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Reflexiones sobre el ensayo de Simone de Beauvior y la situación actual del adulto mayor en Colombia.

Por Margarita Sorock

Presentado en Barranquilla al XIII Congreso de la Asociación Colombiana de Gerontología y Geriatría, mayo 17-19, 2018. 

En 1970 cuando Simone de Beauvoir tenía 62 años, publicó su octavo ensayo, de más de 700 páginas, titulado La vejez. Ya era una reconocida escritora con más de 25 años publicando ensayos, novelas, guiones para cine, teatro y memorias (Simon de Beauvoir, Wikipedia).  Su voz pesaba en el mundo de las letras y se atrevía a abordar temas controvertidos y difíciles.  Cuando publicó El segundo sexo en 1949, por ejemplo, se vendieron 22.000 ejemplares en una semana (SdB, Wikipedia).  El lector en español podía contar con excelentes y prontas traducciones hechas por la editora Sudamericana de Buenos Aires (De Beauvoir, 1970, p.6).

Simone de Beauvoir, información biográfica

     “La naturaleza del hombre es malvada.  Su bondad es cultura adquirida” (Las 10 frases más reveladoras…).  

     Simone de Beauvoir nació en París en 1908.  Fue la mayor de dos hermanas de una familia de clase media, y siempre mantuvo una excelente relación con Poupette (Hélène), su hermana menor.  Terminó bachillerato a la edad de 17 años, y la Universidad de París, donde estudió filosofía, a la edad de 21.  Sabía que quería escribir ya que cuestionaba el ser humano y el orden social de todas las épocas, culturas y creencias.

     De Beauvoir comenzó la vida adulta siendo existencialista, una filosofía que pone al ser humano en el centro de su propio universo y le da a él la total responsabilidad de sí mismo.  Con el tiempo, y sus extensivas investigaciones, de Beauvoir modificó su posición ya que sus estudios le convencieron de la importancia de los mitos, las culturas, las religiones, la anatomía y las tradiciones en la formación de ser humano (SdB, Wikipedia).

     En su vida personal, de Beauvoir no optó por un rol convencional.  No se casó.  No tuvo hijos.  A pesar de haber tenido una relación algo conflictiva con sus padres, ella se preocupó por ellos.  Vivía en un apartamento en el mismo edificio de su madre, ya viuda, para poder ayudarla cuando fuera necesario.  

     Una relación muy importante en su vida fue la que tuvo con el escritor y filósofo, Jean-Paul Sartre, tres años mayor que ella, a quien conoció cuando terminaba sus estudios universitarios.  Ella tenía 21, y Sartre, 24 años.  Recién graduados, ellos conseguían trabajos en colegios fuera de París y, frecuentemente, con bastante distancia entre ellos.  Querían estar juntos y, para lograrlo, Sartre le propuso matrimonio.  De Beauvoir rechazó su propuesta.  No quería hijos ni ataduras; creyó que ambos necesitaban libertad.  Calificó su relación con Sartre como un éxito total.  Después de la muerte de Sartre en 1980, de Beauvoir escribió La ceremonia del adiós, una memoria sobre la relación de estos extraordinarios pensadores del siglo 20.  De Beauvoir murió seis años después de Sartre.  Sus tumbas yacen juntas en el Cementerio de Montparnasse.

     Hay bastantes similitudes entre de Beauvoir y Sartre.  Ninguno de los dos se casó.  Ambos se establecieron en París en sus propios apartamentos.  No tuvieron hijos biológicos pero ambos adoptaron hijas que terminaron catalogando y publicando sus obras inéditas.  Ambos fueron fundadores de la revista Les Temps Modernes, que desde 1945, influía en el pensamiento del occidente.    

     Las desigualdades políticas, económicas y sociales fueron una constante preocupación para de Beauvoir.  No creía en la bondad natural del ser humano y sus posiciones políticas buscaban corregir desigualdades.  “El hecho de que exista una minoría privilegiada no compensa ni excusa la situación de discriminación en la que vive el resto de sus compañeros” (Las 10 frases más reveladoras…).  

     Como Sartre, se sintió atraída por el marxismo y los experimentos políticos y sociales de la Unión Soviética.  Viajó a la URSS, China y Cuba para conocer de cerca los cambios políticos y sociales de este nuevo orden.  También conoció los países europeos y los Estados Unidos.  Sus viajes tenían propósitos específicos relacionados con sus intereses literarios.  Varios países la reconocieron con premios literarios y culturales, entre ellos el Premio Goncourt de Francia en 1954, para su novela, Los mandarines; el premio Jerusalén de 1975 otorgada a escritores que destacan la lucha por la libertad; el Premio Austriaco de Literatura en 1978; y el Premio Sonning en 1983 de la Universidad de Copenhague.  Por iniciativa de la reconocida crítica literaria Julia Kristeva, desde 2008 la Universidad Diderot de París otorga el Premio Simone de Beauvoir anualmente a personas e instituciones que han luchado para la libertad de las mujeres.  Activistas de todo el mundo han sido recipientes de este importante galardón.

    Cuando se dedicó al estudio sobre la vejez, de Beauvoir tenía más de 55 años.  Había vivido la vejez de su madre, Françoise, y su muerte en un hospital, a la merced del sistema médico.  En su libro Una muerte muy dulce, publicada en 1964, de Beauvoir recuerda la arrogancia de un médico que atendía a su madre, no con el ánimo de escucharla y servirla, sino como “…objeto de una interesante experiencia y no un ser humano” (De Beauvoir, 1964, pp. 72-73).  El enfermo hospitalizado se vuelve la propiedad de las instituciones y es imposible luchar en contra de ellas (De Beauvoir, 1964, pp. 79-80).

