Luis Vadillo es Director del Instituto BBVA de Pensiones desde hace más de dos años. Con una trayectoria profesional ligada a la previsión social y la gestión de activos, ha asesorado a gran número de empresas e instituciones españolas a la hora de construir soluciones relacionadas con el segundo y tercer pilar de las pensiones, es decir, con el ahorro y la cobertura de contingencias en el ámbito de la empresa e individual. Apasionado y preocupado por el futuro del sistema de pensiones, le preocupa que la sociedad española acabe perdiendo nivel de vida e incluso incurra en riesgo de pobreza a edades avanzadas, para lo cual en su opinión es necesario tomar medidas desde ya que surtan efecto de forma progresiva y en plazos dilatados en el tiempo para evitar que el peso del ajuste recaiga sobre generaciones concretas.

El Instituto BBVA de Pensiones lleva cerca de seis años haciendo seguimiento del sistema de pensiones en España. Realmente, ¿en qué estado se encuentran las pensiones en nuestro país y cómo se ha llegado a esta situación?

En un sistema de pensiones de reparto como el que tenemos en España, donde los cotizantes de hoy pagan las pensiones de hoy, las variables que influyen en la marcha del mismo son, mayormente, de índole demográfica y macroeconómica.

En los últimos 150 años se ha producido una extensión de la esperanza de vida casi lineal, de dos años y medio por década, lo que equivale a cinco horas cada día. Con la consolidación de los avances de la revolución industrial, en la segunda mitad del siglo XIX, cambiaron los estilos de vida y mejoró la sanidad y la inmunización y todo ello aumentó la esperanza de vida media al nacer, también en nuestro país. La longevidad extrema puede hacer que vivamos más de 120 años en unas cuantas décadas. Este es un regalo que tiene la humanidad en la actualidad que, al mismo tiempo, requiere crear riqueza para poder financiarlo. Este punto me permite hilar con las variables económicas que hacen posible la continuidad del sistema de reparto. Para que un país pague pensiones es preciso que cree empleo y que éste sea de la mayor calidad posible. España necesitará 10 millones de cotizantes más para pagar pensiones en 2050, unos 28,5 millones de personas trabajando, para poder pagar los 15 millones de pensiones previstas a la fecha por BBVA Research, el Servicio de Estudios de BBVA. De lo contrario, tendrá que recurrir a los presupuestos generales del Estado y, por tanto, detraer recursos de otras partidas como la inversión pública que favorecen el crecimiento económico.

Otra cuestión de la que no se habla demasiado tiene que ver con la productividad de la economía. Un país donde  no se  pagan salarios altos, no puede asumir pensiones en la línea de estos. Este es un problema al que se está enfrentando la Seguridad Social en España en los últimos años, ya que está pagando pensiones medias a los jubilados mucho mayores que las bases de cotización registradas en el periodo post-crisis (2014 en adelante), donde predominan los salarios bajos y la temporalidad en la contratación. Esto es insostenible en el medio plazo. Por tanto, para que un país abone buenas pensiones no basta con que abra el grifo de la inmigración de forma indiscriminada, como hemos oído en los últimos meses. Una entrada de flujos migratorios no cualificados soluciona el problema en el corto plazo, pero puede generar mayores problemas a futuro si llega una nueva crisis y sube el desempleo.. Por tanto, España tiene que aspirar a crear empresas que paguen salarios elevados y esto se consigue previamente con medidas que hagan crecer la productividad del país. La inversión en educación es una de las políticas que a largo plazo permiten un tejido empresarial dedicado a actividades de mayor valor añadido pagadoras de mayores salarios.

Este fenómeno de la longevidad parece ser una tendencia no solo en países desarrollados, sino también en todo el mundo. ¿Qué hacen otros países con sus pensiones?

La verdad es que en los últimos años estamos observando actuaciones tanto por parte de países desarrollados como en emergentes. En general, en todos ellos la constante consiste en alargar carreras laborales, compatibilizando trabajo y pensión, y una mayor corresponsabilidad del individuo en cuanto a los recursos necesarios para hacer frente económicamente a esta etapa de jubilación cada vez más dilatada. La separación de prestaciones asistenciales frente a las contributivas y su financiación exclusiva por parte de los presupuestos públicos y no de las cuentas de la Seguridad Social es otra de las medidas observadas.

