Hay cosas que hay que vivir y para ello debemos coger la maleta, abrirse a la aventura y estar dispuestos a reformular pensamientos. A principio de mes tuve la suerte de participar en el Coloquio Internacional sobre los Derechos de los Adultos Mayores en el mundo (La Habana 3-6 abril) organizado por la FIAPA (Federación Internacional de Asociaciones de Adultos Mayores), formada por 41 asociaciones o federaciones distribuidas en quince países (representantes de Europa, Asia, África, América Latina, el Océano Índico). Fui invitada como miembro del Comité Científico de la FIAPAM (Federación Iberoamericana de Asociaciones de Personas Adultas Mayores).

En Cuba tuve la oportunidad de compartir con representantes de los cinco continentes, ponencias y talleres sobre los derechos y otros temas que ocupan/preocupan a los ciudadanos mayores de todo el mundo. De allí vengo reflexiva, creativa, plena y algo inquieta.

En paralelo, visitamos centros y recursos sociales y sanitarios destinados para los adultos mayores cubanos, teniendo la oportunidad de relacionarme y participar en actividades con sus integrantes. Fue maravilloso el talante, el humor, la alegría, el optimismo y las ganas de vivir de las personas mayores que he conocido.

Aquí quería llegar, a mi inquietud. La calidad y calidez humana contrasta con la lamentable escasez de recursos pero analizándolo en su conjunto, quizá sea a una alerta hacia nosotros que convivimos con más medios. NOS LUCE TAN POCO en términos de felicidad de las personas. Algo habremos de seguir cuestionándonos y que mejorar. ¿No?

Pero como soy optimista por naturaleza, quería terminar con música. Con la música de la buena. La que escuchaba mi abuela. Volví con la misma sensación que describía Luis Aguilé “Cuando salí de Cuba, dejé mi vida dejé mi amor…” Así que tendré que volver. Pronto. Espero y deseo.

Lourdes Bermejo

Educadora social y gerontóloga.