     En el transcurso de su investigación, de Beauvoir descubrió que se paga 2,5 veces más por mantener a un detenido que por un viejo (De Beauvoir, 1970, p. 296).  Ella consideraba la condición de los viejos completamente escandalosa y la sociedad, un hipócrita cómplice de los tratos infrahumanos  (De Beauvoir, 1970, p. 268).  Vislumbra con claridad las consecuencias de la vejez para una sociedad en que la proporción de viejos está en aumento.  Esas son razones poderosas para examinar el tema desde múltiples perspectivas, dando ejemplos de la historia pasada y reciente para apoyar sus argumentos.

     Las sociedades de hoy se han visto en la obligación de conocer la magnitud y las necesidades de su población vieja.  Equipos de expertos están conformados para esas tareas.  Sabiéndolo o no, tienen una gran deuda con Simone de Beauvoir, pensadora que no solo iluminó el camino sino que lo trazó.  Su amplio y profundo abordaje de la vejez sirve de ejemplo e inspiración para las generaciones de ahora—generaciones para quienes es imposible postergar su atención al tema. 

Comentando La vejez de Simone de Beauvoir

     La primera edición de La vejez fue publicada por Ediciones Gallimard de Francia en 1970.  Fue traducida y publicada en español por la editora argentina, Sudamericana, en diciembre de ese mismo año.  Desde 2011 pertenece a la colección “Debolsillo” de Penguin Random House Grupo Editorial.  Su primera impresión en Colombia fue en junio de 2013, con una reimpresión en diciembre de 2016.  Esa edición cuenta con 710 páginas de puro texto.

     La vejez está dividida en dos partes, relativamente iguales, con cuatro capítulos en cada una.  En la primera, de Beauvoir aborda el tema desde la exterioridad, utilizando conceptos de la biología, la etnología, la historia y la sociología.  Se niega a darle una definición analítica al término “vejez” ya que alega que ella “…adopta una multiplicidad de rostros, irreductibles los unos a los otros” (De Beauvoir, 1970, p.17).  Hay que verla en sus múltiples manifestaciones.

     En la segunda parte del ensayo, de Beauvoir enfoca el ser humano en el mundo, lo que el cuerpo y la mente viven.  Ella describe los cambios que experimentamos en relación con el tiempo, la actividad, la memoria y la vida cotidiana.  Su ensayo está repleto de ejemplos de reconocidas personas históricas y su manera de sentir, pensar y vivir la vejez.

     Hay cuatro breves apéndices que tratan los centenarios; la vejez en los Estados Unidos después de Medicare (1965); la respuesta de los países socialistas a la vejez, y la sexualidad en el adulto mayor.

     El presente comentario seguirá la estructura del ensayo original para mayor facilidad del estudiante de temas de la vejez.  Es de recordar que de Beauvoir está formada en filosofía.  Escribe en una máquina de escribir sin acceso a bibliotecas virtuales ni electrónicas, ya que en esa época aún no existían.  Ella pudo enterarse de los estudios y políticas vigentes en su época tanto en Francia como en otros países, y los cita cuando sea pertinente.  Su vasta cultura e insaciable curiosidad fueron los motores que generaron este ensayo, pionero en su género y aplicable al mundo entero.  A diario se encuentra una nueva razón de estudiarlo, sea en la formación de políticas o en la “humanización” de las existentes, para que la vida le valga la pena, no solo a los jóvenes de moda, sino a toda la sociedad en sus múltiples etapas de cambio y adaptación.

La mirada histórica

     Su examinación de la prehistoria, la historia y la época moderna lleva a de Beauvoir a concluir que la vejez sólo puede ser posible en una sociedad rica o entre las clases privilegiadas (De Beauvoir, 1970, p. 110).  Aunque hay sociedades y épocas que han tenido respeto y hasta veneración por los viejos, el viejo como tal no ha tenido un papel en la historia del mundo, aunque tenemos ejemplos de personas viejas que han desempeñado papeles de importancia (SdB, 1970, p. 109).

     Aunque el cambio acompaña el ser humano en todas las etapas de la vida, nadie busca la vejez.  Las respuestas históricas han variado mucho en cuanto al tratamiento de los “viejos”, entendiendo por supuesto, que la esperanza de vida y la manifestación de características de la vejez han cambiado de acuerdo con los mejoramientos en la salud pública y personal.  Algunas respuestas han cambiado, pero muchas siguen iguales.

Las soluciones prácticas adoptadas por los primitivos con respecto a los problemas que plantean los viejos son muy diversas: los matan, los dejan morir, les conceden un mínimo vital, les garantizan un fin confortable, e incluso, los honran o los colman de bienes.  Veremos que los pueblos llamados civilizados aplican los mismos tratamientos; sólo el asesinato está prohibido, si no va disimulado (SdB, 1970, p. 107).

     Durante ciertas épocas y lugares, la vejez ha sido venerada: “La vejez fue poderosa en la China jerárquica y repetitiva, en Esparta, en las oligarquías griegas, y en Roma hasta el siglo II antes de Cristo.  No ha desempeñado ningún papel político en los periodos de cambio de expansión y de revolución (SdB, 1970, p. 265).  Las sociedades oligárquicas daban poder a los viejos pero frecuentemente los viejos eran tiranos, odiados por sus hijos (SdB, 1970, pp. 58-59).  Los grandes cambios sociales han afectado la posición del viejo en la sociedad.  La urbanización de la sociedad y la separación del lugar de vivir del lugar de trabajar han resultado en un cambio en la importancia del viejo en la sociedad (SdB, 1970, pp. 259-60).