En países desarrollados, es cierto que buena parte de estos  han hecho los deberes desde hace más de una década. Estamos hablando por ejemplo del caso sueco, donde a finales de los 90 los partidos políticos alcanzaron un consenso para reformar el sistema de pensiones para los próximos 40 años, una suerte de “Pactos de la Moncloa”  con el que crearon un sistema de reparto basado en cuentas nocionales, donde todas las cotizaciones del trabajador computan de igual forma con independencia de en qué fecha se hayan producido, complementado con ahorro a través de la empresa y con ahorro personal incentivado fiscalmente. Estas medidas, implementadas durante un periodo transitorio mínimo de 15 años para evitar ajustes excesivos en la pensión de ciertas cohortes de edad, permitirán que el gasto público en pensiones no sobrepase el 10% del PIB en Suecia en las próximas décadas.

También asistimos a movimientos en países como Brasil, cuya economía ya no puede permitirse pagar pensiones de jubilación con edades medias de acceso en torno a los 55 años, o las iniciativas de micropensiones en países africanos como Kenia, donde las personas depositan pequeñas cantidades (equivalentes a 1 ó 2 dólares) cuando tienen entradas de dinero sobrante en un plan de pensiones licitado por el Gobierno y lo que sorprende más: ¡a través de su teléfono móvil!. En estos países, la mujer está siendo protagonista, primero en el emprendimiento y el microcrédito, y ahora también en micropensiones. 

En los últimos meses hemos asistido a medidas tanto del Gobierno saliente, como sentencias de los Tribunales de Justicia para proteger a ciertos colectivos, tales como las madres trabajadoras, cuidadores de personas en situación  de dependencia o los trabajadores españoles que se mudan para trabajar en otro país miembro de la Unión Europea, ¿qué opinión le merecen todas estas medidas?

El sistema público de pensiones en España se origina a principios del siglo XX, posteriormente reformado en lo que hoy conocemos como Seguridad Social allá por mediados de los años 60. Quiero decir que es un sistema pensado para otra realidad social radicalmente diferente a la actual. Por tanto, sigue teniendo muchas rigideces que acaban teniendo impacto en las pensiones que cobran los ciudadanos en el futuro y, lo que es más grave, el sistema no informa bien de dichas consecuencias a las personas durante su etapa en activo, que es cuando tienen margen para tomar decisiones. Cambiar de trabajo, dejar de trabajar o no por tener descendientes o ascendientes a cargo, cambiar de país de residencia, montar un negocio, ahorrar para complementar la jubilación, etc. todas estas decisiones tienen repercusión económica en la pensión futura y la gente no tiene ni idea de todo esto.

Dicho lo anterior, el sistema público de pensiones, por un lado, debe adaptarse a un entorno de vida laboral mucho más cambiante y, por otro, ha de compensar a aquellos colectivos más vulnerables, aunque ello implique recurrir a financiación vía presupuestos generales del Estado. La reciente medida por la cual el Estado costea el Convenio especial de la Seguridad Social para cuidadores no profesionales de personas en situación  de dependencia sinceramente pienso que es de justicia. Al mismo tiempo, puede contribuir a ahorrar recursos públicos en el futuro, ya que estas personas que dedican su vida a ocuparse de familiares o allegados corren riesgo de acabar en situaciones de pobreza cuando lleguen a mayores y tener que recurrir a prestaciones asistenciales.

“El envejecimiento es un período maravilloso para profundizar en capacidades”, M. A. Valero

Luis, ¿cómo construye personalmente su futura jubilación un financiero como Ud.?

El ingrediente fundamental para la jubilación en mi caso es el ahorro. Desde que era muy pequeño he sido ahorrador, así me lo enseñaron mis padres, una familia austera de 3 hijos en la que los dos progenitores trabajaban.

