Hoy quinto aniversario del Movimiento 15 M es un buen momento para poner en valor a los mayores como activistas. ¡Quién dijo que las personas mayores están desvinculadas de la contemporaneidad! En el mundo entero son miles, organizados o dispersos, los que tienen el mismo propósito: dejar un mundo más justo a sus nietos o futuras generaciones.

Two Racing Grannies (yayoflautas a motor) es un documental pero también una road movie y sobre todo una película en busca de nuevas respuestas. También una película sobre la amistad, la mayoría de edad, la enfermedad y el miedo a la muerte.

Dos abuelas cabreadas que nacieron en plena recesión económica se cuestionan si el sistema consumista actual pretende que todo se arregle a base de comprar y comprar. Shirley y Hinda empiezan a pensar en qué significa esa palabra: crecimiento, y cómo pueden los ciudadanos que no tienen dinero ni para pagar el piso ayudar a base de gastar dinero.

Una aventura de costa a costa. De Seattle a Nueva York buscando que los principales banqueros y hombres de negocios les cuenten de una vez cúal es la solución a esta recesión.

Ambas forman partes de las Raging Grannies, la versión americana de los yayoflautas. Una asociación que defiende la paz y la protección del medio ambiente, y que en los últimos años han virado hacia la defensa de una economía más sostenible.

Shirley ha sido detenida en más de 20 ocasiones por sus actividades. Una mujer de 90 años que siempre había obedecido lo que decían las clases gobernantes y que tenía una ideología muy conservadora hasta que se divorció. En ese momento abrió los ojos y decidió que había que luchar por lo que ella consideraba justo.

Shirley y Hinda comienzan formándose en conceptos básicos en economía para entender a qué se refieren las noticias cuando hablan de PIB y otros términos con los que siembran esperanza en la población. Para ello se apuntan como oyentes en la universidad de Washington y hablan con profesores que les abren los ojos con un ejemplo muy sencillo: no se puede crecer constantemente. Si un año creces el 5%, al siguiente el 5% y así constantemente, habrá un momento en el que hayas llegado al tope. No habrá más capacidad para crecer, ni más recursos, es como una bacteria dentro de un tarro. En ese momento la situación volverá a ser la actual. Un momento que ambas abuelas comparan con la Gran Depresión americana.

El producto interior bruto no dice nada sobre educación, sanidad, seguridad o la integridad de nuestros cargos públicos.

Estas dos ancianas aprenden economía en tres básicas lecciones, y gracias a ellas el espectador conoce algo mejor los entresijos de esta crisis que llena los periódicos de noticias sobre paro y desahucios.

En sus clases acaban entrando en contacto con Joshua Farley, doctor en Ecological Economics (algo así como economía sostenible), que les da los tres pasos principales que todo país debería seguir si quiere avanzar sin volver a caer:

1. No usar energías renovables más rápido de lo que se regeneran.

2. No poner “basura” en el sistema más rápido de lo que puede ser absorbida.

3. No usar recursos no renovables más rápido de lo que se desarrollan sustitutos.

Para Farley hay que cambiar el chip de nuestra sociedad. No todo se debe basar en la cantidad de crecimiento, sino en las mejores en nuestra calidad de vida. Que un país crezca un 2% no hará que su sistema educativo sea mejor.

Shirley y Hinda abren los ojos y comienzan a llamar a todos los bancos y empresarios que dominan el mercado para contarles que todo este tiempo han estado equivocados respecto al crecimiento. Por supuesto nadie les coge el télefono. El tesón de estas activistas va mucho más allá y consiguen comprar dos entradas para la Cena de Wall Street. Un evento donde todos los cabecillas de la bolsa americana se vanaglorian de lo bien que va todo y lo solidarios que son.

Shirley interrumple la presentación en la cena para poder preguntar sobre el crecimiento, para que alguien le expliqué de una vez por qué estamos todos tan obesesionados con crecer y crecer. Las dos ancianas son amenazadas e invitadas a abandonar la tranquila cena, no quieren a alguien que les amargue su fiesta.

Two raging grannies ofrece muchas preguntas, pero ninguna respuesta. Es probable que estas dos heroínas mueran sin saber por qué era tan importante el PIB o sin ver si todos sus esfuerzos han servido para algo. Ellas siguen intentándolo, como demuestra el final del filme en el que se ve a un grupo de ancianos tomar el campus de la Universidad de Washington para dejar un mensaje claro:

El crecimiento económico no es la solución, es el problema

Pincha sobre el fotograma y verás el trailer. ¡Viajemos con ellas!

 

Abuelas enfurecidas