     Ningún ser humano escapa a la vejez si llega a vivir muchos años.  Aunque la herencia biológica juega un papel en la longevidad, el sexo es el factor clave ya que “en todas las especies animales la hembras viven más que los machos; en Francia las mujeres viven un promedio de siete años más que los hombres” (SdB, 1970, p. 46).  Sin embargo, la longevidad también implica enfermedades más prolongadas para la mujer y más probabilidad de sufrir uno o más accidentes (SdB, 1970, pp. 38-39).

     Diferentes sociedades han experimentado con alternativas para lograr las tareas necesarias para la vida.  De Beauvoir destaca el sistema de empleo completo que tenían los incas.  Tanto los hombres como las mujeres estaban divididos en 10 grupos: 9 grupos estaban establecidos por edad y el décimo agrupaba a los inválidos.  Cada grupo tenía sus tareas, con los hombres guerreros, entre 25 y 50 años, siendo los más respetados.  Los viejos trabajaban en las casas de los más prestantes, haciendo tareas domésticas y cuidando a los niños.  Tenían sus oficios específicos y fueron respetados por ellos (SdB, 1970, p. 93).  El hecho de ser útil les confería un estatus dentro del conjunto social.

     La idea de la pensión para servicios prestados existía el en ámbito militar desde hace mucho tiempo.  Los nobles tenían su guardia de protectores y defensores, y asumían los costos y consecuencias de sus soldados.  La idea de la pensión por servicios prestados se trasladó al ámbito laboral en Europa en el siglo 19 y, con el tiempo, se definió como recompensa para un largo periodo de servicio y una edad avanzada (SdB, 1970, p. 277).  Al principio sólo ciertas clases de trabajo tenían cobertura, pero en 1956 el Fondo Nacional de Solidaridad fue creada en Francia.  A finales de los años 1960, el 80% de los franceses de edad recibían pensiones por jubilación (SdB, 1970, p. 278).  En el mundo capitalista de ese entonces, de Beauvoir destaca los esfuerzos de Dinamarca, Suecia y Noruega de “asegurar a todos los ciudadanos una suerte decente” (SDB, 1970, pp. 278-79), garantizando una pensión que permite un nivel de vida decente para todos los ciudadanos de edad (SdB, 1970, p. 279).  En el mundo socialista de esa época, el país de mayor cobertura fue Hungría, con un programa para el ciudadano viejo que incluía seguridad económica, atención integral en salud, acompañamiento, y actividades recreacionales apropiadas para ese segmento de la población (SdB, 1970, pp. 697-98).

     La sociedad moderna valora a sus miembros siempre que estén independientes y productivos.  De Beauvoir cita a Ernest Hemingway, Premio Nobel en Literatura de 1954, que habla de la inactividad obligada: “Jubilación es la palabra más repugnante de la lengua” (SdB, 1970, p. 327).  Hay gente que pierde la identidad cuando deja de trabajar (SdB, 1970, p. 332) y pocas personas tienen recursos suficientes, aún con una pensión de jubilación, para poder descansar y vivir decentemente (SdB, 1970, p. 333).

     Ninguna sociedad se ha experimentado con una jubilación gradual, por etapas, que podría contemplar ciertos cambios en las tareas y una reducción en las horas laboradas.  El enfoque ha sido más radical, destacando las diferencias entre los gerontólogos, que generalmente apoyan una jubilación tardía, y los sindicalistas, que favorecen una jubilación temprana (SdB, 1970, p. 340).  Avances en la tecnología y la “conectividad” han permitido ciertos cambios en el mundo laboral de hoy, pero experimentos más radicales, como el retiro escalonado, no han sido ensayados en una escala apreciable.  Esos mismos cambios tecnológicos también representan problemas para el adulto mayor, tema que de Beauvoir trata ampliamente en la segunda mitad del ensayo.

     El ser humano y su asimilación o rechazo de los cambio de la vejez complementan y amplían la perspectiva histórica.  El extenso y profundo conocimiento de la autora le permiten citar un texto del egipcio Ptha-hotep de 2.500 años antes de Cristo, a Platón y Aristóteles, a Leonardo da Vinci, William Shakespeare, Johnathan Swift, León Tolstoi, y Víctor Hugo, para mencionar sólo unos cuantos que han reflexionado sobre la vejez, o cuyas vidas dan testimonio de los puntos que de Beauvoir desea ilustrar.  La referencia a conocidas figuras históricas le proporciona al lector otra dimensión de conocimiento y entendimiento de los grandes pensadores y creadores de la civilización en sus luchas personales con la vejez.

Vivir la vejez: el cuerpo, el tiempo, la memoria, la relación con uno mismo, y con los demás

     Aunque la persona no se sienta diferente o cambiada, la vejez hace visible el pasar del tiempo.  El ser humano está definido por las conductas y las costumbres de otros, sus seres más cercanos y, a veces, la sociedad en general.  “La vejez se presenta con más claridad a los otros que al sujeto mismo; si la adaptación se opera sin tropiezos, el individuo que envejece no lo nota.  Los montajes y los hábitos permiten paliar durante mucho tiempo las deficiencias psicomotores” (SdB, 1970, p. 352).  La persona puede curarse de una enfermedad, pero la vejez es irreversible.

     Aunque los adelantos tecnológicos pueden ayudar tanto al viejo como a otras personas, es difícil para el viejo mantenerse al día con los cambios, y se retrasa en muchos campos.  Hablando de su propia experiencia, de Beauvoir nos confiesa:

…he aprendido mucho desde los veinte años, pero de año en año me vuelvo relativamente más ignorante porque los descubrimientos se multiplican, las ciencias se enriquecen y a pesar de mis esfuerzos para mantenerme al tanto, por lo menos en ciertos sectores, el número de cosas que permanece desconocidas para mí multiplica (SdB, 1970, p. 473).

