“Curriculum Vitae” es un proyecto que combina la fotografía y la antropología para retratar el mundo laboral de las personas mayores en Perú, un tema poco explorado e invisibilizado. En el imaginario popular, el trabajo y la vejez parecieran ser dos elementos incompatibles porque se suele considerar equivocadamente a esta etapa de la vida como un momento de inactividad, dependencia e improductividad económica. Por el contrario, la realidad nos demuestra que más de un tercio de latinoamericanos mayores y más de la mitad de peruanos mayores desempeñan labores remuneradas y contribuyen a mejorar su propia situación económica y la de sus familias.

Las discusiones acerca del trabajo que ejercen las personas mayores en Perú buscan conocer qué origina este fenómeno. Se piensa que se debe principalmente al mal funcionamiento del sistema de pensiones que no beneficia a más de la mitad de los ciudadanos peruanos y a los bajos montos de pensiones para aquellos pocos que sí son parte del sistema previsional. En ese sentido, trabajar sería una estrategia de supervivencia en contextos de precariedad o pobreza.

El proyecto Curriculum Vitae no es ajeno a las problemáticas económicas que rodean el trabajo de las personas mayores pero nos invita a analizar otros aspectos no explorados. Este proyecto desea conocer los contextos en que trabajan las personas mayores todos los días, cuáles han sido los cambios en sus historias laborales durante la vejez y, lo más importante, desea conocer los motivos subjetivos por los que una persona mayor decide continuar trabajando. ¿Será que los mayores no sólo trabajan para sobrevivir o por motivos económicos? ¿Qué hay detrás de frases tan categóricas como: “preferiría morir a dejar de trabajar” o “quiero trabajar hasta que mi cuerpo aguante”?

¿Quiénes realizaron este proyecto?

Esta investigación fue realizada por las jóvenes investigadoras Gabriela Ramos y Erika Tirado, antropólogas del Grupo de Investigación Edades de la Vida de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y los fotógrafos Erick Nazario y Nicola Espinosa. Ellos comenzaron este proyecto a inicios del año 2016 de manera voluntaria por su deseo por conocer más sobre una población bastante olvidada en Perú, donde casi nada se ha investigado sobre esta temática. Se plantearon trabajar con un grupo pequeño de personas mayores de 60 años que ejerzan diversas actividades remuneradas en la ciudad de Lima. Decidieron que era fundamental tener distintos puntos de vista por lo que planificaron trabajar tanto con hombres como con mujeres, con diversos tipos de trabajadores -desde artistas, intelectuales o vendedores ambulantes-, así como también con quienes son parte de un sistema de pensiones como con quienes quedaron fuera de él. Así recolectaron las historias de un grupo de personas mayores voluntarias quienes fueron entrevistadas y fotografiadas para este proyecto.

¿Cuáles fueron los hallazgos de este proyecto?

Cada persona e historia recopiladas en este proyecto son distintas y únicas, a pesar de ello, al analizarlas se encontraron aspectos en común entre todas ellas.

El estudio halló que las diferencias entre las experiencias de trabajo en la vejez y de las capacidades de acceso al sistema previsional son producto de las desigualdades vividas y las desventajas acumuladas a lo largo de la vida. En ese sentido, el tener acceso a la educación básica y superior durante la niñez y juventud; el nivel socioeconómico; el lugar de origen -sea rural o urbano- y el género; así como el contexto económico y político en que se han desarrollado estas trayectorias laborales deriva en posibilidades de desarrollo particulares y finalmente, en sus condiciones actuales de trabajo. Todo ello se refleja en la cantidad de horas laboradas al día, el tipo de espacio en que se ejerce el trabajo y la presencia o ausencia de apoyo para realizarlo. Por ejemplo, los casos que han tenido trayectorias marcadas por la pobreza, la falta de acceso a educación y que han ejercido trabajos informales durante toda su vida, actualmente deben de continuar trabajando más de 10 horas al día y en situaciones precarias, mientras que los profesionales jubilados suelen trabajar menos de 9 horas en espacios seguros y cómodos como sus hogares o instituciones, rodeados de colegas o familiares.

Por otro lado, con mucha sorpresa se halló múltiples razones para continuar trabajando durante la vejez a pesar de encontrar un mercado laboral adverso por la presencia de estereotipos “viejistas”. En primer lugar, se hallaron motivaciones económicas que se referían al deseo de supervivencia de quienes no contaban con una pensión de jubilación o la necesidad de mantener a otros miembros más jóvenes de la familia. Algunas personas con jubilación consideraban que debían de trabajar para poder mantener un estilo de vida deseado.

