El cambio climático ha sido uno los temas que ha cobrado mayor relevancia en los últimos años, las consecuencias cada vez son más evidentes a nivel mundial, sobre todo del impacto del ser humano con su entorno.

En esta ocasión conversé con uno de los gerontólogos ambientales mas destacadas a nivel mundial, Diego Sánchez González, Geógrafo, master en gerontología social y doctor en geografía, con quien conversamos a propósito del lanzamiento de su nuevo libro «Envejecimiento de la población y cambio climático. Vulnerabilidad y resiliencia desde la gerontología ambiental»,escrito junto a la Dra. Rosalía Chávez Alvarado.

N: ¿Cómo nace este libro?

D: La obra nace de la curiosidad por desentrañar algunas de las interrogantes que se ciernen sobre los retos del envejecimiento de la población y el cambio climático, cuyas posibles soluciones vendrán de un abordaje conjunto de ambas cuestiones. Asimismo, el libro se origina de la necesidad de poder contribuir a la comprensión de las futuras crisis demográficas y climáticas a escala global, cuyos desafíos amenazan la economía, la salud, la seguridad y el bienestar de la población, sobre todo, en los países en desarrollo. Sin duda, una publicación que invita a la reflexión sobre las causas y las consecuencias del calentamiento global, así como el desafío de frenar su avance a partir de la comprensión de sus conexiones con la población del planeta (cada vez más envejecida) y su insostenible modelo de consumo, marcadas por la creciente contaminación, la sobreexplotación de los recursos naturales y el deterioro ecológico.

Este libro plantea la importancia capital de introducir la cuestión demográfica en el debate sobre el cambio climático, ya que la compresión de los cambios poblacionales, asociados a la caída de la fecundidad, el aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento de la población y la urbanización acelerada, van a determinar, en buena medida, nuestra capacidad de adaptación. Así, el fenómeno del envejecimiento representa un logro social y una oportunidad de negocio; pero, también, una amenaza para la estabilidad económica de los gobiernos, por sus repercusiones en pensiones, sanidad, dependencia e, incluso, huella ecológica.

En todo el mundo la población envejece en un contexto de creciente vulnerabilidad y desigualdad social, agravado por los efectos de las crisis económicas, el progresivo desmantelamiento del estado del bienestar y el incremento de las amenazas climáticas. Precisamente, las personas mayores son las principales víctimas mortales de los desastres naturales y, se prevé, que sea el colectivo más vulnerable a los efectos climáticos, como inundaciones, sequías y olas de calor. Esta circunstancia justifica la necesidad apremiante de comprender los factores físicos y sociales que determinan la vulnerabilidad y la resiliencia en el envejecimiento, como nuestro ambiente.

Desde el enfoque multidisciplinar de la gerontología ambiental se está contribuyendo a desvelar las importantes implicaciones que tiene el entorno en el envejecimiento. Así, estamos empezando a comprender qué características de los ambientes físicos (viviendas, residencias, hospitales, barrios, ciudades) y sociales (familia, redes sociales, soledad) se ajustan mejor a las capacidades de adaptación de las personas mayores, al promover su salud, seguridad, participación y aprendizaje continuo ante un escenario de emergencia climática. Sin duda, en los entornos se encuentran algunas de las claves para posibilitar nuestra calidad de vida y adaptación climática, así como favorecer un envejecimiento activo y saludable que contribuya a la sostenibilidad del sistema público, al reducir el riesgo y el gasto sanitario (hospitalario, farmacológico) y de dependencia. Empero, pocos conocen cómo adaptarlo. De hecho, algunas de las respuestas a las incertidumbres demográficas, sanitarias y climáticas vendrán de un mejor conocimiento de los ambientes que habitaremos, y donde la participación activa de este colectivo será crucial para construir un futuro promisorio, que ahora se muestra esquivo.

N: ¿Qué fuentes y métodos sustentan la obra?

D: La obra parte de una exhaustiva revisión de la literatura científica y, sobre todo, se sustenta en los resultados obtenidos de nuestras investigaciones desarrolladas a lo largo de años, principalmente, en España y México. Dichos estudios han permitido combinar el análisis de datos climáticos, demográficos, sociales, de salud y ambientales, y posibilitar escenarios climáticos y de la vulnerabilidad para población envejecida. Al respecto, resultó relevante conocer de primera mano las experiencias y propuestas de las personas mayores en relación al calentamiento global, así como desvelar cómo los profesionales trabajan sobre el terreno y dan algunas de las claves esenciales para favorecer la gestión del riesgo y posibilitar la adaptación climática.

N: Se plantea que existe una lucha desigual en contra el cambio climático ¿cómo crees que involucra esto a las personas mayores?

