvo. Uno de los grandes temas actuales es nuestra creciente longevidad. ¿Cómo afrontarla sin excluir o maltratar a los ancianos? La heroína de La madre eterna busca soluciones… y a veces las encuentra.

LA PROLONGACIÓN DE LA VIDA

Si bien la obra rezuma un humor contenido, con situaciones en ocasiones hilarantes, sus lectoras y lectores también se las tienen que ver con cuestiones serias. 

En efecto. Al reflexionar sobre la condición de la madre, la hija narradora se pregunta hasta cuándo debe prolongarse la vida. Así, en diversos pasajes de su diario cuestiona la conducta del médico, quien procura vencer a la muerte a cualquier precio. En mi opinión, la función del médico es la de tratar las dolencias, y no la de prolongar la vida indefinidamente, sin tener en cuenta el costo objetivo y subjetivo de ello. A partir del momento en que una persona pierde su independencia, en caso de que quiera irse, hay que ayudarla a bien morir. La vejez extrema puede ser tan sufrida como una enfermedad terminal. Si lo que queremos es humanizar el final, debemos respetar ese derecho a morir. En general no tomamos conciencia del mismo, pues nos educan para aceptar el sufrimiento. No nos ayudamos los unos a los otros a morir porque somos despiadados. La hija de La madre eterna no acepta esa educación ética con respecto a la muerte.

LA OBSESIÓN TERAPÉUTICA

¿Es usted favorable a la eutanasia?

Estoy en contra de lo que denomino la «obsesión terapéutica». Cuando alguien quiere morir, compete al médico suspender el tratamiento médico y poner a disposición del enfermo sus recursos a efectos de facilitarle la muerte. Abordé este tema en otra novela mía: Consolação. En ella, el protagonista padece un cáncer y no desea que prolonguen su vida. No obstante, su médico hace oídos sordos, exacerbando con ello el sufrimiento del paciente y de sus familiares. Nadie desea morir, pero la eutanasia puede ser una opción digna y respetable cuando la vida se vuelve insoportable. En ese caso, desoír al enfermo es una crueldad.

Pero es tan difícil separarse de un ser querido…

Por supuesto que lo es. Por eso la hija de La madre eterna escribe: «Cuando dices que quieres morir, yo me digo que sería mejor para que no sufras. Sin embargo, procuro silenciar tu deseo». La heroína es siempre muy ambivalente, pues en esa situación no se puede no serlo.

EL DRAMA DE CONVERTIRSE EN LA MADRE DE LA MADRE

¿Podría referirse al drama de convertirse en la madre de su madre?

R. Ser la madre de la madre de uno significa perder a la madre, no tener más a la persona que cuida e imaginariamente nos escuda contra la muerte. Es un duelo dificilísimo, pues nos confrontamos con la decadencia de esa persona. En la novela, la narradora se refiere a su madre como a un pajarillo al que se le quebró una ala.

LA PARTICULARIDAD DE LOS QUE SON MUY ANCIANOS

¿Cuáles son las dificultades que existen en el cuidado de un anciano?

Además de las dificultades objetivas —tales como la reorganización del espacio físico y el recurso del cuidador especializado, si ello es posible—, existen dificultades subjetivas con las cuales la mayoría de los cuidadores no están preparados. Los viejos sufren debido a la pérdida de independencia: por eso tienden a ser negativos. Antes que nada, lo primero que dicen es no. Esta conducta se vuelve menos exasperante cuando uno entiende que ese no sirve para afirmar su independencia. El problema radica en que, al negar su dependencia, ese anciano corre el riesgo de hacerse daño o poner en peligro su vida, por ejemplo al salir solo a la calle. En mi novela, son muchas las escenas en las cuales la hija se desespera al no lograr controlar a su madre. Al final, llega a la conclusión de que la edad le dio a ésta un permiso para hacer lo que le venga en gana. Los mayores pueden ser comparados con los poetas, que tienen licencia de versificación, sintaxis y ortografía libres. Con una salvedad, las licencias de los viejos son otras, no catalogables, pues ellos cambian el juego continuamente. Quien se ocupa o convive con una persona anciana debe saberlo y bailar según su música.

LA IMPORTANCIA DE LA ESCUCHA

En la novela, el hermano de la narradora dice que ésta no respeta la libertad de la madre.

No se puede dejar que los mayores se expongan inútilmente al sufrimiento, a caerse o a que sean atropellados. Es básico evitar las fracturas, pues la rehabilitación de un anciano es difícil: después de una caída, viene la silla de ruedas. Quienes los cuidan deben protegerlos. Esto implica disponer de una táctica y requiere de un aprendizaje. De nada sirve contrariar a un anciano, pues éste terminará siempre enfureciéndose y emperrándose en salirse con la suya. El cuidador debe ser particularmente ducho. Debe saber escuchar, porque cada uno es cada uno y no hay dos formas iguales de obrar.

EL APRENDIZAJE DE LA PACIENCIA

Esto significa que es posible aprender con los viejos.

Por supuesto. Uno aprende a tener paciencia, a no exasperarse. La narradora de La madre eterna dice incluso que tiene miedo a comportarse «como una malvada en lugar de ser el corderito del buen pastor que la madre necesita». Teme perder el control. Creo que en ninguna otra situación he aprendido tanto como en este pasaje de ser hija a ser madre de mi madre, y esto quizá les sirva de consuelo a los que se encuentran en una situación análoga. No obstante, quisiera remarcar que mi novela no se refiere solamente a la muerte y el consiguiente duelo: en ella se habla continuamente del amor. Porque la hija ama a su madre y la madre está enamorada del propio sentimiento de amar, evocando constantemente la correspondencia con su marido.

LA MADRE ETERNA: UNA NOVELA DE AMOR

Usted también es una enamorada del amor. Al respecto es autora de diversas obras sobre esta temática O que é amor, Paixão de Lia y O amante brasileiro…

El amor nos sube al cielo, pero también puede abocarnos al infierno. Me interesé por esta cuestión a lo largo de toda mi vida. La madre eterna se trenza alrededor de la muerte, pero también en torno al amor a la vida. En nuestras sociedades, por más violentas que éstas sean, la muerte es un tema tabú, un tema censurado, un tema proscrito, lo cual no nos protege de ella. A mi entender, la auténtica protección radica en la conciencia de nuestra finitud y de que la vida está siempre completa, con independencia de su duración.

LA MADRE ETERNA, Nadie te prepara para ser la madre de tu madre

Editorial: MARESIA

Colección: MARESIA EUREKA,

Género: Ficción contemporánea

Traducción: Mercedes Vaquero Granados

Diseño de colección y cubierta: Eduard Serra

Formato: 14×21,3 cm 144 páginas Rústica con solapas impresa a doble cara

ISBN: 978-84-946054-6-8

P.V.P.: 16,50€

Fecha de publicación: 2017

«Quien ama no se separa. Mi luto comenzó un día en que anhelé que nacieses de mí como yo había nacido de ti… cuando deseé, insensata, darte la vida. […] Aquel día te perdí, por haber deseado ser la madre de mi madre. […] Aún no sabía que, sin hacer ningún esfuerzo, renacerías en mi corazón y seguiríamos juntas […] porque nadie muere si vive en el corazón de alguien.»

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