Con frecuencia, se piensa que lo más común es que los mayores desarrollen un problema mental; sin embargo, esto no ocurre de manera automática por llegar a cierta edad. De hecho, varios de los factores que afectan a la salud mental pueden hacerlo independientemente de cuántos años se tenga, como la expresión de alguna predisposición genética o la vivencia de experiencias traumáticas. Si bien es posible identificar algunos aspectos asociados a una menor salud mental en la vejez, es importante tomarlos como referentes y evitar las generalizaciones. Por ejemplo:

  • El diagnóstico de una enfermedad crónica y/o incapacitante: como síntoma asociado al problema físico o a causa del impacto emocional de su aparición (por la exposición constante al dolor o menor autonomía).
  • Cambios radicales o pérdidas significativas: la jubilación, la muerte de seres queridos, mudanzas.
  • Aislamiento, abandono y soledad: sea que la familia u otras personas significativas se desentienden o existen limitaciones para interactuar con ellos
  • Pérdida del sentido de vida: ante dificultades para replantear cómo vivir esta etapa o por la activación de los propios prejuicios asociados a la edad al identificarse como mayores
  • Reducción en la calidad de vida por condiciones socioeconómicas desfavorables: finanzas disminuidas, falta de espacios de participación en comunidad, ser víctima de discriminación o violencia
  • Hábitos de vida poco saludables: como sedentarismo o una dieta inadecuada
  • Abuso de sustancias: la adicción a alguna droga, el impacto del consumo excesivo o la combinación inadecuada de medicamentos 

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Aunque las demencias y otros problemas neurodegenerativos que afectan con más frecuencia a los mayores causan daño irreversible, es posible promover calidad de vida en estos casos. Y, ante problemas menos severos (como un duelo problemático, depresión o ansiedad), la posibilidad de recuperación se amplía. En cualquier caso, velar por la salud mental de los mayores implica considerar que las circunstancias mencionadas líneas arriba pueden presentarse en paralelo; por ello, es necesario conocer cada caso a profundidad y brindarle atención integral. Aquí algunas ideas de cómo hacerlo:

  • Reconocer la conexión mente-cuerpo: los profesionales de la salud que trabajen con mayores deben indagar sobre cambios en el estado de ánimo o el comportamiento, no solo en síntomas físicos
  • Cuestionar nuestros prejuicios respecto a los mayores y las enfermedades mentales: así nuestra relación con ellos, y nuestra capacidad de ayudarlos, mejorará
  • Promover estilos de vida saludables entre los mayores: basados en una alimentación balanceada, actividad física regular y buen descanso
  • Generar conciencia sobre la importancia del cuidado de la salud mental y brindar información que oriente a los familiares y cuidadores de los mayores: así podrán identificar señales de alerta oportunamente
  • Animar a los mayores para que se involucren en las decisiones que conciernen a su vida: dándoles el espacio que les corresponde para que se expresen sus deseos y necesidades.

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Autora: Miriam Lúcar

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Miriam Lúcar es “65 y más. Envejecimiento activo”