¿Dependencia o interdependencia?

Llega la segunda entrega de la entrevista a nuestra querida y admirada Lourdes Bermejo.

Si todavía no has leído la primera parte, puedes encontrarla aquí abajo. ¡Disfruta de esta conversación que queremos compartir contigo!

Es necesario rescatar la filosofía de la Animación Sociocultural

– Este año fuiste elegida Vicepresidenta de Gerontología de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, cuéntanos por favor acerca de tu experiencia en la gestión que estás asumiendo. ¿Qué avances y desafíos identificas en la SEGG?

Te diré que soy miembro de esta sociedad científica desde 1990 y sé que algunas dificultades actuales no solo no son nuevas, sino que son resultado de la propia complejidad e idiosincrasia de la SEGG, y vienen de muy atrás… Por ejemplo, personalmente considero que tiene una mirada muy sanitaria, pero es lógico si se mira su composición (la SEGG está formada de forma abrumadora por sanitarios y los gerontólogos tenemos una cuota de participación más pequeña y con menores recursos).

Además, en nuestra cultura, la parte sanitaria y biológica siempre han “pesado” mucho en el ámbito del envejecimiento. Así, esta sociedad científica, con su vocación plural e interdisciplinaria es en si misma compleja, pero, por ello es tan interesante y enriquecedor pertenecer y participar en ella.

Mira, puesto que la realidad es tan compleja, solo podremos intentar abordarla, estudiarla, e intervenir en ella desde esta pluralidad, de miradas, dimensiones y disciplinas, con rigor y humildad, entendiendo que nos necesitamos todos. Este es el reto de la SEGG: dar una respuesta global, con todas las miradas profesionales implicadas en el envejecimiento individual y social.

Actualmente en la SEGG tenemos muchas ideas e intentaremos sorprenderos con nuevas propuestas que consideramos son necesarias.

– De tu experiencia en América Latina … ¿Que destacas? Por ejemplo, en 2019 has trabajado en Uruguay como Consultora Internacional de Eurosocial+ (la Agencia de Cooperación de la UE) , y además, has hecho capacitación a la Asociación de Residencias de Larga Estadía. En ese sentido, ¿Qué opinas acerca de las vejeces en Latinoamérica y las respuestas que están dando los Estados, las empresas y la ciudadanía?

Desde hace mucho, tengo la suerte de trabajar, en algún país latinoamericano y comprobar cómo se está abordando el tema del envejecimiento allí. Este tema es complejo y difícil de afrontar por todos los Estados, pero mucho más en aquellos donde el reparto de la riqueza o donde el Estado del Bienestar no está tan desarrollado como en esta parte de Europa. El envejecimiento allí es un tema más difícil de abordar y mucho más complejo.

Pongamos el ejemplo de que si aquí haya dificultades para que haya ayudas suficientes o adecuadas para familiares que están cuidando y apoyando a personas en situación de dependencia y decimos que, de alguna forma, el sistema aguanta porque hay muchas familias (muchas mujeres concretamente) que dedican su tiempo a esta labor, esto mismo está sucediendo en otros países, pero sin ningún tipo de apoyo. Muchas familias tienen que dejar de trabajar para cuidar a sus seres queridos y quedan en situación de pobreza porque pierden salarios, y además, no saben cómo cuidar, no tienen apoyos ni recursos, ni apenas fármacos, etc.

En América Latina se está llegando a una mayor longevidad en sociedades donde todavía no existen Servicios Sanitarios y Sociales suficientes, y donde la pobreza es lo cotidiano. En algunos países se han ido desarrollando incipientes sistemas de previsión de apoyos y marcos normativos que reconocen la dependencia y proporcionan ayudas, pero son minoría. O en otros lugares se edifican centros o se promociona el desarrollo de la iniciativa privada, con unos costes y precios imposibles de pagar, muy alejadas de la realidad. En otros, no se hace casi nada.

A mi me parece que la experiencia española tenemos que compartirla. Creo que todo lo que llevamos recorrido en este sector, y puesto que compartimos tanta cultura y habla, tenemos la obligación moral de compartirlo. Democratizar nuestros saberes y experiencias, compartir con la sociedades Latinoaméricas lo que sabemos que funciona para ayudarles a que tomen decisiones técnicas y políticas que sean eficientes, eficaces. Y que estén alineadas con una visión de los derechos de las personas mayores, a la vez que sean sostenibles en los entornos sociales, culturales, económicos y empresariales donde se han de desarrollar.

Compartir lo que sabemos con humildad y honestidad creo que es una responsabilidad de quienes tenemos la suerte de estar viviendo y trabajando en esta parte del mundo…. Desde este punto de vista, he tenido la suerte de participar en la formación tanto del sistema nacional de cuidados de Uruguay y también, en paralelo, de formar a los trabajadores del ámbito de la Asociación de Residenciales del Uruguay (ADERAMA), donde realmente se está haciendo un trabajo excepcional, con muy pocos recursos y en microcentros, financieramente muy complicados de sostener pero que facilitan una atención más humana.