     No entendemos muy bien la relación entre edad y creación artística e intelectual.  El tema amerita estudio en todos los campos de las bellas artes.  Se ve a simple vista, por ejemplo, que los que se dedican a las artes escénicas y deportes tienen una vida profesional corta, pero otros trabajadores intelectuales son menos afectados por su estado físico.  En su campo, la creación literaria, de Beauvoir encuentra ejemplos de creación de personas viejas.  Ella insiste que la novela no le conviene al escritor de edad; es más diestro en los campos de la poesía y el ensayo.  Ella se dio cuenta en una edad avanzada que no encontraba el optimismo que su público lector reclamaba (SdB, 1970, p. 497).  Las siete novelas escritas por de Beauvoir, fueron escritas antes de sus sesenta años.  La que fue publicada en 1979 fue, en realidad, su primera novela, una que ella no logró publicar en su juventud (Simone de Beauvoir, Wikipedia). 

     Aunque hay personajes en la literatura que protagonizan el dilema de envejecer—el rey Lear, creado por Shakespeare es uno de ellos—la mayoría de esos personajes viejos se reducen a fórmulas conocidas: el viejo bonachón, o el viejo cascarrabias son unos ejemplos (De Beauvoir, 1970, p. 262).  A pesar de una búsqueda, de Beauvoir no encuentra personajes femeninos ni en la literatura ni en la vida que aceptan envejecer con complacencia (SdB, 1970, p. 368).

     Las pocas encuestas que tocaban el tema de la sexualidad muestran que la frecuencia de las relaciones sexuales disminuye con la edad.  “Biológicamente, los hombres están en mayor desventaja; socialmente, la condición de objeto erótico desfavorece a las mujeres (SdB, 1970, p. 397).

     El proceso de envejecer muestra que nuestra relación con el tiempo cambia.  El tiempo del viejo es veloz (SdB, 1970, p. 463).  Aunque no tenemos una idea clara sobre cómo valorar los recuerdos, sabemos que la memoria juega un papel importante en el proceso de envejecer (SdB, 1970, p. 454).  De Beauvoir cita casos de personas que se declaran viejas a una temprana edad, principalmente por los recuerdos que les pesan.  El escritor francés, Charles Baudelaire por ejemplo, se sentía como un viejo de mil años cuando tenía apenas 40, precisamente por la cantidad y el peso de los recuerdos que tenía (SdB, 1970, p. 362).  

     Trastornos de la memoria como la demencia senil y el aterosclerosis tienden a presentarse en personas de edad, volviéndolos incapaces de cuidarse.  Las familias no quieren o no pueden darle cuidado adecuado al viejo dependiente.  Los asilos no proporcionan el cuidado esperado.  De Beauvoir encontró que “…los procesos patológicos a que está sujeta la vejez se aceleran en los asilos” (SdB, 1970, p. 322).  También encontró que hay más suicidios en la vejez que en otras épocas de la vida.  La psicosis no es la principal causa de suicido en los viejos.  El fenómeno, según de Beauvoir, tiene su explicación en factores sociales desfavorables y casos de graves y dolorosos problemas de salud (SdB, 1970, pp. 343-44).  La muerte parece preferible al sufrimiento (SdB, 1970, p. 551).

Urgencias vividas, soluciones ausentes.

     A lo largo de su ensayo sobre la vejez, de Beauvoir da ejemplos del proceso de envejecimiento y las reacciones personales de conocidas figuras históricas que se desempeñaban en las artes, la filosofía, la ciencia y la política.  Hay pocos ejemplos de envejecimiento exitosos aún entre personas cuyas vidas tuvieron importancia por el impacto que tuvieron en la vida de su época.  Clemenceau, Churchill y Gandhi son personas que lograron mucho en la historia reciente pero no fueron capaces de adaptarse a nuevas realidades que exigían diferentes respuestas.  

Clemenceau era el hombre de la guerra; la posguerra lo descartó de inmediato.  Del mismo    modo Churchill, que había conducido a Inglaterra a la victoria, resultó caduco cuando la guerra fue ganada.  Gandhi condujo a la India a la independencia, pero la independencia creó una situación que exigía renegar de todos sus principios (SdB, 1970, p. 537).

     Aunque más son los ejemplos de frustración entre los artistas e intelectuales viejos, hay unos pocos ejemplos que de Beauvoir nos presenta de éxitos rotundos.  La vida de la pintora primitivista conocida como Grandma Moses es un ejemplo.  De una familia campesina, ella se casó y tuvo 10 hijos de los cuales sólo 5 sobrevivieron (Grandma Moses).  A la edad de 65 años aprendió a escribir a máquina, a los 77 a conducir un automóvil, a los 88 remontó el Amazonas en barco, a los 99, con 4 asistentes de 60, trabajaba una finca de 25 hectáreas.  Murió a los 101, dejando sus obras en los principales museos y galerías de los Estados Unidos (SdB, 1970, p. 557).  De Beauvoir sostiene que el espíritu de buscar valores fuera de nosotros mismos ayuda a la persona a mantenerse en la vida y no fuera de ella.

