Al igual que el encanto de los niños y la belleza de los adolescentes, las personas mayores tienen algo especial que la fotografía adora. ¿Y qué es lo que en realidad les arrebata a los y las fotógrafas? Sus historias. Ellos, sin duda acumulan vivencias únicas de las que sus rostros son fieles testigos. Sus ojos brillantes, sus manchas en la piel y arrugas son expresiones genuinas que son oro puro para los amantes de la fotografía.

Sin embargo y a menudo, nos encontramos ejemplos de imágenes que con buena voluntad pero poca profesionalidad capturan retratos con una mirada compasiva y paternalista hacia ellos. Por ello y con un objetivo instructivo, hemos elaborado un documento que puedes descargar para tu uso, más abajo.

La magia de una fotografía reside, la mayoría de las veces, en la historia que cuenta y que cada espectador interpreta a su modo.
La vejez nórdica (de dentadura “perfecta”, cabello de peluquería y felicidad ideal) esta bien, pero para ellos. La comunidad latina, nuestros padres y abuelas, se gustan y se reconocen “imperfectos” (Porque lo “imperfecto” también es bello).

Los profesionales debemos huir de los tópicos del abuelo solitario o del abrazo forzado pero del mismo modo, aplaudir la coquetería con que hombres y mujeres quieren dejar evidencia (para la posteridad también) de su mejor versión.

Las fotografías que realizamos a personas mayores nos dan la oportunidad de capturar las historias que han presenciado y de las que han participado.
Estas recomendaciones te ayudarán a mirar su realidad de una forma distinta donde no valen las prisas y los sentimientos fingidos.

Si no quieres violentar su intimidad, despreciar su dignidad o que como en tantas ocasiones comprobamos, tus fotos (y sus fotos) no huelan a pis, aquí te ofrecemos unos sencillos consejos para evitarlo:

GUÍA DESCARGABLE

Consejos para fotografiar a personas mayores

Tras tomar nota de estas sugerencias y habiendo puesto todo el cariño para sacar lo mejor de ellos, se generoso e imprímeles varias copias que puedan regalar a sus amigos y familiares u observar ellos mismos, con orgullo en el recibidor de sus casas. El mejor legado para las generaciones venideras. Su memoria, su honor y sus enseñanzas capturadas para siempre.