Me gustan las mujeres y los hombres cuyas canas iluminan sus sonrisas. 

¿Habéis notado que el pelo blanco es muy luminoso?

Me gusta como la naturaleza nos ha hecho y nos va transformando, haciendo visibles las elecciones que cada persona hace y los caminos que toma. 

Todo es visible, pero a veces lo queremos disfrazarlo. 

Tenemos miedo.

Miedo de no parecernos a lo que, supuestamente, debe parecerse una persona de nuestra edad. Imaginamos una especie de película en la que otro yo, en estas condiciones que tanto anhelo, sería muy feliz.

Intentamos resolver, cambiar, alejarnos, movernos…..pero nos olvidamos quizás de lo más obvio. Posiblemente no haya nada que resolver, sino sólo que vivir. En la no aceptación está nuestra incapacidad de ver que no estaríamos mejor en esta otra vida, sencillamente porque no sería la nuestra. 

Así que con el pelo, las arrugas, la ropa, las tarjetas de visita, los coches, los pisos, los perros… me pregunto lo mismo. ¿Queremos resolver algo, en la esperanza de ser más felices en estas otras condiciones o con estas otras cosas o bien estamos viviendo intensamente el presente y experimentando con todo lo que nos pasa?

La sociedad ha cambiado de manera muy evidente en los últimos 150 años. Ha cambiado la manera en la que nos relacionamos con el entorno, en la que nos comunicamos, la manera de trabajar, de asignar un valor a los servicios y productos, etc. Hemos adquirido otra calidad de vida y también hemos ganado en cantidad. Ha cambiado tanto nuestro panorama diario que miles de operaciones cotidianas que antes tardábamos en realizar, hoy en día se realizan con extrema facilidad y rapidez. En Rusia incluso se habla de que en el 2045 la inmortalidad será opcional y que llegar a los 125 años, lo habitual. 

Pero vuelvo a la misma idea. ¿Qué estamos buscando?

El canon de belleza puede haber cambiado, pero seguimos queriendo estar guapos y guapas.

Lo que se considera “a la moda” es voluble, pero igualmente a una gran mayoría del planeta le interesa estar a la moda. 

La juventud. Vivimos en una sociedad donde prima el culto de la juventud. A los años de experiencia no se le ha asignado todavía un valor positivo, salvo en los Comités de Dirección de las grandes multinacionales que normalmente están ocupados por personas de 70 años o más, pero entonces quizás estemos confundiendo la experiencia con el poder.

Tiramos ropa, comida, objetos al poco tiempo de utilizarlas porque ya no sirven están pasadas de moda, salen los nuevos modelos, lo que tenemos ya no nos gustan.

…Y de repente nos damos cuenta de que aplicamos a las personas las mismas reglas. ¿Las personas estamos sujetas a una obsolescencia programada?

Nos dan miedo el pelo blanco, las arrugas. Las perfumerías empiezan a vendernos productos Anti_Aging antes de los 30 y ¡Entramos al trapo!

Entonces, ¿Qué calidad de vida estamos buscando?

Qué calidad de vida tenemos si nos tenemos que teñir el pelo blanco para parecer más jóvenes. Si tenemos que visitar el médico para rellenar un poco nuestros mofletes, alisar un poco, ¡sólo un poco  claro!, las arrugas….

Pensamos que los demás ni se enterarán pero estaremos más guapos, guapas…

¿Para qué o por qué lo hacemos?

¿Estamos a gusto con nuestra nueva apariencia?, ¿estamos experimentando nuevas vidas y nuevas juventudes? o ¿simplemente estamos intentando “resolver” algo?

¿Pensamos que estos gestos no tendrán ninguna repercusión en nuestro ser? O quizás pensamos que nuestro ser y nuestro hacer tienen dos personalidades distintas.

 Si me digo a mi misma que no me gusta la cara que muestro, el pelo que tengo, la piel que la naturaleza me ha regalado y que durante años he estado alimentando detrás de cada llanto y de cada sonrisa, ¿cómo puedo estar en paz conmigo misma? ¿Cómo puedo estar feliz?

No sabría decirlo. Está claro que en la vida nada es blanco o negro. Así que para nada quiero decir que no hay que arreglarse el pelo o no poder disfrutar de los tintes, sólo creo que preguntarse a veces por qué hacemos las cosas nos ayuda a seguir libres y seguir eligiendo.

A mí me gustaría tener el pelo rojo. Siempre me han gustado las personas con el pelo rojo. Quien sabe no me suba al carro del color en algún momento.

Confío que no será para tapar algo de lo que soy sino para experimentar otras facetas de mí. Quizás sólo para reírme un rato delante de las caras incrédulas de mis amigas.

Habría que reírse un poco más o tomarnos menos en serio. 

Las arrugas son bellas, dicen algo de mí. Si la esencia está dentro para qué me esfuerzo en manifestarme otra, allí fuera. Para qué resolver algo en lugar de vivirlo. Por qué no abrazar las arrugas como signo de mi mapa y de mi recorrido por el mundo.

Yo estoy experimentando cada día cómo mi cara se modifica al aparecer otro pelo blanco. No sé qué sentiré cuando de repente tenga toda la cabeza blanca y si me hará sentir más mayor de lo que creo que soy. 

Así que intentaré preguntármelo cuando esto pase. De momento sólo puedo cerrar así como he empezado. Yo adoro el pelo blanco.

Madrid 1 de Abril 2018

Eleonora Barone. Doctora arquitecto, experta en innovación intergeneracional y dinámicas participativas. Speaker. Fundadora y directora de mYmO. Creadora de los Viernes Visten Canas, desayunos con talento para la transferencia de saberes y la creación de nuevos entornos sin edad.

#ThinkAgeless – Lo artesano no es lo antiguo. La tecnología no es lo joven.

Foto: Leandro Mercado