     El ejemplo de una vejez exitosa es, lamentablemente, demasiado escaso.  De Beauvoir nos muestra que la realidad y el significado de la vejez dependen del lugar asignado a los viejos en diferentes tiempos y sitios.  La vida moderna urbana le ha dado al ser humano más años de vida y menos oportunidades de disfrutarlos.  En los Estados Unidos el número de personas de edad se duplicó entre 1900 y 1930; se duplicó de nuevo entre 1930 y 1950 (SdB, 1970 p. 31).  A pesar de considerarlos morideros, los asilos para “archivar” a los viejos están en aumento (SdB, 1970, p. 315).  La vida urbana ha hecho posible una complicidad entre los abuelos y los nietos ya que frecuentemente son los ancianos quienes tienen la responsabilidad de atender a los nietos.  La sociedad ha tenido que cumplir un papel que antes asumía la familia o el oligarca de la región (SdB, 1970, p. 249).  Pocos países habían vislumbrado el cambio de manera comprensiva, y pocos estaban en condiciones de liderar los cambios necesarios para garantizar una vejez digna para sus miembros.

     De Beauvoir no es optimista en su análisis del ser humano.  Éste puede aprender a ser justo y consecuente con el prójimo, pero su naturaleza no es amplia y generosa.  De Beauvoir concluye que la sociedad moderna explota a la gente y luego la deshecha.  A la pregunta ¿”qué debería ser una sociedad para que en su vejez un hombre siga siendo un hombre”? ella responde: “Es sencilla.  Sería necesario que siempre hubiese sido tratado como un hombre” (SdB, 1970, p. 669).

La vejez en Colombia

     En tiempos recientes dos fundaciones colombianas—Saldarriaga Concha y Fedesarrollo—enfocaban el trabajo de 21 especialistas hacia los retos que una población envejecida representa para el país.  En 2015 publicaron el informe Misión Colombia envejece de 706 páginas divididas en 8 capítulos, cubriendo los años 1985 al 2050, un periodo de 65 años.  Durante ese tiempo las tasas de fecundidad y mortalidad infantil bajaron significativamente.  Los autores consideran que la vejez es “un éxito de la salud pública y un premio de la vida” (MCE, p. 13).  En el momento de su publicación, Colombia tenía 5,2 millones de personas con 60 años o más, el 10,8% de la población (MCE, p. 12).  Los demógrafos que miraban la población colombiana entre 1985 y 2014 registran un aumento del 52%–de 31 a 48 millones, con un crecimiento más marcado en las áreas urbanas que en las rurales.  La esperanza de vida, que fue de 50,6 años entre 1950 y 1955, llegó a los 73,0 años de 2010 a 2015.  Actualmente está en 76 años, ligeramente por encima del promedio latinoamericano de 74,7 (MCE, p. 69).  

     A pesar de llamar la vejez “un premio de la vida”, el informe destaca el concepto negativo generalizado sobre la vejez y el proceso de envejecimiento en Colombia (MCE, p. 30).  Los investigadores, de diferentes disciplinas, examinan la vejez desde múltiples perspectivas: las costumbres sociales y culturales, la situación económica, los problemas de salud y las intervenciones estatales siendo las más destacables.  Colombia carece de un sistema integrado de protección social para el adulto mayor (MCE, p. 151).  El estudio afirma que Colombia es uno de los pocos países en América Latina donde los indicadores de pobreza e inequidad son sustancialmente superiores para la población mayor que para el total de la población (MCE, p. 89).  En las zonas rurales los de edad tienden a ser más desamparados (MCE, p. 30).

     Misión Colombia envejece concluye que las personas mayores de 60 años en Colombia sufren más por falta de recursos económicos que por cualquier otro motivo.  A pesar de la ley 100 de 1992, que estableció el sistema General de Pensiones, sólo el 23% de las personas mayores de 60 años las recibe (MCE, p. 92).  Más del 30% de la población mayor de 60 años, y el 7% de más de 80, aún trabajan (MCE, p. 166).  

     La fuerza laboral en Colombia tiene un alto porcentaje de trabajos “informales” que no pagan los beneficios y prestaciones de los empleos formales.  El estudio concluye que entre la gente ocupada, el 48,7% tiene un trabajo informal que no contempla la pensión (MCE, p. 169).  La mayoría de la gente a lo largo de su vida laboral, oscila entre los empleos con pensión y la informalidad, y no llega a cotizar lo suficiente para recibir la pensión.  Los mejores remunerados reciben pensiones pagadas por los trabajadores de menores ingresos que no alcanzan a contribuir lo suficiente para recibir una pensión del sistema (MCE, pp. 98-99).  Hay desigualdades entre hombres y mujeres.  La mujer, que normalmente vive más tiempo que el hombre, recibe una pensión más baja ya que ella se jubila con menos edad y tiende a ganar un sueldo inferior que el hombre, condiciones que contribuyen a su posición económica inferior (MCE, p. 153).

     En los últimos años el estado colombiano, por medio de transferencias directas de recursos, da un auxilio a la población mayor de escasos recursos.  El programa, titulado Colombia Mayor, hace pagos directos a los beneficiarios pero las sumas recibidas son sumamente bajas.  Un estimativo calcula que las sumas pagadas son el 10% del sueldo mínimo vigente (MCE, p. 93).

     Según Misión Colombia envejece, la cobertura de salud de personas mayores es alta, alcanzando el 94% (MCE, p. 318).  Muchos ven el sistema de salud como deshumanizado, reducido en tiempo, y limitado a la toma de remedios (MCE, p. 327)  La incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles ha aumentado, con la hipertensión arterial siendo la enfermedad que más afecta a la población mayor (MCE, p. 300).  La temprana detección de enfermedades es necesaria y, en términos muy prácticos, ahorraría dinero en tratamientos costosos.  Los gastos en salud, proyectados al 2050, crecerán en un 98% (MCE, 196-97), pero una población más sana generaría menos gastos, aún si aumenta la esperanza de vida (MCE, p. 397).  La recomendación más notable en el área de salud es un cambio en el modelo de atención médica, prefiriendo el del médico familiar que conozca el perfil de riesgo del grupo, y el estado de salud de sus miembros (MCE, p. 398).  El nivel de educación de la población es “el principal determinante en el estado de salud y cuidado”, según estudios internacionales, confirmados en esta conclusión para Colombia (MCE, p. 396).