D: El cambio climático está evidenciando los graves problemas sociales y de derechos humanos de las personas mayores, sobre todo, en regiones en desarrollo. Asimismo, a medida que envejecemos se produce una pérdida de capacidades funcionales y cognitivas en relación a las presiones ambientales y climáticas. Esta circunstancia explica que entre las personas de avanzada edad se incremente el riesgo de discapacidad y dependencia. También, las diferencias en este grupo de población están asociadas a factores socioeconómicos, de salud, culturales, ambientales y políticos; los cuales, determinan el nivel de estudios, ingresos económicos, estado de salud, y acceso a una pensión y a seguro de salud. Justamente, en las regiones en desarrollo (América Latina, África) la mayoría de las personas mayores son vulnerables a problemas de habitabilidad de sus viviendas y carecer de una pensión o seguro médico. En muchos casos, estas personas se ven obligadas a continuar en activo (muchos en empleos precarios) para cubrir sus necesidades básicas (alimentación, alojamiento) y poder afrontar los crecientes gastos de salud (que en las zonas rurales puede suponer hasta el 50% de sus ingresos).

La creciente desigualdad social y la desaparición del estado del bienestar están afectando, de forma significativa, a las personas mayores y sus familias, agravando su vulnerabilidad social y ambiental ante el impacto de las actuales y futuras crisis sanitarias (pandemia del coronavirus) y climáticas. Aquí, debemos recordar que muchos hogares encabezados por personas de edad avanzada no tienen recursos económicos para adaptar sus viviendas y favorecer el confort térmico, reduciendo el riesgo de sufrir los efectos de las olas de calor o del frío polar. Esta circunstancia debe hacernos reflexionar sobre las políticas de vivienda ante un escenario de incertidumbre climática. Por ejemplo, en España tres de cada cuatro inmuebles de antigua construcción obtienen una baja calificación energética y no están adaptadas para enfrentar los posibles efectos del cambio climático. Por ello, las políticas sobre cambio climático deben pensar, especialmente, en los grupos más vulnerables de nuestra sociedad y plantear alternativas encaminadas a reducir la alarmante desigualdad social.

N: ¿Cuáles son los riesgos que afectan a las personas mayores producto del cambio climático?

D: Las personas mayores son las principales víctimas mortales de los fenómenos meteorológicos extremos asociados al cambio climático (olas de calor, inundaciones). Las evidencias científicas indican que las olas de calor, la variabilidad de temperatura y la contaminación del aire, incrementan el riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares y respiratorias en este colectivo vulnerable. También, las inundaciones aumentan el riesgo de padecer estrés postraumático, depresión y ansiedad entre personas de edad. Cabe reseñar que las deficiencias en la recopilación de los datos (demográficos, hospitalarios, de residencias, servicios de emergencias) tras los eventos climáticos, en muchas ocasiones, implica que el número real de personas de edad afectadas (incluidos los fallecimientos) sea muy superior al contabilizado por las fuentes oficiales, sobre todo, en países pobres.

En las próximas décadas se prevé un incremento de los eventos climáticos extremos (inundaciones, olas de calor, incendios, sequías), lo que se traducirá en una disminución de la producción de alimentos y un agravamiento de las hambrunas, así como un incremento del riesgo de enfermedades, que afectarían en mayor medida a los colectivos más vulnerables, como personas mayores con bajos ingresos, viviendo solas, discapacitadas y dependientes, y residentes en países en desarrollo. Como consecuencia se incrementarían las tasas de morbilidad y mortalidad entre la población envejecida, sobre todo, localizada en determinados barrios marginales y núcleos rurales deprimidos, cuya esperanza de vida se podría ver afectada. Asimismo, se plantea un posible escenario de altas temperaturas que podría limitar los estilos de vida al aire libre, favoreciendo el confinamiento en el domicilio e incrementando estilos de vida más sedentarios, lo que podría comprometer la esperanza de vida e, incluso, la longevidad en ciertas regiones del planeta. De lo que se deduce que la edad y el código postal de residencia pueden ser más significativos que el código genético en relación al riesgo de padecer y morir por los efectos de las crisis climáticas y sanitarias.

N: A la fecha cuando se habla del cambio climático se tiene una visión edadista como si esto solo fuese un tema de las nuevas generaciones ¿qué opinas al respecto y cómo podemos cambiar esta situación?

D: En nuestra sociedad de consumo el edadismo o la discriminación por razón de edad sigue siendo silenciada, aunque sus efectos favorecen la vulnerabilidad social de las personas de avanzada edad ante potenciales riesgos climáticos. Asimismo, la vejez es percibida de manera errónea como una etapa de pérdidas y estereotipos que contribuyen a la exclusión social de este creciente colectivo. De forma recurrente, muchas personas de edad pierden derechos efectivos y enfrentan mayores dificultades en el acceso al empleo, justicia o sanidad. Dicha circunstancia se ve agravada por el edadismo institucional que excluye, de forma sistemática, a las personas mayores de los procesos de participación y, sobre todo, de decisión. Precisamente, los programas de gestión del riesgo siguen reduciendo el envejecimiento de la población a una variable secundaria en sus diagnósticos, así como ignorando la participación activa de este colectivo y, en muchos casos, despreciando su valiosa experiencia en los procesos de adaptación de sus comunidades locales ante los desafíos climáticos.

