Todo comienza hace muchos años, en mi querido Camilo Aldao, un pueblito de 5800 habitantes en el sur de la provincia de Córdoba, Argentina. Allí, vivía con mi madre, Adela, maestra de grado, mi padre Amado, médico del pueblo y mi hermana menor Andrea.

Desde chico respiré medicina, jugando entre medio de pacientes, médicos y enfermeras, de la pequeña clínica de mi papá, a medida que crecía, también lo hacia mi curiosidad y la admiración, por mi viejo, el jefecito (como todos le decían). Ese, que debió perder muchas cosas, para ofrecerle todo lo mejor a sus pacientes, su sacrificio, su entrega, su pasión, su amor. Y fue así, que de a poco, la medicina se fue metiendo en mi corazón, porque, creo que mi papá ya me la había heredado en los genes.

Me trasladé a la ciudad de Córdoba, (segunda ciudad más grande de la Argentina) para ingresar en la Universidad Nacional, frente a todos los pronósticos, logré recibirme de médico, en 6 años. Allí conocí, a mi segundo gran maestro, mi querido profesor, Dr. Alfredo Tonda, siendo su ayudante, de servicio de la Unidad Climaterio y Mastología del Htal de Clínicas, durante 3 años. En etapa de postgrado, concurrí como residente en dicho servicio, por 2 años. Allí sentí el compromiso con los pacientes Adultos Mayores, en este caso, mujeres que transitaban una época de su vida, un poco oscilante, pero muy enriquecedora para mi aprendizaje.

Luego de 10 años en la ciudad de Córdoba, debí regresar a mi querido pueblo, renunciando al sueño de convertirme en un especialista reconocido, de la gran ciudad. Junto a mi vuelta, me esperaba un reto colosal y diferente a lo que estaba haciendo. Mi padre, estaba enfermo y con grandes problemas económicos.

Comencé a trabajar codo a codo con él, recordando mis tiempos de niño, pero ahora con los conocimientos necesarios, agregándole la práctica, en su clínica, mi consultorio, las visitas a domicilio campo adentro, a cualquier hora del día.

Y diría que, de esta forma casi milagrosa, comenzó a desarrollarse en mí, una profunda pasión por la medicina general, en especial la Geriatría, poco conocida por aquellos tiempos. Me apasionaba escuchar y comprender las vivencias, de aquellos adultos mayores, que tenían una vida dura y de escasos abordajes terapéuticos específicos.

Ingresé en el Hospital Regional de Marcos Juarez, ciudad a 60 km de mi localidad, para mi formación de medicina de familia. Más tarde, salió la posibilidad de hacer la Especialidad de Geriatría en la Universidad Católica de Buenos Aires. Ahí consolidé, los conocimientos científicos para desarrollarla, en forma más integral. Grandes profesores, me quedaron en el recuerdo, durante un intenso y sacrificado caminar. Después de unos años más, en mi querido Camilo Aldao, emigro a la gran ciudad de Buenos Aires, comencé con varios trabajos afianzándome, en la especialidad, hasta llegar a la localidad de Vicente López, donde las políticas del Adulto Mayor, son muy respetadas y abordadas con mucho rigor científico. Hice mis primeros pasos, en los consultorios del querido Instituto de Geriatría Rodríguez Ortega, formando parte de la plantilla del Servicio de Geriatría del Hospital Houssay y como geriatra, en el “Instituto Privado de Geriatría Vicente López” con más de 45 años, dedicados a la atención y rehabilitación del adulto mayor frágil.

A casi 6 años de estar radicado en Buenos Aires y haciendo lo que más me apasiona, que es la atención y desarrollo de estrategias en acciones, para los adultos mayores, me convertí en el Director del Instituto de Geriatría Rodríguez Ortega, de más de 50 años de abordaje, en todas las esferas del adulto mayor.

Hoy podría decir, que soy un hombre que aprende todos los días algo nuevo, que guarda un profundo amor por la medicina rural, tratando de no perder la humildad, la humanidad de escuchar y saber entender lo que le pasa al otro. Reflexionando todos los días, que hice bien y que hice mal, para cada día ser, un poquito mejor, para aquellos que más nos necesitan. Y principalmente, recordando las enseñanzas y ejemplos, de mis grandes maestros, sobre todo, las heredadas de mi viejo, honrando en su memoria, mi gran vocación.

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