     Los colombianos mismos han confiado más en instituciones como la familia para asumir y resolver los problemas de la vejez.  Existe lo que el informe llama una “expectativa de retribución intergeneracional”.  Las personas tienen la expectativa de que sus hijos los cuiden en el futuro, en retribución del cuidado y al proceso de crianza que ellos les brindaron cuando eran niños” (MCE, p. 483).

     Otra manera muy frecuente de “asistencia intergeneracional” que predomina en Colombia es lo que el estudio llama la co-residencia, en que los viejos aportan la vivienda y conviven con sus hijos casados y sus nietos (MCE, p. 28).  En 2010, por ejemplo, alrededor del 9% de la población tenía 60 años o más pero en un 30,8% de los hogares vivía por lo menos una persona mayor (MCE, p. 63).  Las personas mayores, frecuentemente mujeres, asumen el papel de cuidadores—de sus esposos, de sus padres, y de sus nietos (MCE, p. 426).  Las hijas son, con más frecuencia, las cuidadoras de sus ancianos padres, pero ese cuidado representa sacrificios económicos y personales para ellas ya que tienen que cumplir horarios y condiciones de trabajo que no son compatibles con el cuidado de otros.  Se crea un conflicto entre el trabajo remunerado y el papel de cuidador que, si se resuelve a favor del cuidado de otros, se hace difícil ascender en el trabajo (MCE, p. 432).

     El cuidado que la persona mayor da y recibe funciona, en este momento, dentro de la informalidad.  Sin embargo, las estadísticas muestran que el cuidado puede volverse problemático.  Las estadísticas del 2015 muestran que el 20% de las mujeres de 70 años y más tiene dificultad severa para hacer sus actividades de la vida diaria (MCE, p. 408); el 13% de las personas mayores de 60 años tiene por lo menos una limitación permanente, la más frecuente siendo la de moverse y la segunda, la de ver bien (MCE, p. 469).  Aún más preocupante es que el 52% de las personas mayores de 60 años sufren de una afectación que limita su actividad severamente (MCE, p. 474).  Hay instituciones, tanto públicas como privadas, que prestan servicios para los que no pueden asumir las actividades de la vida diaria.  Hay leyes que gobiernan los servicios prestados.  Normalmente tienen presupuestos estrictos que limitan sus servicios y, sin una inyección de recursos, no estarían en condiciones de ampliar su cobertura (MCE, p. 445).

     Misión Colombia envejece favorece el fortalecimiento del sistema familiar para asegurar una vejez digna a la población.  El papel desempeñado por cuidadores debe ser reconocido y facilitado por ley, tratando temas tales como horarios flexibles, licencias, permisos breves en casos de emergencia y el teletrabajo o el trabajo en línea (MCE, p. 444).  El SENA tiene un programa para capacitar cuidadores que fue bien calificado por el Ministerio de Salud en 2014.  Sin embargo, parece estar estancado en este momento (MCE, p. 434).  Otros países de América Latina, notablemente Argentina, tienen programas para la capacitación de cuidadores domiciliarios que han sido exitosos y valen la pena estudiar (MCE, p. 435).

     En Colombia los hijos y la vivienda son los pilares del seguro social para la vejez.  Misión Colombia envejece recomienda el fortalecimiento de ellos por una combinación de medidas que reconocerían y apoyarían lo que la familia hace por sus adultos mayores—reconociendo y valorando el aporte del adulto mayor a la vida de sus seres queridos.    

SABE Colombia: El adulto mayor opina

La primera vez que escuchamos la voz del adulto mayor es en el informe SABE Colombia, Encuesta Nacional de Salud, Bienestar  y Envejecimiento, realizado en 2016 por la  Universidad del Valle y la Universidad de Caldas, con apoyo del Ministerio de Salud y Colciencias.  Los investigadores buscaban las auténticas voces de los adultos mayores, respondiendo a una sencilla pero profunda lógica: si se quiere saber qué piensa y siente el adulto mayor, hay que pedir su opinión.  ¿Quién mejor que la persona que vive la experiencia para comunicar lo que significa ser viejo en la actual sociedad colombiana—sociedad que premia la juventud, la belleza física y la utilidad de sus miembros.  En la gran mayoría de los casos, “utilidad” está medida en términos del aporte económico.

Colombia ha adoptado la política de “envejecimiento activo” de la Organización Mundial de Salud (OMS).  A medida que va aumentando el porcentaje de la población con 60 años o más, la sociedad entera debe asegurar la oportunidad de un continuado crecimiento personal y un bienestar para la persona, entendiendo cuanto antes que los conceptos de “crecimiento” y “bienestar” son subjetivos y relativos, susceptibles de cambio de acuerdo al panorama socioeconómico del país y del mundo.

Los participantes

SABE Colombia empleó criterios de inclusión para seleccionar una  muestra representativa del país actual—muestra que daría información fidedigna acerca de la situación vivida por el adulto mayor activo.  Buscando una mayor diversidad, los investigadores fueron cuidadosos en la selección de los adultos mayores participantes en el estudio.  Tenían que ser personas que vivían en la comunidad, sin deterioro cognoscitivo, que habían sido afiliados a grupos del adulto mayor que tenían por lo menos un año de existencia.  Todos y cada uno de los participantes dieron su consentimiento informado antes de participar en entrevistas  y grupos focales tratando los temas de bienestar del adulto mayor.  Un total de 197 personas participaron: 110 mujeres y 87 hombres.  Tres grupos estratificados por edad fueron consultados: de 60 a 69 años; de 70 a 79 años y los de 80 años y más. 