Empecé a trabajar en cuanto empecé la carrera universitaria, en trabajos informales fuera del horario lectivo y más que nada para pagar mis gastos, pero la verdad es que todos los meses ahorraba algo de dinero, y así he seguido haciéndolo en mis 20 años de carrera profesional (15 de ellos ligados al mundo de las pensiones), incluso en las etapas donde los gastos parece que te desbordan: hipoteca, colegio de hijos, coche, seguros… 

En mi opinión, si uno se lo propone, siempre se puede ahorrar algo, aunque sea poco (es cuestión de renunciar a gastos menos necesarios: viajes, tal vez a algo de ocio…), y es recomendable tener objetivos finalistas para ese ahorro: casa, coche, jubilación…

Empecé a invertir en cuanto cumplí los 18 años, al principio muy modestamente y sin una finalidad concreta, pero poco a poco según iba adquiriendo más cultura financiera, fui ampliando las clases de los activos en los que invertía, siempre con un horizonte de medio-largo plazo, diversificando mucho la inversión y apoyándome en los profesionales que más conocen cada mercado.

En la actualidad, y aunque todavía en cantidades pequeñas, mi patrimonio para la jubilación está invertido en Planes de Pensiones, Fondos de inversión e inmobiliario, y estoy mirando con interés la diversificación hacia sectores relacionados con la economía senior, que puede tener un gran desarrollo en el futuro. 

Y, una vez jubilado, ¿cómo va a gestionar su patrimonio durante la jubilación?

En la jubilación contemplo la gestión del patrimonio como un complemento de la pensión pública de la seguridad social, por lo que no pretendo rescatar o vender los ahorros de golpe, sino administrarlos bien para no sobrevivir a mis ahorros (cobro de rentas periódicas que complementen mis ingresos). Un jubilado o prejubilado con recursos ahorrados tiene que enfrentarse a tres posibles contingencias: la mencionada anteriormente, es decir, agotar el ahorro acumulado antes de que fallezca, la inflación como elemento erosionador del capital durante los 23 años de vida que vive una persona en media desde que se jubila, o hacer frente a imprevistos tales como la necesidad de cuidados médico-sanitarios que pueda generar una situación de dependencia a edades avanzadas. Todo ello exige gestionar bien el ahorro acumulado, máxime en un contexto en el que el Estado probablemente no tenga recursos suficientes para ocuparse de las demandas asistenciales de muchos baby boomers que lleguen a edades avanzadas.

En ocasiones se nos habla de que  la fiscalidad de los productos de previsión en España no ayuda a crear hábito de ahorro para el futuro entre los ciudadanos, ¿qué opinión tiene sobre este particular?

La fiscalidad de los productos de previsión es importante, si bien creo que el hábito de ahorro lo es más. El ahorro previsional es algo en lo que podemos (y debemos) actuar, mientras que la fiscalidad de los productos es algo que nos viene dado.

El producto con mejor fiscalidad cuando se hacen aportaciones es el Plan de Pensiones, por lo que conviene tenerlo en cuenta en una cartera destinada a la jubilación (cada persona en función de su perfil de riesgo).

La fiscalidad de los productos de previsión sin duda debería mejorar y, una vez mejorada, mantenerse estable en el tiempo, No podemos someter al contribuyente a bandazos normativos fiscales, ya que acabamos desincentivándolo. Con todo, la fiscalidad no es mala y tampoco podemos quedarnos en esto para no ahorrar. Debemos empezar a ahorrar cuanto antes, idealmente desde que accedemos al mercado laboral y contamos con un mínimo de estabilidad.

¿Cómo afronta posibles casos de dependencia/discapacidad en el futuro (o si los tienes en casa, cómo los gestiona)?

Lamentablemente, y como muchas otras personas, he vivido el tema de la dependencia y discapacidad con mis padres, y la forma de afrontarlo ha sido con mucho cariño, dedicando todo el tiempo posible, y ayudando en todo lo que ha sido necesario.

Si me sucediera a mí, espero poder actuar con la misma entereza y generosidad que he visto en mi casa, y si fuera necesario, me apoyaría en parte en los ahorros conseguidos en estos últimos años. El que guarda, halla, decían mis abuelos. Este es un consejo que pervive en pleno siglo XXI.

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