Dra. Mônica Donio-Bellegarde Doctora en Psicogerontología, docente en el Máster Universitario en Gerontología y Atención Centrada en la Persona de la Universidad Internacional de Valencia (VIU)

En las últimas décadas, se viene notando un aumento constante del colectivo de personas mayores: el 18,5% de las personas que viven en España tienen 65 años o más (INE, 2016). Un aspecto importante del envejecimiento poblacional es que existen más mujeres mayores que hombres de la misma edad. Las mujeres son más longevas y suelen casarse con hombres mayores que ellas, aumentando la probabilidad de que se queden viudas. Además, es común que los hombres mayores que se quedan viudos vuelvan a emparejarse, lo que no suele ocurrir con las mujeres. Como consecuencia, existen más mujeres que hombres viviendo solos durante la vejez. De hecho, casi el 71% de las personas de 65 o más años que viven solas en España son mujeres (INE, 2017).

Otro cambio social que merece ser destacado es el llamado “Aging in Place”: seguir viviendo en sus propias casas es la primera opción de la mayoría de las personas mayores. Envejecer en un entorno conocido y seguro tiene sus ventajas, pero también algunos inconvenientes. Por ejemplo, muchas viviendas no están adaptadas a las limitaciones de las personas mayores, lo que aumenta la probabilidad de que estén socialmente aisladas. De hecho, muchos estudios asocian el hecho de vivir solo a un mayor riesgo de aislamiento social y de sentimientos de soledad.

La soledad es una experiencia subjetiva y desagradable, que surge cuando la expectativa que una persona tiene sobre la cantidad de contactos y/o la calidad de sus relaciones sociales está por encima de la realidad que ella experimenta en su día a día. Aunque sea una experiencia subjetiva e individual, muchos investigadores han buscado identificar cuáles son los factores que se asocian a este sentimiento.

A partir de los resultados de una investigación cuantitativa con una muestra de 267 mujeres de 70 a 90 años de edad, que vivían solas en la ciudad de Valencia y eran usuarias de un servicio de teleasistencia, se ha confirmado que el colectivo de mujeres mayores que viven solas efectivamente está en mayor riesgo a sentirse solas, comparado a otros grupos de personas mayores (Donio-Bellegarde, 2017). Además, se ha visto que el perfil tipo de las mujeres mayores que están más aisladas socialmente se caracteriza por: contar con una red social reducida, recibir poco apoyo social de sus amigos y familiares, tener un contacto poco frecuente con la familia, evaluar su estado de salud de manera más negativa, tener una movilidad más restringida y además, estar poco satisfechas con sus vidas.

Por lo tanto, queda patente la importancia de la red de apoyo social a la hora de combatir los sentimientos de soledad. Es recomendable que cuidemos nuestras relaciones sociales y no esperemos a que los demás nos busquen. Por ejemplo si usted echa de menos a su hijo y se pone triste porque hace mucho que no le llama, coja el teléfono y llámelo usted. Crear nuevos lazos de amistad también nos ayuda a sentirnos menos solos. Una posibilidad sería buscar un curso o actividad grupal que se ofrezca en su barrio, por ejemplo. Convivir con los demás e intercambiar apoyo social nos ayuda a sentirnos más acompañados.

Referencias bibliográficas:

INE – Instituto Nacional de Estadística (2016). Indicadores de Estructura de la Población. Recuperado el 17 de abril de 2016 en: http://www.ine.es/jaxiT3/Datos.htm?t=1417

INE – Instituto Nacional de Estadística (2017). Notas de Prensa: Encuesta Continua de Hogares. Año 2016. Recuperado el 30 de abril de 2017 en: http://www.ine.es/prensa/ech_2016.pdf

Donio-Bellegarde, M. (2017). La soledad de las mujeres mayores que viven solas. (Tesis Doctoral). Universidad de Valencia.