Hacer frente a la tristeza y la culpa 

Si tomaste la difícil decisión de trasladar a tu familiar a una residencia o centro de atención especializado al envejecimiento, es posible que tengas sentimientos de culpa ante este cambio. También puedes estar afligido por las pérdidas que resultaron de esta decisión o tienes dificultades para adaptarte a los cambios en tu estilo de vida.

Sin duda, sabemos que no has tomado a la ligera la decisión de llevar a tu familiar a una residencia . Es probable que hayas tenido en cuenta muchos factores.

A veces, tomamos estas decisiones en base a situaciones urgentes o problemas de salud. Otras veces, la decisión de trasladar a un familiar a una residencia es fruto de múltiples razones, como miembros de la familia, consejos de amigos que nos animan a dar el siguiente paso y recomendaciones de profesionales.

Si bien existe confusión o un ligero malestar cuando se toma la decisión, no siempre se desaparece por el simple hecho de seguir adelante con ella. De hecho, estos sentimientos pueden continuar o incluso incrementarse a medida que el cuidador tiene que aprender a desprenderse de la rutina a los que está tan acostumbrado.

Reconociendo los síntomas de culpa, duelo y adaptación

Si bien puede parecer obvio, no todos los sentimientos de culpa o tristeza se parecen. Aquí mostramos algunas formas en las que pueden surgir las emociones difíciles tras tomar la decisión de llevar a una residencia a nuestro familiar:

  • Puedes sentir culpabilidad cuando tienes una experiencia agradable.
  • Puedes experimentar un ciclo de culpa, luego alivio, y volver a la culpa.
  • Puedes encontrarte insatisfecho con el cuidado del personal de la residencia.
  • Puedes sentir la necesidad de estar presente constantemente en la residencia.
  • Puedes sentirte deprimido o ansioso.
  • Es posible que evites situaciones como hablar de los testamentos vitales, acciones de tutela o curatela.

Qué contribuye a los sentimientos de culpa y pena

Algunos factores que pueden aumentar los sentimientos difíciles después de trasladar a tu familiar a una residencia pueden incluir la decepción de no poder cuidar a un cónyuge en el domicilio como planeaste inicialmente, la percepción (precisa o no) de que los demás esperaban haber podido cuidar a la persona en casa, y el reconocimiento de que la enfermedad de la persona está avanzando.

A veces, la persona incluso puede haberte dicho: “¡Por favor no me lleves a una residencia!” Sin embargo, sus necesidades pueden haber hecho que esta decisión se haya convertido en necesaria.

Cómo  adaptarte a este cambio

1.Primero, reconoce que te estás enfrentando una transición importante. Si bien esto no cambia la situación, puede ayudar si te das permiso para hacer una pausa y comprender el desafío que al que te enfrentas.

Un estudio encontró que los cuidadores, especialmente los cónyuges de los residentes, experimentaron tanta depresión y ansiedad después del ingreso en la residencia como antes de tomar la decisión. Esto demuestra que, aunque el traslado a la residencia puede haber sido necesario para el cuidado del familiar, no “mejorará” automáticamente los sentimientos del cuidador principal y hará que todo esté bien.

2. Encuentra pequeñas formas, y tal vez nuevas, de expresar su cariño y amor. Tal vez puedas llevar el periódico o una flor siempre que puedas a tu familiar.

3. Identifica a alguien a quien puedas expresar tus preocupaciones, tanto fuera de la residencia como dentro de ella. La comunicación es importante y la mayoría de los centros quieren saber cuáles son las preocupaciones de los familiares. Aprender cómo abogar por tu ser querido es importante y necesario, especialmente cuando tiene demencia.

4. Reconoce que aunque tu familiar no haya querido vivir en un centro, podría haber algunos beneficios en este cambio de entorno. Aunque puedas sentir que nada se puede comparar con el nivel de atención que le diste a tu familiar en vuestra casa, debes tener en cuenta que la atención en centro especializado puede ser buena y de calidad, y está disponible las 24 horas del día. Algunas personas descubren que su familiar realmente mejora en una residencia porque recibe atención de una manera consistente y continuada, en comparación con la que los miembros de la familia podían ofrecer, pero que simplemente no podían mantener de manera efectiva en el entorno familiar.

5. Ayuda a tu familiar a adaptarse a la residencia. Habla con él y trata de ayudarle a identificar actividades y rutinas significativas para facilitar su adaptación.

6. Considera desarrollar una historia de vida para compartir con personas importantes, eventos e información que permita al personal de la residencia conocer mejor a tu familiar.

7. Recuerda tu capacidad, no solo para prestar atención a las necesidades de cuidado físico de tu familiar, sino también en visitar y construir tu relación con él.

8.La mayoría de los cuidadores sienten que es un privilegio cuidar a sus seres queridos, y no desean que se les libere del trabajo de ofrecerles atención, incluso si es una carga física y emocional. Reconocer la posible combinación de emociones que incluyen dolor, pérdida, culpa y alivio, puede permitir un ajuste más saludable después de trasladar a tu familiar a una residencia.

Imagen principalMerve Ozaslan