Daniel Emeric nos acompaña en el Consejo Editorial como experto en la Terapia Ocupacional, ofreciéndonos todos sus conocimientos para visibilizar la profesión y sus aportes al sector de la dependencia y la discapacidad.

Desde casa, nos atiende unos minutos para hablar sobre la actualidad. 

En lo personal, Daniel ¿cómo te encuentras? ¿dónde estás?

Afortunadamente estoy bien de salud, en Madrid y en casa. Confinado desde unos días antes del decreto del estado de alarma por mantener contacto con una persona que había desarrollado síntomas compatibles con el Covid19. También, afortunadamente, la gente más vulnerable de mi entorno ha conseguido mantenerse protegida del contagio

¿A qué te dedicas para vivir esta situación con cierta normalidad?

La excepcionalidad de esta situación hace que casi nada resulte ser normal. Trabajando con responsabilidades en la gestión de una empresa de inserción, como es mi caso, toda esta situación está viniendo a poner al límite nuestras capacidades para adaptarnos, planificar, y atender las necesidades de trabajadoras y clientes. Se podría decir que vivimos a ritmo de BOE, tomamos decisiones que tienen una vigencia de uno o dos días, como mucho, y cuando se publica el siguiente hay que volver a evaluar su impacto sobre nuestro proyecto y adaptarnos a toda prisa, intentando preservar los empleos y recalculando nuestra sostenibilidad a corto, medio y largo plazo.

El resto del día, que para cualquier persona sería su tiempo libre, yo lo dedico a atender todos los frentes que tenemos abiertos en el Colegio Profesional: colaborar en la organización de actividades en línea, en la elaboración de materiales, escribir cartas, hacer llamadas, responder dudas de colegiadas, estar en comunicación con el resto de los miembros de la Junta de Gobierno y, sobre todo, intentar tender puentes de colaboración con la Administración para apoyar a la ciudadanía y velar porque también la voz de los profesionales sea tenida en consideración.

Tengo la fortuna de que un elevado porcentaje de todas estas actividades puedo desarrollarlas telemáticamente y, por tanto, me he podido adaptar con facilidad a una rutina de teletrabajo, pero mis jornadas laborales están siendo maratonianas y, sobre todo, con un gran peso emocional, por la complejidad de las decisiones que una situación así te obliga a tomar.

Como buen terapeuta ocupacional, intento balancearme incorporando pequeñas rutinas de deporte, descanso, lectura, música, contacto con familiares y amigos, pero no dejan de ser momentos puntuales y, en muchas ocasiones, las preocupaciones o las decisiones pendientes siguen acompañándote.  

Estáis reclamando a las autoridades políticas la contratación de terapeutas ocupacionales. ¿Qué puede aportar vuestra profesión a esta situación de extrema emergencia?

Mucho. En primer lugar, por el mero hecho de ser sanitarios, de estar familiarizados con el sistema de atención, conocer los recursos, el “idioma” de la salud, o las necesidades que pueden tener las personas. Honestamente no acabo de entender muy bien como la Administración no moviliza a un conjunto de profesiones sanitarias recogidas en la LOPS y sin embargo, abre vías de voluntariado o incluso de contratación (como es el caso que motiva nuestra reclamación) donde se incluyen perfiles profesionales que ni siquiera son sanitarios. Me consta que diferentes colectivos de profesionales sanitarios nos hemos puesto a disposición para lo que se nos pueda requerir, en un gesto de responsabilidad hacia la situación que estamos viviendo y como parte de nuestra utilidad píblica.

En segundo lugar, las terapeutas ocupacionales tenemos una experiencia específica sobre un área de conocimiento concreta, que son las actividades de la vida cotidiana. Cómo interfieren los procesos de enfermedad en nuestra autonomía para desempeñarlas y cómo, a su vez, la realización de ocupaciones, puede contribuir a la recuperación o a alcanzar cotas más altas de salud y calidad de vida. 

En esta crisis existen, al menos, dos elementos claramente identificables que están generando situaciones de dependencia en las actividades de la vida diaria de la población. Uno es evidente, la propia Pandemia que, en mayor o menor grado, está mermando las capacidades de las personas enfermas para atender sus propias ocupaciones. El otro, es mucho más generalizado y afecta a toda la ciudadanía, y es el confinamiento. Derivado de la imposibilidad de salir de nuestros hogares, todos estamos experimentando cambios trascendentales en el desempeño de nuestras ocupaciones cotidianas. Un conjunto de afortunados/as con condiciones sociales, económicas y culturales determinadas vivirán ese proceso de adaptación con cierta normalidad; pero la gran mayoría de la población que no cuenta con determinadas comodidades en sus viviendas (si tiene vivienda), que no tenga acceso a Internet, que tenga dificultades para distinguir las noticias contrastadas de los bulos, que necesite apoyos o no pueda recibir visitas de familiares, o cuyos ingresos económicos se hayan visto absolutamente mermados, va a experimentar condiciones de gran sufrimiento.

