Teresa López, 74 años (Paciente del HNP) Hace unos meses me detectaron un tumor en la médula espinal y tras operarme en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo, me trasladaron al Hospital de Parapléjicos.

Al principio no sabía si podría caminar pero en todo momento pensé: “esto no va a poder conmigo”. Empecé mi rehabilitación con muchas ganas de trabajar y siempre pensando que tenía que superar este trance. Luché y trabajé duro e intenté no deprimirme nunca.

Poco a poco la rehabilitación fue dando sus frutos, y comencé a caminar con mucho esfuerzo y trabajo. Según lograba pequeñas metas me animaba a seguir trabajando. El trabajo de la psicóloga fue fundamental, me dio mucha fuerza.

Mi vida tras la lesión medular ha cambiado, pero no a peor. Ahora soy consciente de que a mi edad y tras esta experiencia, hay que vivir el día a día. Ha cambiado mi forma de pensar y creo que la fuerza mental tiene que ir por delante para no amilanarte ante estas situaciones.

Cuando tuve la lesión pensé: “me ha tocado esto: ¿Cómo puedo superarlo y vivir con ello de la mejor manera?”, creo que este pensamiento me acompañó siempre y me sigue acompañando. Procuro no agobiarme para no deprimirme y no agobiar a los míos y procuro ser constante para no perder capacidades, sino todo lo contrario, ir ganando. Es verdad que hay días que se junta todo y cuesta levantarse pero procuro pensar en positivo y logro afrontar el día de tal manera que acaba siendo un gran día.

Tras la lesión he aprendido a valorar mucho a mi familia porque he visto hasta qué punto son capaces de ayudar, a pesar de tener cada uno su vida. Me he dado cuenta de que a mi edad sigo siendo un gran pilar para ellos y tengo que ser fuerte para que no caigan. Mi lesión me ha dado muchas lecciones de vida que a mi edad se valoran muchísimo. Ha sido una experiencia que, no es que considere positiva ni mucho menos, pero en determinados aspectos agradezco haberla vivido, porque me ha ayudado a darme cuenta de muchas cosas importantes.

Cuando me dieron el alta en el Hospital de Parapléjicos busqué un centro en mi lugar de residencia, Sonseca, para continuar con mi rehabilitación porque tenía clarísimo que no iba a tirar la toalla, quería seguir trabajando y seguir avanzando.

Sigo siendo autónoma en casa y hago las tareas del día a día sin necesidad de ayuda, simplemente ahora me he concienciado de que mis capacidades son distintas y tengo que emplear más tiempo en hacer las labores de la casa, pero es cuestión de acostumbrarse.

Me siento muy orgullosa de mí misma porque, a mi ritmo, aunque sea más despacio, hago todo yo sola y estoy contenta de seguir siendo capaz de hacerlo.

Además, continúo con mi labor de voluntaria de Cruz Roja. Antes de la lesión ya lo era y ahora sigo yendo y sigo siendo referente de los productos de apoyo. Es algo que me gusta y seguiré haciéndolo hasta que ya no pueda.

A día de hoy he adaptado mi vida a la lesión y soy capaz de conducir mi coche; puedo vivir en mi domicilio, a pesar de estar en un primero sin ascensor; puedo hacer mi vida normal y salir a comprar; puedo seguir con mis actividades rutinarias en casa y fuera ¿Qué más puedo pedir? Soy muy feliz con todo ello.

A raíz de mi lesión he empezado a escribir mis memorias para regalárselas a mis hijos, algo que jamás hubiese pensado hacer. Antes no tenía tiempo y ahora, tras mi jubilación y después de la lesión, he empezado a dar más valor al hecho de que ellos conozcan mi vida, y quiero contárselo todo en mis memorias. Ahora que tengo tiempo para hacerlo, me he decidió a escribirlas.

También he tenido que renunciar a cosas tras la lesión, por ejemplo a los viajes con mis amigas. Soy socia de ASPAYM y estoy convencida de que en algún momento retomaré lo de viajar, pero será distinto, serán viajes adaptados a mi situación. A excepción de esto, puedo decir que no he tenido que renunciar a nada más.

La lesión para mí ha sido un paréntesis en mi vida que me ha hecho reflexionar sobre lo vulnerables que somos y me ha ayudado a valorar la vida. Ahora soy consciente de que, a pesar de mis limitaciones por la edad y por la lesión, tengo una vida plena y feliz.

Recuerdo cuando estaba ingresada en el hospital que en el comedor coincidía con un paciente joven que tenía una tetraplejia y yo le insistía en que no debía deprimirse porque existen muchas formas de vivir, y la vida desde una silla de ruedas puede ser maravillosa, y él siempre me decía “Teresa, tú hasta los 73 años has vivido muy bien” y yo le decía “Yo no pienso en lo vivido, pienso en todo lo que me queda por vivir y cómo voy a vivirlo lo mejor posible”.

Puedo decir que tengo una vida plena. Tengo 74 años y una lesión medular y puedo dirigir mi vida, ser independiente dentro de mis limitaciones ¡Vivo estupendamente!

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