El pasado día 17 de junio, se celebraron en Granada las I Jornadas organizadas por el Instituto de Estudios Geriátricos de Andalucía (IESGA), que llevaban por título I Jornadas para profesionales de la Gerontología: hacia un nuevo paradigma.

En la conferencia inaugural se contextualizaron los cambios que se están produciendo del modelo social, de atención y de estado, lo cual nos aboca a un paradigma fundamentado en el diálogo, en el consenso y en el trabajo en red.


El objetivo principal del trabajo en el ámbito de la geriatría, se está centrando en el modelo de Atención Centrada en la Persona, el cual tiene como objetivo final la propia persona usuaria, en dar respuesta a su plan de vida y a sus necesidades, dirigiéndose a una atención sociosanitaria integradora.

Una parte fundamental para conseguir esta atención integradora es el equipo interdisciplinar. Pero ¿qué podemos entender por equipo interdisciplinar? Doña Carmen Rodríguez (Directora gerente del Hospital de Górliz) propuso que se trata del equipo formado por profesionales de diferentes disciplinas, que trabajan entre todos, hacia y por un objetivo en común, respetándose entre ellos y sus diferentes áreas de conocimiento y en el que el resultado es superior a la suma de las diferentes iniciativas.

En su lugar de trabajo, el equipo interdisciplinar busca mejorar la calidad de vida de las personas, los resultados de la intervenciones que se practican, así como evitar que las intervenciones sean fragmentadas, es decir, que cada profesional por su parte de forma departamentalizada.

Dentro de esta área interventiva, se ha creado un término (Cocrear) que engloba la idea de cómo trabajar de forma integral, teniendo en cuenta las necesidades del paciente, los objetivos de los profesionales, y la postura de la familia.

Aquí el equipo multidisciplinar trabaja mediante una distribución de tareas específicas y con una gestión por procesos que incluye un nivel multidisplinar, intradisplinar e interdisplinar, todo en post de conseguir los mejores resultados que se adapten a las necesidades y características individuales de la persona.

En la misma línea, Don José Antonio López Trigo, apuntó que en este trabajo en equipo, es fundamental el mantenimiento de una comunicación fluida de carácter sinérgico. Es decir, que el equipo “reme en la misma dirección”, compartiendo, interactuando, con un compromiso común, que es atender a la persona de forma integral.

Una de las formas en las que se refleja este nuevo cambio de paradigma, va abocada a crear unos nuevos espacios en los que se atienda a los mayores, nuevos espacios donde se cruce de forma efectiva la oferta y la demanda (cosa que a nivel cualitativo hoy en día no se da). Por este motivo, Doña Raquel Calatayud Martínez, apuntaba a la creación de “Centros de vida”, centros en los que se acompañe a vivir a la persona con la mayor calidad de vida posible y adaptada a sus características, gustos y necesidades.

Esta calidad de vida se puede resumir en 8 dimensiones a intentar cubrir, como son: el bienestar emocional, las relaciones interpersonales, el bienestar material, el desarrollo personal, el bienestar físico, la autodeterminación, la inclusión social y los derechos de la persona.

Si pensamos en estas 8 dimensiones en su conjunto, y cómo nos gustaría que el día de mañana se nos tratara y se nos tuviera en cuenta en un centro asistencial, podríamos ver cómo es necesario ese cambio de modelo que pase de un modelo que se fija actualmente en las tareas ( se ofrece a los mayores actividades dentro de un horario más o menos marcado y pautado), a un modelo centrado en objetivos ( ¿qué se quiere conseguir?, ¿Para qué se quiere conseguir?, ¿Es eso lo que la persona demanda?)

Don Alfredo Bohórquez Rodríguez, apuntó a esta adecuación funcional, así como la satisfacción de las expectativas y necesidades de las distintas partes interesadas como son la persona usuaria, la familia y los propios trabajadores de los centros. Todo ello redunda en la calidad de la asistencia.

Otro aspecto a destacar es cómo la inclusión de las nuevas tecnologías dentro del entorno residencial puede ayudar a esta adecuación funcional.

Por una parte, se plantea un sistema de evaluación del deterioro cognitivo on line, como el proyecto planteado por Don Jordi Peña Casanova, el test de Barcelona /Estación de trabajo. Hablamos de un instrumento global de evaluación que se estructura modularmente, que incluye desde la historia clínica del paciente, las exploraciones realizadas, cuestionarios y los diferentes informes, todo ello englobado en un sistema en red y en la nube, de forma que los diferentes profesionales puedan tener acceso a la información de forma sencilla y automatizada.

Desde la Fundación María Wolff, por otra parte, se trabaja a nivel residencial con Terapia de estimulación emocional T2E®, que se fundamenta en el trabajo con personas con deterioros cognitivos enmarcados en una GDS de 3 a 5, utilizando más de 30 imágenes de emociones positivas, y obteniéndose por el momento resultados positivos observables en los residentes que acuden a las sesiones de terapia.

De esta manera, el uso de las nuevas tecnologías son un excelente aliado tanto a la hora de agilizar y simplificar el trabajo a los profesionales, unificando un canal de comunicación, con un lenguaje común y donde se guarde toda la información de cada usuario, así como son una herramienta que auxilie en las tareas terapéuticas y que sea atractiva y útil para cada persona.
Para finalizar las jornadas tomaron la palabra Don Sebastiá Santaeugenia González ( Jefe de servicio de geriatría y cuidados paliativos BSA) y Don Francisco Ferrándiz Manjavacas, que insistieron en la idea de la necesidad de la continuidad asistencial, así como amoldarla a los cambios que se van produciendo dada la cronicidad de las diferentes patologías en las personas adultas mayores, fomentando una mejor atención primaria y hospitalaria, con una adecuación de los recursos existentes y con una necesaria reordenación de la cartera de servicios que actualmente existe.

En definitiva, se concluyó con la necesidad de trabajar con un equipo multidisciplinar que forma cohesionada se dirija hacia un cambio de modelo de intervención, una intervención compartida, donde el objetivo sea la adecuación a las necesidades del mayor, encaminados a mejorar su calidad de vida y siempre desde un factor humano y emocional.

Elena Valero Garrido – Psicogerontóloga