En este sentido, hay que preguntarse si la gestión del confinamiento está considerando todos los ejes que lo atraviesan (de edad, de género, culturales, económicos, etc.) y, sobre todo, si no nos estamos dejando a gente, especialmente a las personas mas vulnerables (mayores con o sin dependencia, personas con diversidad funcional, privados de libertad o personas sin hogar) por el camino. 

Como he dicho, las terapeutas ocupacionales manejamos un conocimiento específico sobre cómo afecta a la salud, entendida en su sentido más amplio, la restricción en el acceso a ocupaciones que son necesarias o significativas para las personas; y en ese sentido, tenemos la obligación de alertar a las Administraciones sobre el riesgo que supone no facilitar alternativas ocupacionales que a día de hoy son viables y compatibles con las medidas preventivas del contagio. Restringir, por ejemplo, de una manera drástica y acrítica, los tratamientos de terapia ocupacional en las residencias puede acabar generando, a la larga, procesos de pérdida de autonomía en las personas mayores que quizá no podamos llegar a revertir. Parece más pertinente, por tanto, que en lugar de establecer políticas de “tabla rasa” donde se establecen restricciones en el acceso a las ocupaciones de todas las personas mayores, se individualicen las medidas en beneficio de las personas y se gradúen las restricciones atendiendo no solo a la prevención del contagio sino a los riesgos que sabemos que genera la inactividad en población especialmente vulnerable. Pero para eso la Administración debe apoyarse en el saber de los profesionales y nutrirse de las buenas y creativas prácticas que también están surgiendo. 

La Guía de COPTOCAM con recomendaciones para Mayores, Familias y Cuidador@s

En cuanto a las personas contagiadas, es comprensible que sobre las intervenciones de soporte vital se vuelquen ahora todos los esfuerzos y estrategias. Sin embargo, no debemos obviar el papel del personal sanitario rehabilitador y su potencial aportación en el proceso de recuperación de pacientes. Desde promover la movilización temprana, a posibilitar ocupaciones que contribuyan a la recuperación, facilitar pautas para el ahorro energético en las actividades cotidianas, prevenir riesgos de reingresos, pautar y enseñar el manejo de productos de apoyo que faciliten la autonomía, humanizar ocupacionalmente el aislamiento, o atender los desequilibrios ocupacionales de familiares y/o del resto de personal sanitario, son aportaciones relevante que la terapia ocupacional puede ofrecer. Sin embargo, parece que también en el ámbito hospitalario somos un recurso infrautilizado, considerando el grado de restricciones que nuestros profesionales encuentran para realizar o proponer algunas de estas actuaciones.   

Las personas mayores constituyen un grupo vulnerable frente al Covid19 y deben reducir en lo posible su exposición al riesgo de contagio pero, ¿qué pueden hacer para que esta situación no provoque males mayores?

Efectivamente, como planteas en la pregunta, el mensaje que se ha traslado a las personas mayores es que, por su propia protección, se expongan lo menos posible al contagio. Esto es esencial. Sin embargo, no parece que se haya insistido con el mismo ahínco en generar alternativas que posibiliten que nuestros mayores se mantengan, a la vez, aislados y activos. 

Si hablamos de trasladar un consejo profesional, habría varias cuestiones a tener en cuenta y la primera de ellas es que, el mismo, debe ser lo más individualizado y ajustado posible a la situación de la persona mayor. No es lo mismo vivir solo que acompañado, tener una red de vecinos o no tenerla, vivir con una mascota o no, tener una determinada patología u otra… en este sentido, las personas mayores de la Comunidad de Madrid o sus familiares pueden hacer uso de nuestro Colegio Profesional, pues tenemos la responsabilidad de atender las necesidades y apoyar la gestión de esta crisis, en el ámbito de nuestras competencias. 

Teniendo en cuenta lo anterior, desde COPTOCAM hemos venido trabajando en diversos materiales con recomendaciones genéricas sobre actividad física, actividades de autocuidado, descanso, pautas de ahorro energético, de prevención de riesgos, o de participación social aplicables a las personas mayores, pero somos conscientes de las limitaciones en el uso de las tecnologías y, por tanto, en el acceso a los mismos. Por eso los hemos puesto a disposición de la Administración al efecto de que su divulgación pueda ser amplificada por otros medios, además de ofrecer nuestra cooperación directa con una bolsa de voluntariado profesional activada desde el propio Colegio. 