Los investigadores, conscientes de las profundas diferencias regionales y culturales del país, seleccionaron participantes de dos municipios en cada una de las cinco regiones de Colombia, por un total de diez lugares.  Ellos son: Cali y Buenaventura, Manizales y Calarcá, Villavicencio y Cáqueza, Santa Marta y Fundación, y Bucaramanga y Floridablanca.  En cada región los participantes incluían dos sexos, dos estratos socioeconómicos y dos etnias.  Lograr una muestra representativa fue uno de los grandes retos para los investigadores de SABE Colombia, cuyas metas fueron de mostrar una realidad objetiva en cifras, a la vez que buscaban los sentidos que el adulto mayor le daba a las experiencias vividas.

¿Qué es la vejez y cuándo ocurre?

A pesar de que envejecer es nuestro destino desde el comienzo de nuestras vidas, no lo sabemos reconocer y valorar.  Los investigadores de SABE Colombia, en su análisis de cifras y sentidos, concluyen que la vejez no es una realidad homogénea derivada de la edad.  La tendencia entre personas mayores de 60 años es de catalogar al “otro” como viejo ya que ellos no se sienten como otros los ven.  Para la gran mayoría de los que participaron en el estudio, la vejez está relacionada con un deterioro en la movilidad, algo que impide que las personas se movilicen solas.  Entre las personas entrevistadas, algunos padecían enfermedades pero la lección aprendida fue el buen manejo de las limitaciones.  Las personas afectadas habían perdido el miedo a la enfermedad que sentían inicialmente  al saber el diagnóstico (SABE, p. 55).  A pesar de padecerla, la persona aprendió a vivir independientemente, compensando las limitaciones que la enfermedad implica.  

La gente entrevistada sentía que el espacio de la vida se vuelve más restringido ya que “el mundo va demasiado de prisa para la persona adulta mayor” (SABE, pp. 58, 61).  Los semáforos, el bus, el andar por la calle y los escalones no favorecen al adulto mayor (Ibid).  

El cuerpo adquiere nuevos significados biológicos, sicológicos y culturales.  Para muchas mujeres, la vejez significa la liberación.  Tal como lo encontraron Simon de Beauvoir y Misión Colombia envejece, las mujeres tiene vidas más largas que los hombres y en la vejez frecuentemente no tienen las responsabilidades del marido, los hijos y el hogar que tuvieron cuando jóvenes (SABE, p. 73).  Los investigadores de SABE Colombia señalan que sentir la vejez no es lo mismo que darle significado a la vejez.

La experiencia de la vejez no se deja enmarcar precisamente porque no es el estado de lo que se hacía y ya no se hace de la misma manera, o de lo que se pensaba y ya no se piensa de la misma forma; sino en la conciencia del cambio mismo (SABE, p. 94).

Bienestar y el adulto mayor

Para los participantes en el estudio SABE Colombia, hay tres componentes fundamentales del bienestar para el adulto mayor: realizar las actividades de la vida diaria con independencia; tener vivienda propia; y recibir una pensión.  Desafortunadamente, la realidad es que la vejez en Colombia está estrechamente ligada con la pobreza.  De las personas que participaron en SABE Colombia, el 81% de los hombres y el 47% de las mujeres son jefes de hogar (SABE, p. 98).  La gran mayoría de los colombianos no reciben ninguna pensión ya que el marcado laboral se ha caracterizado por ser “informal”, significando la ausencia de prestaciones para el trabajador.  SABE Colombia encontró que sólo el 33% de personas en áreas urbanas y el 11.9% en áreas rurales reciben pensiones.  La carencia de recursos, y la pensión en específico, es más notable entre la población femenina que es, de hecho, más dependiente (SABE, p. 98).

De hecho, muchos adultos mayores tienden a presentar bajos índices de estudio y preparación profesional, aunque tienen que seguir trabajando.  Para ellos es más difícil realizar las duras tareas que exigen los trabajos manuales (SABE, p. 45).

Pocos colombianos tiene la capacidad de ahorrar y además, existe poca educación financiera.  Para muchos, las posibilidades más viables y atractivas consisten en la compra de una vivienda y la inversión en el estudio de los hijos (SABE, p. 44).  De los participantes en SABE Colombia, el 60% en áreas urbanas, y el 71% en áreas rurales, tenían casa propia (SABE, p. 98).  La tercera parte de los entrevistados viven con sus esposos o sus hijos (Ibid.).  Se está empezando a ver el hogar unipersonal, donde el adulto mayor vive solo por su propia preferencia (Ibid.).

Envejecer en Colombia: ¿premio o castigo?

Un envejecimiento activo implica dar “vida a los años y no solamente años a la vida” (SABE, p. 12).  Dicho de otra manera, es vivir más y mejor.  El concepto de “bienestar” tiende a ser más subjetivo, mientras que “calidad de vida” es más objetivo.  La sociedad colombiana, y el gobierno que la representa ya tienen una mínima conciencia de la necesidad de intervenir en la vida del adulto mayor para garantizar una vejez digna (SABE, p. 30).  Los participantes en SABE Colombia, sobre todo los que viven en ciudades pequeñas, señalaron deficiencias en el programa Colombia Mayor y el de Alimentación para el Adulto Mayor.  Aunque el apoyo económico para estas iniciativas viene del gobierno nacional, los programas están administrados por el gobierno local.  No hay constancia en los programas a nivel local ya que experimentan frecuentes cambios de mes a mes en un mismo lugar.  Tampoco hay una prestación uniforme ya que ciertos lugares entregan más recursos que otros.  Esto crea desconfianza entre los recipientes del beneficio ya que hay una falta de transparencia en el uso de esos recursos a nivel local (SABE, p. 100).

