La madurez en “Mi nombre es Doris”

Los pasados Oscars fueron demasiado blancos. ¿Recordáis el #OscarsSoWhite? Si alguien nos lee desde allá o lo hace desde aquí, le proponemos la misma campaña destacando la juventud actoral.  Ya sabéis nuestro “tendencioso” pensamiento, así que tiramos la piedra por si alguien quiere recogerla. Os ofrecemos los Hashtags #OscarsSoTeen u #GoyasDemasiadoJovenes 🙂 #Jijiji

A las mujeres se las va retirando del mercado laboral, del mercado social, del mercado competitivo y del mercado sexual; aunque estén en plenas facultades de inteligencia, salud, energía y actividad. La tiranía de la edad afecta a cualquier profesión y Hollywood es un claro ejemplo.

En los últimos tiempos, el activismo se ha ocupado de este asunto pero desde nuestro punto de vista, sin mucho tirón.

La película que hoy hemos disfrutado es una notable excepción aunque tenemos dudas si el disparate  de la protagonista ayuda o confunde. Sea como sea, nosotros apostamos por reflejar estos asuntos desde cualquier punto. Siempre que sea con respeto y así se trata en Mi Nombre es Doris.

Esta es la sinopsis de la película. Doris Miller es una mujer de 60 años que tras la muerte de su madre y asiste a un seminario de auto-ayuda, intentar encauzar su vida, centrándose sobretodo en su situación sentimental. Doris, con su edad y su estilo retro, entra de lleno en un nuevo mundo desconocido para ella y se vuelve tendencia en los círculos hipster de Nueva York en los que se mueve su interés amoroso, provocando bastantes distanciamientos con sus familiares y amigos de toda la vida.

Vivir e interpretar, lo mismo es. Experimentar nuevos retos y actuar con sabiduría/serenidad. A punto de cumplir los 70, Sally Field comenta lo siguiente:  “Nuestra tarea en la vida es hacer la transición constante de una etapa a otra si se trata de la niñez temprana en la infancia a la adolescencia y después de la edad adulta y la edad media a continuación. Es simplemente el movimiento constante”.

Una historia conectada a la mítica Bridget Jones pero con muchas décadas y vivencias por contar. De todos aprendemos que la ilusión es lo que nos mantiene ‘jóvenes’. Nosotros seguimos conectados a la actualidad y deseando encontrarnos con gente que estimule nuestras vidas. En el ascensor o en el parque. No os pongáis celosos, estimados lectores.

La recomendamos para una tarde de sofá. Ya nos contaréis, queridxs 😀

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