¿Cuál fue el motivo que os impulsó a constituir AMME Mediación?

Pues sinceramente diría que una mezcla entre una fuerte inquietud personal de cada una de nosotras, por experiencias y momentos vitales concretos, sumados a la detección de una necesidad social enorme respecto al modo en que son gestionados los cambios que generan conflictos durante el proceso de envejecimiento de las personas. Tanto por ellos como por quienes les rodean. 

¿Por qué la mediación en el ámbito de las personas mayores? 

Ante circunstancias de pérdidas de autonomía, de pérdidas personales, de aceptación y adaptación a cambios, en ocasiones se genera momentos de estrés y sentimientos de impotencia que pueden bloquearnos y dificultar la toma de decisiones.

Decidir la adaptación de los espacios, las nuevas rutinas, consensuar las responsabilidades de unos y otros, hablar de determinadas cosas, puede resultar tremendamente complicado y doloroso. La mediación aporta un espacio y una forma de compartir estos temas, donde todos se sientan tenidos en cuenta. 

Creemos que la mediación es ideal para resolver conflictos en los que las relaciones son lo más importante, como en los casos de separaciones, las relaciones con los hijos. Cuanto más entonces en los conflictos derivados del envejecimiento! No todos nos separamos pero sí todos envejeceremos.

Entonces, ¿en qué pensáis que un mediador puede ayudar?

Sin duda se trata de cuestiones muy íntimas de cada familia y de cada persona, en las que podemos pensar que lo que menos nos “apetece” es “involucrar” a un “desconocido”, pero lo cierto es que cuando estamos inmersos en una situación difícil, con sentimientos y emociones a flor de piel, la toma de decisiones resulta complicada, y las relaciones personales y familiares se ven afectadas. El poder contar con un espacio neutral e imparcial, y con el apoyo de un profesional que aporta objetividad, alternativas creativas, y facilite la comunicación ¡ayuda!  

¿En qué casos estáis pensando concretamente? 

La casuística es tan variada como lo somos las personas, porque la mediación es un recurso flexible que se adapta a cada caso, casi como un traje a medida, así que resulta complejo hacer “un listado”. 

El mediador es un profesional que observa y estudia la particularidad de cada situación, los recursos y necesidades, y facilita la generación de una opción que evita que la respuesta sea igual para todos.

En general, cualquier caso en el que exista un conflicto en el que una persona mayor se ve implicada o afectada por el mismo. Por ejemplo hermanos que no se ponen de acuerdo respecto al cuidado de sus padres (sea porque unos colaboran más que otros, o porque contemplan soluciones diferentes para un mismo problema); Abuelos que pierden tiempo de estar con sus nietos, e incluso el contacto después del divorcio de los padres; Gestión y reparto de recursos materiales; Conflictos de adaptación a centros de día o residencias; Falta de aceptación de ayuda o de reconocimiento de carencias por parte de la persona mayor que impide a la familia poder ayudar a ningún nivel… 

En definitiva, ¿Qué ofrecéis?

Un espacio en el que hablar de esos temas que resulta tan complicado afrontar, de esos cambios que parecen imposibles de aceptar. Creamos un entorno seguro, confidencial, imparcial, en el que hay cabida para las inquietudes y los sentimientos de todos, a medida para las necesidades y circunstancias de cada caso. Sin mirar el reloj, sin esperas. Además existe la posibilidad de que el equipo mediador se traslade allí donde el caso requiera, si las circunstancias lo exigen.

Una formación profesional que facilita la comunicación, ayuda a  gestionar las emociones y a comprender la forma de ver la realidad y las necesidades de los que participan.

¿Qué es lo que habéis aprendido de las personas Mayores?

¡Todo! Y lo que nos queda… Aprendemos a vivir mejor, a afrontar nuestro propio proceso de envejecimiento de otro modo, a reconciliarnos con los cambios de la edad. Nos enseñan cómo trabajar mejor, qué es lo que realmente necesitan, a escuchar de verdad. 

A reconocer lo que verdaderamente importa, lo que queda, el valor de lo que vamos dejando sembrado en el camino

¿Algún reto para el futuro?

Muchos ¡cada día más! Personalmente creo que el mayor reto por alcanzar es que la mediación forme parte de nuestro vocabulario, de nuestro imaginario, de nuestro día a día. Que acudamos al recurso con la misma naturalidad que iríamos al dentista, por ejemplo. Que todos sepamos qué es la mediación, para qué sirve, y dónde acudir para acceder al recurso. 

Como asociación, diría que el primero es tratar de que los recursos públicos se impliquen en el crecimiento de la mediación, de verdad. Y por supuesto, ampliar nuestra presencia a otros puntos de España. 

Si te han quedado dudas, o quieres saber más, puedes ampliar información acerca de la mediación y de los servicios que ofrecen en www.amme-mediacion.org

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