Aunque los participantes en SABE Colombia cuentan con servicios de salud, todos señalaron deficiencias en la prestación del servicio.  Las quejas más frecuentes trataron las largas esperas para ser atendido, el frecuente incumplimiento de las citas por parte de los profesionales, y la entrega incompleta de medicamentos.  Varias participantes citaron la necesidad de volver varias veces para conseguir la medicina que había sido formulado, causando una interrupción en el tratamiento y gastos inesperados de tiempo y dinero, difíciles de asumir.

Lejos de sentirse un participante activo, el adulto mayor entrevistado se siente marginado de la sociedad de hoy.  Una parte de eso se explica por los cambios vertiginosos en la tecnología—y, por supuesto, los altos costos para adquirirla.  Para los adultos mayores, desplazarse es difícil, pero comunicarse con otros es fundamental.  La tecnología que asegura esta comunicación existe, pero el esfuerzo de ponerlo a la disposición del adulto mayor hace falta  (SABE, p. 65).

En las actividades que requieren salidas del hogar, el adulto mayor se siente marginado.  En ciertos lugares—bancos, oficinas gubernamentales y el transporte público—el adulto mayor debería recibir atención preferencial.  Sin embargo, esas “preferencias” son relativas y sujetas a las interpretaciones dadas por funcionarios y otros usuarios según las urgencias del momento, no a una política institucional.

Aún dentro de su propia familia, el adulto mayor se siente marginado.  La palabra “familia”, que debe significar “solidaridad, reciprocidad y acompañamiento,” frecuentemente no demuestra esos valores (SABE, p. 79), resultando en el rechazo del adulto mayor y su exclusión de actividades sociales (SABE, p. 72).

Escuchando muchos testimonios de adultos mayores, es fácil de concluir que envejecer en Colombia es un castigo.  Es obvio que hay grandes carencias económicas y en cobertura de servicios sociales.  Lo interesante es que la conciencia de las oportunidades y problemas del adulto mayor ya formen parte del discurso colectivo y hay esfuerzos, aunque incipientes, para contrarrestar las carencias.  El censo nacional, ya en progreso, ayudará mucho en presentar un cuadro realista de la magnitud de los problemas.  Hay instituciones y grupos sociales que han empezado a investigar alternativas—alternativas que contemplan una mayor capacitación para el adulto mayor, un cambio en su número de horas y tareas laborales, y la valoración de su aporte como cuidandero de jóvenes, discapacitados y otros adultos mayores.

      Todavía en Colombia, como en muchos otros lugares del mundo, el adulto mayor no está valorado.  Volvemos a la conclusión de Simone de Beauvoir de 1970.  A la  pregunta ¿”qué debería ser una sociedad para que en su vejez un hombre siga siendo un hombre”?  Y la respuesta de ella: “Es sencilla.  Sería necesario que siempre hubiese sido tratado como hombre” (SdB, p. 669).  Ustedes, lectores, seguramente entenderán que por “hombres”, tanto Simone de Beauvoir como esta investigadora, incluimos a las mujeres en todos y cada uno de los aspectos de la sociedad.  De Beauvoir figura entre las primeras personas del mundo occidental de pensar en el adulto mayor.  La Colombia de ahora no cuenta con el lujo de una política comprensiva para el adulto mayor, pero la Asociación Colombiana de Gerontología y Geriatría, ya en su XIII congreso comprueba que hay interés y actividad que apunta a acertadas decisiones en el ámbito público.  En la vida privada, es el deber de demostrar cada vez más que el adulto mayor sí puede.  Cuando el valor de cada quien esté reconocido de tal manera que es considerado con respeto y dignidad, estaremos más cerca al disfrute de la vejez y de todas las demás etapas de nuestras vidas.


Obras citadas

De Beauvoir, Simone.  La vejez. 1970. Traducción: Aurora Bernárdez.  Bogotá: Penguin-Random House Grupo Editorial, S.A.S., 2013.    

De Beauvoir, Simone.  Una muerte tan dulce.  1964.  Traducción: María Elena Santillán.  Barcelona: Edhasa-Sudamericana, 1982.  

Las 10 frases más reveladoras de Simone de Beauvoir, precursora del feminismo.  https://muhimu.es/genero/simone-de-beauvoir/  Consulta el 15 de septiembre de 2017.

Fedesarrollo, Fundación Saldarriaga Concha.  Misión Colombia envejece: cifras, retos y recomendaciones.  Bogotá: Editorial Fundación Saldarriaga Concha, 2015.  

Grandma Moses—Wikipedia.  https://en.wikipedia.org/wiki/Grandma_Moses.  Consulta el 30 de octubre de 2017.  

Ministerio de Salud y Protección Social – Departamento Administrativo de Ciencia Tecnología e Innovación, Colciencias.  Universidad del Valle y Universidad de Caldas.   Encuesta SABE Colombia: Vejez y calidad de vida en Colombia.  Bogotá, Editorial Pregraf Impresores S.A.S., 2016.

Simone de Beauvoir—Wikipedia.  https://es.wikipedia.org/wiki/Simone_de_Beauvoir.  Consulta 18 de octubre de 2017.