Necesito el dinero para ayudar a mi nieta porque sus papás son personas que no se ocupan de ella. Mi hijo es una persona irresponsable porque es alcohólico. Recibe su plata y todo se lo toma y todo el gasto es para mí. El año pasado yo hice todititas las compras de los útiles, su uniforme y meterla a un colegio. Lo que junto cuando me sobra plata, ahorro y le he guardado en el banco para ella. (Mujer de 71 años. Empleada doméstica sin jubilación)

Mi pensión me alcanza para vivir cómodamente, ¿no? Pero no para poder viajar, poder ir a buenos restaurantes, son cosas que cuestan. Son cosas que siempre he hecho, ¿por qué dejar de hacerlo? Quiero poder desarrollarme, vivir, darme el mismo ritmo de vida de antes (Hombre de 89 años. Periodista con jubilación)

También se mencionaron múltiples motivaciones no vinculadas a lo económico. Por ejemplo, el deseo de vincularse y de servir a otros a través del trabajo, así como continuar un legado familiar o cultural que deseaban honrar y mantener vivo hasta el fin de sus días.

Hasta el último suspiro. El retablo [tipo de arte tradicional de los Andes peruanos] es parte de mí. Si yo de alguna forma dejo de trabajar esto, estaría negando a mi papá. Yo hasta el último voy a seguir manteniendo el retablo hasta que se pueda. Siempre voy a vivir con el legado de mi padre porque él es quien desde chico me ha incentivado (Hombre de 62 años. Artesano retablista sin jubilación)

Yo me siento orgullosa porque ‘mis niños’ [niños que crió como nana] son personas muy buenas, muy tranquilas, no tienen ningún problema. Han sido obedientes, me han hecho caso y yo me siento orgullosa por ellos. Rodrigo, por ejemplo, no ha tenido ningún vicio, es un niño sano, tranquilo. Dedicado a los deportes y la música. Igual Ariana. Por eso, yo me siento orgullosa. Ese es mi gran orgullo que tengo (Mujer de 71 años. Empleada doméstica sin jubilación)

Para otros, el trabajo dotaba de sentido a la vida, era parte constitutiva de la identidad personal y un medio importante para continuar aprendiendo y realizarse personalmente. Algunos entrevistados explicaron que no deseaban que sus días estén vacíos. Esto implicaba contar con una rutina de actividades ordenadas y que lo que hicieran tenga significado e importancia. Del mismo modo, un grupo de entrevistados -principalmente aquellos que han tenido una carrera profesional- tenía una especial estima por su trabajo porque lo consideraban parte de su identidad y una fuente de realización personal.

[Si no trabajara], me aburriría tremendamente. Ha habido veces en que he salido de vacaciones y he hecho todas mis cosas y me han quedado dos días y yo –según mis hijas- soy una fiera enjaulada (risas). Porque quiero hacer una cosa, quiero hacer la otra. ‘¡Mamá, pero tranquilízate!, ¿por qué no vas al cine?’. O sea, indudablemente a no hacer nada pero… no me gustaría (risas) (Mujer de 77 años. Bibliotecóloga con jubilación)

[La danza me permite] reconocerme constantemente, no perderme. Trabajar en mis emociones, historias, corporalidad, pensamientos, ilusiones e imaginación. Porque hay un espacio dentro de la danza en la que te puedes sentirte muy tú, sin contaminaciones, sin presiones del sistema, sin los qué dirán, sin contenciones. Entonces creo que en el espacio que he encontrado ahí soy más libre, puedo sentirme más en mi esencia. (Mujer de 63 años- Bailarina con jubilación)

Asimismo, el continuar trabajando estaba asociado con la búsqueda de un mejor estado de salud físico y emocional o el deseo de mantenerlo. Por otro lado, casi la totalidad de los entrevistados tenían la seguridad de que el secreto para mantenerse saludables y vivos es estar en constante actividad física y mental a través del trabajo, por lo cual, aseguran que esta es una de las principales razones para no retirarse.

El trabajo es lo que me permite estar saludable. Físicamente bien y mentalmente también. Es un ejercicio. Y si no, cómo sería mi vida. Ya me dolería la pierna, el estómago, el pecho, qué se yo, todo. [Trabajando] no entras en depresión, tu mente está ocupada en otra cosa. No piensas ‘ay, cuándo me voy a morir. Ay, me voy a enfermar, cómo será mi mente’, ¡nada de eso! Yo nunca he pensado en eso. No tengo tiempo para deprimirme (Hombre de 89 años. Periodista con jubilación)

¡Conoce más y participa!

Si deseas conocer más sobre este proyecto y poder leer sobre los casos que fueron parte de él, te invitamos a entrar a su página web: www.curriculumvitae.pe. Además, los investigadores los invitan a escribir sus comentarios, enviar sus propias historias o las de personas mayores que trabajan que ustedes conozcan para que sean parte de su página web. Finalmente, ellos tienen deseo de continuar exponiendo sus fotografías y hallazgos de investigación, por lo que pueden invitarlos a exponer en su comunidad para conversar y debatir.

Autoras: Gabriela Ramos y Erika Tirado