Con todo, sabemos que es insuficiente y que hay necesidades ocupacionales de las personas mayores de nuestro entorno que no van a encontrar los apoyos o asistencia técnica requerida. Por eso, también quiero aprovechar estas líneas para trasladar a mis compañeras de profesión la necesidad de extender nuestro compromiso profesional, más allá de nuestro horario laboral, al efecto de que participemos activamente en las redes de apoyo  vecinal que puedan estar generándose, con la finalidad de poder aportar nuestro conocimiento y experiencia en el apoyo de aquellas personas que puedan necesitarlo. No hace falta que me nos diga que esta no parece una estrategia acorde al país en que vivimos,  y que podríamos ofrecer una respuesta más amplia, coordinada, eficiente y de calidad si las terapeutas ocupacionales estuvieran incluidas en los equipos de atención primaria de los centros de salud de nuestros barrios, tal y como desde hace años, venimos reivindicando a la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, con objeto de poder desarrollar actuaciones de carácter comunitario, promoción de la salud y continuidad de cuidados que tienen más vigencia que nunca, atendiendo al número de personas mayores existentes en nuestra sociedad.  Pero mientras la Administración no de respuesta a este reclamo, los terapeutas ocupacionales no dejaremos de estar a la altura de las circunstancias. 

Mujer y edad: de las sombras a las luces

¿Cómo está siendo la vivencia de los profesionales de la Terapia Ocupacional en las Residencias de Mayores?

Creo que la vivencia no es uniforme, porque la situación de nuestros profesionales en las residencias tampoco lo es. Hay terapeutas ocupacionales con condiciones laborales razonablemente estables y compañeras que van hasta a cuatro o cinco centros a la semana para alcanzar un sueldo que roce lo digno. Por supuesto compartimos la preocupación por la situación de nuestra Comunidad, por el tremendo y doloroso impacto que esta crisis está teniendo en las personas mayores y me atrevería a decir, que también compartimos una cierta dosis de miedo personal que es inevitable. Cómo estamos gestionando ese miedo, con que medios nos estamos enfrentando a él o cómo prevalece la responsabilidad profesional por encima del mismo, es donde creo que reside la mayor diversidad y donde creo que también las condiciones con las que los profesionales trabajamos juegan una mayor influencia.

Es evidente que una terapeuta ocupacional que asiste a cuatro residencias de distintas empresas, donde no hay coordinación entre ellas, y tan solo unas horas a la semana porque los contratos son para “cubrir el expediente”,  tiene el legítimo derecho a sentirse absolutamente desconcertada en una situación así: ¿a qué protocolo de actuación me ciño? ¿qué pasa si hay un caso en una de las residencias? ¿qué hago si me han prohibido realizar actividades grupales y mis horas de contrato no permiten realizar intervenciones individuales con todos los residentes que lo necesitan? ¿qué hago si los responsables de mi centro consideran que la terapia ocupacional no es una actividad esencial y yo sé que su paralización generará daños? ¿qué va a pasar con mi situación laboral?… Sin embargo, con todo esto encima, la respuesta general de las terapeutas ocupacionales, al igual que ocurre con el resto de profesionales sanitarios, es admirable. Hemos puesto nuestra creatividad y nuestro ingenio al servicio de la adaptación de los tratamientos, hemos mostrado nuestra disposición a la reubicación de puestos o funciones atendiendo a las necesidades existentes, estamos doblando turnos para cubrir las bajas del personal enfermo o yendo, simplemente, más allá de lo que nuestra relación contractual exige por pura ética profesional, cerrando los centros privados para contribuir a contener la curva o, como en otros casos, confinándonos en en varias residencias con el objetivo de prevenir el contagio que pudiera derivarse de las entradas y salidas del personal.   

Sin lugar a dudas, una de los puntos críticos que esta crisis ha venido a desnudar es el modelo asistencial existente en los centros residenciales. No es el momento, en eso creo que estamos todos de acuerdo, pero llegará el tiempo en el que tengamos que hablar largo y tendido de cómo está diseñada nuestra red, de cuáles son los ratios de profesional por número residentes, de cómo son los contratos y cuánto cobran esos profesionales, de cuál es la concepción o la filosofía asistencial de los centros y, por extensión, de los tratamientos que en ellos se ofrecen. En definitiva, dignificar la atención a nuestros mayores, empezando por recuperar el papel de lo público, y continuando por repensar las condiciones de las profesionales que los atienden. 

Daniel Emeric. Presidente del Colegio Profesional de Terapeutas Ocupacionales de la Comunidad de Madrid

¿Están maltratados mis padres?

No Hay Más Artículos