Las redes  algo sin lo que no sabríamos cómo vivir. Han llegado a nuestras vidas con tanta intensidad que no recordamos cómo era la vida sin internet. Sin embargo, pregúntale a tu abuela qué hacía cuando quería enterarse de toda la actualidad y no tenía Twitter. Los que hoy pasan los 80 años, saben bien de qué iban estas redes sociales que no necesitaban más que de la conexión humana. Esa vida en la que nadie se sacaba fotos de sus pies en la orilla de la playa para decirle al mundo que estaba de vacaciones.

Por ejemplo Facebook estaba en tablón de anuncios de la calle principal del pueblo; los mensajes no los dejabas por Whatsapp, sino con llamadas desde la única cabina que había a media hora de tu casa; y tu Wikipedia eran las mentes más ancianas del lugar… Y para llegar a los sitios, preguntabas a la gente, porque si te perdías no había Google Maps.

¿Te resulta familiar alguna de estas escenas?

En la pequeña localidad italiana de Civitacampomarano, en la que residen habitualmente unas 400 personas, los móviles apenas tienen cobertura y la conexión de datos es prácticamente inexistente. WhatsApp, Tinder o WeTransfer eran conceptos difusos para sus habitantes – la mayoría de ellos ancianos – hasta que hace una semana el artista y activista Fra Biancoshock utilizase sus calles para plasmar un proyecto que, jugando con los contrastes, pretendía trasladar Internet a la vida real.