Hacer el trabajo bien y en situaciones precarias tiene todavía más dificultad y más mérito. Hay gente que está trabajando con una calidad humana y profesional muy de envidiar, a pesar de los escasos recursos.

Para mi: viajar a Latinoamérica es siempre una escuela de humildad, de ver cómo personas y profesionales están comprometidos con las personas y sacan lo mejor de sí mismos. Siempre vengo pensando lo vivido y, te reconozco, que a veces me da envidia porque aquí en España parece que tenemos muchos recursos y me da vergüenza lo poco que lo disfrutamos o lo aprovechamos en relación a lo que podemos ofrecer.

– Finalmente, quisiéramos que nos compartas los desafíos que consideras aún tenemos como sociedad respecto del envejecimiento y la vejez. ¿A qué objetivos debemos apuntar las y los profesionales del campo gerontológico actualmente?

Los retos y desafíos son muchos, y creo que derivados de dos perspectivas. Por una parte, de aspectos cuantitativos, cada vez vamos a ser más personas mayores y esto es así, es una maravilla, pero va a requerir que la sociedad se organice de una forma solidaria para que sea posible. También que las familias seamos conscientes de lo que esto significa, en términos de la gestión, el diseño nuestra propia economía y organización familiar. Y como ciudadanos, asumir la responsabilidad que supone ser responsables de nuestra vida, no solo cuando somos jóvenes y estamos en fase productiva, sino los 20 o 30 años que podamos vivir, en situación de jubilación laboral e, incluso, o talvez, en situación de dependencia.

Este reto cuantitativo va a requerir asimismo un esfuerzo de adaptar los servicios de todo tipo, culturales, sanitarios, educativos, de vivienda… para hacer una sociedad para los ciudadanos que viven en esa sociedad. Si un 30% de los ciudadanos son personas mayores y un porcentaje de ellos alguna diversidad, indudablemente tenemos que hacer una sociedad con unos servicios adaptados. Esto va a implicar también aspectos educativos, haciéndonos mas conscientes de que, como ciudadanos, todos tenemos valor, todos somos, de alguna forma, interdependientes, bien económica, emocional o físicamente.

Debemos ahondar más en la idea de la corresponsabilidad, tanto en términos de familia, como de comunidad y territorio. Las políticas deben centrarse en las personas y en los ciudadanos y no en los propios sectores. Es un tanto extraño pensar que se puede hacer una ciudad o un pueblo amigable para las personas mayores si las diferentes áreas no dialogan (transporte no habla con cultura, ni con infraestructura, ni con sanidad) y las medidas que se toman no ayudan a que el ciudadano mayor vaya al centro de salud, a que disfrute por poder ver a sus vecinos y además pueda participar en una actividad de voluntariado). Hay que modificar la forma de la gestión y el diseño de los servicios públicos.

Por otra parte, esta el aspecto cualitativo, que cada vez va a haber más personas, pero vamos a ser más diversas. Y esto de las vejeces es un tema importante. Hace unos años ser mayor era un tema que tendía más hacia la homogeneidad porque en general en España la sociedad era más homogénea en todos los grupos de edad. Y quizás en este grupo de edad, en las personas mayores, cuesta más ir visibilizando la diversidad cultural, ideológica, de capacidades, diversidad sexual, preferencias de estilos de vida, valores …

Esta pluralidad va a requerir que las propuestas que se ofrezcan a las personas sean diversas, para que se pueda respetar esta individualidad, este derecho a ser uno mismo hasta el final.

Así, el reto del envejecimiento no es solamente la cantidad de personas mayores que vamos a ser sino en que cualitativamente, seremos mas diversos. Como en nuestra sociedad hemos conseguido el reconocimiento de ciudadanía y de ser seres únicos, ello va a requerir que los servicios que prestemos o que ofrezcamos atiendan a esta gran diversidad.

Y esto va a requerir mucha creatividad, mucha humildad en los profesionales y en los gestores de los recursos. Para eso habrá que contar con las propias personas mayores en el diseño, en la gestión, en la planificación y en la evaluación de las acciones, de los servicios y de las políticas que se ofrezcan.
El reto es inmenso. No vamos mal en el sentido de que vamos poco a poco avanzando, pero nos está costando mucho asumir que esto requiere mucho más. Que la política de personas mayores no es mantener un nivel de las pensiones.

El reto de una sociedad preocupada y ocupada en sus ciudadanos mayores requiere planteamientos, inversiones y cambios mucho más de fondo. Muchas veces los propios ciudadanos no saben esto, y creen que con la actualización y con la subida de las pensiones ya tienen esto conseguido, cuando la realidad es que necesitamos muchas más cosas como sociedad para dar respuesta a lo que las personas mayores merecen. Pero esto lo tenemos que pensar, decidir, conseguir y financiar entre todos, este es el verdadero gran reto.

¡Gracias Lourdes!

Haydee Chamorro García

Haydee Chamorro García. Trabajadora Social. Corresponsal Qmayor Perú

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