Otra historia de cuidadoras en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Mª del Rosario Muñiz (Cuidadora. Mujer de Jorge Granda, paciente del HNP) – Desde que Jorge, mi marido, cayó enfermo hemos estado más de 13 meses entre hospitales, y entrando y saliendo de la UCI. En una ocasión, incluso, nos llamaron para que nos despidiésemos de él porque ya no podían hacer nada más, le llegaron a dar la extremaunción, pero salió de ello y por eso la gente me ve alegre y puedo decir que soy plenamente feliz. Para mí, Jorge ha vuelto a nacer y vuelve a estar conmigo.

Él tiene un Guillén Barré que se ha complicado con algo más que aún no saben qué es. Aquí, en el Hospital de Parapléjicos ha sido donde han podido estabilizarle y administrarle un tratamiento con el que ha logrado una mejoría increíble. Ahora puede hablar, puede comer y están trabajando su rehabilitación para que mejore la movilidad.

Llevo muchos años siendo cuidadora, primero con mi madre, que sufría una demencia, luego con mi padre y ahora con mi padre y con mi marido, con los dos.

Con mi madre yo era más joven y se lleva de otra manera, es menos agotador aunque sea igual de duro. Luego al tener que cuidar de mi padre contaba también con la ayuda de Jorge en quien me apoyaba mucho. Llega lo inesperado y Jorge contrae un Guillén Barré y tuve que trasladar mi residencia a un piso cercano al hospital de Avilés, donde ingresó, así podía atender a mi padre en el piso y a mi marido en el hospital. Llegué incluso a tener a los dos ingresados, a mi padre en planta y a mi marido en UCI y yo iba de un sitio a otro para tener a los dos atendidos. Hasta que llegó el momento de ingresar en el Hospital de Parapléjicos y no tuve más remedio que llevar a mi padre a la residencia de mayores de Luanco.

Desde hace muchos años asumí que todos los que estaban a mi alrededor tenían que ser cuidados por mí. Cuando Jorge estaba bien yo le decía: “no me quiero quedar la última” y él siempre me respondía: “no te preocupes, cuando tú necesites que te cuiden yo estaré aquí para cuidar de ti”. Ahora eso ya no será posible; ahora sigo siendo cuidadora y lo soy también de él, pero te aseguro que estoy feliz porque a pesar de todo, él está conmigo, estamos juntos y eso para mí es lo más importante.

Cuando pasan cosas así, situaciones como la que estamos viviendo, no afecta sólo al pacientes, sino a todo el entorno; a mí, por supuesto, como compañera suya de vida, pero también a todos los que en cierto modo dependen de mí o de él: mi padre, mi hijo y su mujer, mis nietos. Esta situación afecta y descontrola la vida de todos.

Ahora me siento como si tuviera mi vida repartida entre la residencia de ancianos donde está mi padre; Avilés, donde vive mi hijo y Toledo, donde estoy con mi marido. Pero según voy viendo que Jorge va mejorando, me doy cuenta de que mi lucha tiene mucho sentido. Estoy luchando por algo y la recompensa, el tenerle a él conmigo, es grandísima, por eso estoy feliz. Jorge me ve de lejos y ya se le iluminan los ojos, eso para mí es todo.

Considero que los cuidadores debemos tener un perfil definido. Creo que debemos ser cariñosos y sensibles, debemos sentir pero no exteriorizar, saber llorar a solas y mostrar siempre nuestra sonrisa. Yo creo que soy así, o por lo menos lo intento.

Ahora vamos a vivir otra vida distinta, con una movilidad limitada, pero no nos vamos a dejar caer; vamos a vivir esta vida y a ser felices. Esta es la alegría que quiero transmitir a todos, principalmente a mi marido.

He tenido que renunciar a cosas por ser cuidadora, pero es que en la vida renunciamos a cosas también por elección propia. Yo, por ejemplo, renuncié a mi profesión de profesora de instituto por cuidar y criar a mi hijo porque me apetecía, lo hice por amor. Ahora todo lo hago también por amor y por eso no me importa. Sí, renuncio a cosas, no me dedico a mí nunca, pero lo hago por amor y por eso no me importa, veo a mi gente feliz con ello y eso me hace muy feliz a mí.

En mi faceta de cuidadora recibo tanto cariño, tanto amor, que compensa todo. Mi marido me mira, me acaricia el pelo, sonríe cuando me ve y me llena mucho porque sé que piensa: “eres en quien me apoyo y te tengo aquí conmigo” y eso me hace feliz, para mí es lo más grande, tanto que puedo decir que no echo en falta nada.

Después de tantos años dedicándome a los míos y a sus cuidados, he tenido un desgaste muy grande, sobre todo en los últimos meses con todo lo vivido con mi marido, adelgacé cerca de ocho kilos porque me ocupo de todo menos de mí, me olvido incluso de comer.

Ahora tengo mucha esperanza puesta en la rehabilitación, creo que puede mejorar mucho y podremos vivir una vida muy plena, distinta y con muchas limitaciones, pero plenamente feliz. Aprenderemos a vivir de otra forma y seguro que valoraremos mucho más el día a día, cada amanecer y cada momento juntos.

No me canso de decir que soy una persona muy feliz, mucho. Después de tantos años juntos, mi marido sigue estando conmigo y eso me hace sentir la persona más feliz del mundo, a pesar de las limitaciones.

Fuente:

No Hay Más Artículos