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Una llamada del presidente de la cooperativa de personas mayores Servimayor (Cáceres), Martin González Carvajal sorprendía a Francisco Olavarría Ramos requiriendo su presencia para las próximas jornadas sobre “Humanización de la Salud. El cuidado de los mayores institucionalizados”. La conversación fue algo como así “Dos de las enfermeras que trabajan en nuestra residencia de mayores te han escuchado en Madrid y necesito que vengas a compartir tus conocimientos con nosotros al pueblo más bonito de España”. No había otra opción que aceptar la invitación.

“La fragilidad” fue el título con el que agitó a la audiencia, familiares de los residentes, profesionales del sector sociosanitario y una veintena de niños y niñas que estaban en un campamento promovido por la dirección y hecho posible gracias al entusiasmo y esfuerzo de una gran persona, el docente Ignacio Chato.

Al contrario de lo que pudiera parecer nuestro compañero no habló del ‘síndrome del anciano frágil’, algo de lo que están plenamente facultados los y las geriatras y que ya tienen sus espacios, sino de lo que él ha definido como “las fragilidades que hay en nosotros”. Como en más de una ocasión le habéis oído decir, al gerente del Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia y director de contenidos de este medio de comunicación, le gusta autodenominarse un ‘contador de historias’ y en esta línea, escogió el famoso cuadro de ‘La gran ola’ de Hokusai para introducirles en lo que según su punto de vista “se nos viene”, posteriormente elaboraría un detallado  recorrido por las fragilidades: del estado, las instituciones, la geriatría y la gerontología, la comunicación, la publicidad o el activismo, entre otras tantas. Siempre con un enfoque de inclusión, diversidad y género.

Ignacio Chato, Martin González (presidente de la Cooperativa Servimayor) y Francisco Olavarría

El público asistente tomó buena nota de las recomendaciones así como de todas las praxis que precarizan nuestro trabajo o enferman a las personas con las que interactuamos.

Pese a que el discurso de nuestro compañero no fue muy optimista, confesaba lo siguiente “conociendo y reconociéndonos en todas nuestras vulnerabilidades podemos ser conscientes de que aún hay mucho por hacer y mejorar. Trabajamos con material sensible y estamos a tiempo”.

Terminada la conferencia y conociendo de la existencia del campamento intergeneracional, decidió hacer noche en esta singular residencia de mayores para ser testigo del trabajo real de humanización que viene haciendo esta gran familia. El calor que azotaba Extremadura la semana pasada ya no importaba, la energía que allí se desprendía ha hecho que Olavarría Ramos venga con las pilas cargadas, agradecido por la oportunidad y deseando que conozcáis Servimayor.

Su directora y presidente nos han comentado que tienen las puertas abiertas para quien quiera ver como será el futuro: espacios de encuentro intergeneracional.

Otro mundo es posible y en Losar de la Vera, lo están haciendo construyendo a base de convencimiento, esfuerzo y pasión.

Cuaderno didáctico: “El Micro Edadismo lo vamos a jubilar”