La vejez debería ser considerada una etapa de oportunidades, aprendizaje y nuevas experiencias, incluso en un contexto de emergencia climática. De hecho, hoy en los países desarrollados la mayoría de las personas llegan a esta etapa de la vida con mejor salud y calidad de vida. No obstante, este creciente grupo de edad es heterogéneo y presenta importantes diferencias según cohortes de edad, género, etnia, contexto social y cultural, y localización geográfica.

El reto del cambio climático en un mundo envejecido implica adaptarnos como sociedad en su conjunto, erradicando cualquier atisbo de discriminación por edad, género o raza. Al respecto, es necesario propiciar un cambio de mentalidad, que debe comenzar en el seno familiar, continuar en las aulas, y que debe tener su reflejo en los medios de comunicación, y, sobre todo, en las políticas públicas, donde el envejecimiento sea un tema transversal, alejando de cualquier tipo de reduccionismo (salud, dependencia). Sin duda, los avances científicos y la innovación, apoyadas en nuevos instrumentos y enfoques, así como en mejores datos estadísticos, posibilitaran políticas públicas clave y estrategias de adaptación climática para una sociedad que envejece, y donde la participación activa de este colectivo será clave.

Los/as tres intervinientes de la presentación: (de izquierda a derecha) Vicente Rodríguez (GIE-CSIC), Diego Sánchez González (UAM) y Gloria Fernández-Mayoralas (GIE-CSIC) Foto: ENCAGE-CM

N: Sabemos que en el libro planteas que existen estrategias de adaptación de las personas mayores al cambio climático. Podrías contarnos alguna de ellas.

En el libro se defiende que ciertas nociones de creatividad, compromiso solidario, dignidad y generosidad serán esenciales para brindar posibilidades de adaptarnos y superarnos como sociedad. Entre las estrategias de adaptación de las personas mayores al cambio climático se prioriza la necesidad de impulsar políticas de envejecimiento activo y saludable encaminadas a promover la salud, la seguridad, la participación activa y el aprendizaje continuo a lo largo de la vida. Al mismo tiempo, es importante posibilitar la permanencia de las personas mayores en sus entornos cotidianos (viviendas y barrios), con casas dignas y equipadas para enfrentar los peligros climáticos, así como apoyadas de programas de servicios sociales y de salud de proximidad. También, es crucial fomentar el apoyo social comunitario para evitar situaciones de soledad y abandono en situaciones de emergencia. 

N: Pará finalizar ¿Qué mensaje le enviarías a las personas mayores y su rol en esta temática de vital importancia para todos? 

Las personas mayores son un colectivo activo, cada vez más concienciado y comprometido con el cambio climático, como lo constata el hecho del creciente número de voluntarios mayores implicados en la defensa del medioambiente y en la lucha contra el calentamiento global. Asimismo, entre las medidas para reducir el impacto del cambio climático, se plantea que las personas mayores participen en los programas de gestión del riesgo de sus comunidades, tanto en la identificación de colectivos vulnerables, como en la adaptación de sus entornos físicos y sociales a futuras situaciones de emergencia climática.

Estamos a punto de desvelar en qué medida estamos preparados para adaptarnos al cambio climático en un mundo envejecido. Un aprendizaje en el que ninguna sociedad o gobierno puede despreciar la valiosa experiencia que pueden aportar las personas mayores ante los desafíos futuros (climáticos, sanitarios, económicos). De hecho, su participación activa será determinante en los procesos de adaptación de sus comunidades locales.

Hoy empezamos a comprender que somos, en buena medida, arquitectos de nuestro destino y producto del ambiente. Y precisamente por ello, estamos aprendiendo a descubrir las formidables posibilidades que nos ofrece el entorno que nos rodea, ya que en él radican algunas de las claves esperanzadoras de cómo podríamos vivir y envejecer con dignidad. No es de extrañar que nuestra futura longevidad y adaptación al cambio climático vendrán de la construcción de una sociedad más resiliente, con la capacidad infinita de moldear y adaptar nuestros entornos al envejecimiento, así como de poder enfrentar y superar las incertidumbres que nos aguarda.

Aún estamos a tiempo de adaptarnos, como sociedad que envejece, a los efectos del cambio climático. Ante lo cual, no podemos seguir impasibles e impotentes, y debemos aprender a reaccionar a tiempo, colaborando de manera solidaria en la búsqueda de soluciones encaminadas a lograr un futuro común. Para ello, debemos anticiparnos y establecer los medios y estrategias necesarios para poder enfrentar los desafíos demográficos y climáticos. Llegados a este punto, no sería justo para las futuras generaciones que se cumplieran los peores presagios climáticos sin hacer nada al respecto, sobre todo, a sabiendas de que, parte de la responsabilidad recae ahora en aquellos que, con más fortuna que otros, logren alcanzar la ansiada vejez.

Datos del libro

Libro: Envejecimiento de la población y cambio climático. Vulnerabilidad y resiliencia desde la gerontología ambiental

Autores: Diego Sánchez González y Rosalía Chávez Alvarado

Editorial: Comares, 2019.

Nicolas Cisternas

Entrevista realizada por Nicolás Cisternas Sandoval                                                                                     Psicogerontologo, Corresponsal en Chile, Argentina y Uruguay.