Un nuevo estudio de la Universidad de Texas MD Anderson Cancer Center ha evaluado la utilización de neurofeedback, encontrando una disminución en la experiencia del dolor crónico y el aumento de la calidad de vida en pacientes con dolor neuropático, inducido por la quimioterapia.

El estudio ha sido presentado en la reunión anual de la American Psychosomatic Society, celebrada los pasados 9-12 de Marzo en Denver, Colorado.

La investigadora principal del estudio Sarah Prinsloo, Ph.D., profesora asistente de Paliativos, Rehabilitación y Medicina Integral en el MD Anderson, ha identificado la ubicación de la actividad cerebral que contribuye a los aspectos físicos y emocionales de dolor crónico, lo que permitió a los pacientes modificar su propia actividad cerebral a través del biofeedback del electroencefalograma (EEG). Los patrones de las ondas cerebrales se registran a través de pequeños discos metálicos con cables delgados en el cuero cabelludo, facilitando el envío de las señales a un ordenador para poder analizar los resultados.

“La neuropatía periférica inducida por la quimioterapia es muy común en pacientes con cáncer y en la actualidad existe un único medicamento aprobado para el tratamiento de la misma. Me anima ver las mejoras significativas en la calidad de vida del paciente después del tratamiento. Este tratamiento es personalizado para el individuo, y es relativamente barato, no invasivo y no adictivo “. dijo Prinsloo.

La neurópata periférica crónica inducida por quimioterapia (CIPN) es un efecto secundario común de la quimioterapia, a menudo afecta al 71-96% de los pacientes después del primer mes de tratamiento de quimioterapia. La neuropatía periférica es un conjunto de síntomas tales como dolor, ardor, hormigueo y pérdida de sensibilidad causada por el daño a los nervios que controlan las sensaciones y los movimientos de los brazos y las piernas.

La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para formar nuevas conexiones y cambiar las ya existentes. Este estudio demostró que el neurofeedback induce la neuroplasticidad para modular la actividad cerebral y mejorar los síntomas de CIPN.

El estudio incluyó a 71 pacientes del MD Anderson de todos los tipos de cáncer; todos habían transcurrido al menos 3 meses desde el tratamiento de quimioterapia e informaron de más de un tres en la escala de calificación de la neuropatía del Instituto Nacional del Cáncer. Los participantes del estudio completaron las evaluaciones que determinaron la actividad cerebral relacionada con el dolor, la percepción del dolor y calidad de vida. Fueron aleatorizados para recibir el neurofeedback, o formar parte del grupo control que no recibió tratamiento. Los pacientes en el grupo de neurofeedback asistieron a 20 sesiones de entrenamiento neurofeedback donde realizaron un juego de ordenador que les recompensaba cuando modificaban su actividad de ondas cerebrales en la zona afectada. Luego aprendieron a modificar la actividad sin una recompensa inmediata del juego.

Después del tratamiento, el 73% vio mejoría del dolor y calidad de vida

Después de finalizado el mismo los participantes repitieron el EEG y las evaluaciones para determinar los cambios en la percepción del dolor, los síntomas relacionados con el cáncer y la calidad de vida en general. Los patrones de EEG mostraron una actividad cortical caracterizada por el aumento de la activación en las zonas parietales y frontales en comparación con una población normal. Después de controlar los niveles de referencia, el neurofeedback significativamente redujo: el dolor; entumecimiento; intensidad y desagrado, y disminuyó la cantidad de dolor que interfería con las actividades diarias.

Prinsloo cree que los resultados del estudio son clínicamente y estadísticamente significativos y proporcionan información valiosa que permitirá una mayor comprensión del dolor neuropático.

Fuente: MD Anderson Cancer Center