Vejez femenina

En esta semana se ha estado llevando a cabo en Lima – Perú el III Coloquio de estudiantes de Trabajo Social  de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, evento académico organizado por el Centro de Estudiantes de la escuela en mención (CETS).
En esta tercera edición, el mencionado Coloquio estudiantil tuvo como título “El Trabajo Social hoy: desafíos y posibilidades en el Perú y América Latina”, en el cual se han desarrollado diversas mesas de diálogo, compartir y debate. Para contribuir en este espacio, Haydee Chamorro García, trabajadora social egresada de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima – Perú) y diplomada en Gerontología Social por la Pontificia Universidad Católica del Perú así como compañera de QMAYOR presentó la ponencia “Transitando el género y la vejez: el envejecimiento y la vejez de las mujeres en el Perú” en la Mesa de Género y Trabajo Social, debates urgentes, el pasado 5 de noviembre.
Haydee Chamorro invitó a los/as participantes (en su mayoría estudiantes de Trabajo Social) a repensar la vejeces femeninas en el contexto peruano a partir de la mirada interseccional del género y la vejez, haciendo énfasis -a partir de los planteamientos de Mónica Navarro y Sandra Huenchuan, 2018- en la afirmación de que la edad es una dimensión menos frecuente en los estudios de género que abordan la interseccionalidad, y que precisamente la edad se encuentra atravesando el género dentro de un marco sociocultural y a su vez produciendo efectos diferenciales como un proceso de subalternización creciente y prolongada.
Asimismo, durante su intervención expuso, a partir de la mirada del curso de vida, algunas estadísticas relevantes de la situación del envejecimiento en el Perú, visibilizando las grandes brechas de género existentes respecto de las mujeres en todo su curso vital, repercutiendo significativamente en su vejez a razón de la discriminación por el solo hecho de ser personas mayores (edadismo/viejismo) y además por ser mujeres, entre otras categorías de análisis que generan múltiples discriminaciones, como la etnia, la orientación sexual, la diversidad funcional, la situación socioeconómica, entre otras.
Aprovechando el espacio y en el marco del Día Mundial del Cuidador (5 de noviembre) planteó la siguiente afirmación:
“Los cuidados han tenido históricamente un rostro femenino, esto quiere decir que las mujeres han tenido -aunque menos que antes, se mantiene hasta la actualidad- el rol del cuidado tanto en el espacio privado como en el público. En ese sentido, muchísimas mujeres han cuidado en todo su curso de vida, y siguen cuidado en su vejez, asumiéndose -incluso por ellas mismas- que el cuidado así como las tareas de casa no son trabajo, cuando en realidad sí lo son, y por lo tanto tienen que ser valorados y ejercidos sin ningún tipo de abuso” 
 
Además manifestó que es importante tener en cuenta que no todas las mujeres mayores pueden ser consideradas igualmente oprimidas por el patriarcado, por las diversas situaciones de oportunidades y/o privilegios que han tenido, como el acceso a la educación por ejemplo. Sin embargo, la edad siempre afecta la posición social de las mujeres, mucho más que a los hombres. En ese sentido, las diversas situaciones de la vejez y en particular de las vejeces femeninas deben de problematizarse y considerarse como una nueva cuestión social, que, como es sabido, es una categoría de análisis en el estudio y la intervención del Trabajo Social.
Finalmente, planteó algunos desafíos -basados en los estudios de Anna Freixas- tales como que los estudios de género y la investigación feminista ha contado aún con muy pocos trabajos que recojan la voz de las mujeres especialmente cuando se han pasado los 80 años, además que, análogamente, el movimiento feminista no ha tomado hasta la actualidad como una de sus banderas de lucha la agenda de las mayores afirmando que “hay una falta de reconocimiento de nosotras mismas como seres envejecientes , tomando distancia de las viejas y viéndolas como como ellas/otras” y, por último, que la gerontología y las disciplinas que abordan el campo gerontológico (como el Trabajo Social) también tienen una deuda en el tratamiento de este tema; concluyendo que  “El abordaje de las vejeces femeninas es aún una tarea pendiente para los estudios de género, el movimiento feminista y el campo gerontológico”.