Aunque el amor no debería costar nada, parece que eso no es cierto para aquellos que buscan pareja hoy en día. Y si tienes más de 30 años, el precio se incrementa. Por lo menos, eso es lo que piensa Tinder.

Un tribunal de California dictaminó a favor de un hombre que demandó a Tinder por discriminación de edad basada en sus planes de precios de Tinder Plus y Tinder Gold. El hombre alegó que la estructura de precios de Tinder Plus: $ 9.99 al mes para los menores de 30 años y $ 19.99 para los mayores de 30 años, violaba las leyes de discriminación por edad.

¿Acaso con estos precios Tinder pretende ser una aplicación solo para jóvenes?

Intentó argumentar que solo estaban dando un descuento a los usuarios más jóvenes, que probablemente no tenían tanto dinero como los usuarios mayores, pero el tribunal que ha dictado la sentencia considera que es una discriminación y que, por lo tanto, la firma tendrá que modificar los precios de los servicios premium dentro de su aplicación de ‘citas’.

¡BRAVO, BRAVO Y BRAVO por esa sentencia!

De la sentencia:

 

El funcionamiento de Tinder es sencillo, o lo era cuando inició sus andadas la aplicación. Funciona prácticamente como un catálogo de personas en el que se muestra una fotografía y la información básica introducida por el propio usuario. Esta fotografía se puede deslizar a izquierda o derecha, y esto significa que ‘aceptamos’, o no, al contacto en cuestión. Si lo aceptamos, y coincidimos con la otra persona, entonces podremos establecer una conversación privada en un servicio de mensajería instantánea que, a grandes rasgos, es como WhatsApp.

De la sentencia:

No importa lo que la investigación de mercado de Tinder pueda haber mostrado sobre el ingreso relativo y la disposición de los usuarios más jóvenes a pagar por el servicio, como grupo, en comparación con la cohorte de más edad, algunos individuos no encajarán en el molde. Algunos consumidores mayores estarán “más limitados en su presupuesto” y estarán menos dispuestos a pagar que otros en el grupo más joven. Concluimos que el modelo discriminatorio de precios, como se alega, viola la Ley Unruh y la UCL en la medida en que emplea una generalización arbitraria, basada en clases, sobre los ingresos de los usuarios mayores como base para cobrarles más que a los usuarios más jóvenes. Debido a que nada en la queja sugiere que existe una política pública sólida que justifique la supuesta fijación de precios discriminatorios, el tribunal de primera instancia cometió un error al sostener la objeción. En consecuencia, deslizamos a la izquierda, y revertimos.