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La Geriatría es una especialidad hospitalaria y, como el resto de especialidades que se ubican en el hospital, su sentido es que tenga la dotación y los recursos propios dentro del mismo. Lo contrario es maleficente y discriminatorio para el anciano. Este argumento parece obvio, además de fácilmente entendible, en uno de los países más envejecidos del mundo.

Para los lectores no avezados, los Geriatras somos los médicos especialistas que, tras un periodo de formación básicamente hospitalaria de cuatro años, adquirimos los conocimientos y habilidades para atender las necesidades de salud de los ancianos en general y, especialmente, las de aquellos más vulnerables (frágiles). Una de nuestras premisas es el trabajo en equipo con otros profesionales sanitarios. Por diversos motivos que no vienen al caso detallar, somos pocos, pero “valientes”. Sin embargo, las unidades de Geriatría ni mucho menos son una rareza dentro de los hospitales, ya que están presentes en una parte considerable de los grandes centros hospitalarios de este país, del resto de Europa y del mundo.

Los argumentos científicos que sustentan la necesidad de estas unidades son rotundos y no voy a aburrir al lector con citas al respecto. Simplemente, quiero reseñar que, recientemente, organismos internacionales sanitarios tan prestigiosos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han puesto de manifiesto la necesidad (y cito literalmente) de “asegurar que el número de geriatras satisfaga las necesidades de la población y alentar la creación de unidades geriátricas”. Los lectores deben conocer que los ingresos en Unidades de Geriatría dentro del hospital previenen la discapacidad y aumentan la probabilidad del anciano de volver a su domicilio, lo que redunda en una mayor supervivencia y calidad de vida; de la misma manera que el ingreso de pacientes con infarto de miocardio en las unidades coronarias o de los pacientes con infarto cerebral en unidades de ictus mejora claramente sus expectativas vitales. Y por si esto no fuera suficiente, estos beneficios clínicos para los pacientes se consiguen con un menor gasto económico si lo comparamos con la atención estándar dada a estos pacientes en otras unidades hospitalarias no dependientes de Geriatría.

A pesar de la contundencia de los argumentos mencionados, parece que determinadas autoridades y gestores sanitarios no se dan por enterados. El último caso lo hemos conocido recientemente en Cantabria, donde se ha procedido al cierre de la unidad de hospitalización de Geriatría situada en Liencres. Tras informar públicamente a finales del pasado julio que la unidad se trasladaba al Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (HUMV), manteniendo gran parte de sus recursos asistenciales, a finales del pasado mes de agosto se informó de su desaparición. ¿Cuál es la razón de este sorprendente cambio de rumbo? Nos consta que durante estos años de trabajo se han conseguido excelentes resultados y un alto grado de satisfacción por parte de los ancianos cántabros atendidos en esta unidad. La gerencia del HUMV ha ofrecido a cambio un modelo de atención “transversal”, basado en la interconsulta hospitalaria que conocemos por diferentes estudios médicos relevantes y que es un modelo ineficiente para el paciente y para el hospital, y que no funciona sin mantener la unidad de hospitalización geriátrica y el propio equipo de trabajo multidisciplinar.

Este desconcierto al final quien lo paga es el paciente, en este caso las ancianas y ancianos cántabros. Los lectores y la sociedad en general deben conocer que los pacientes mayores deberían ser atendidos por los profesionales sanitarios más cualificados y en las unidades que han demostrado más beneficio. Lo contrario es discriminatorio. Para que todo el mundo lo comprenda, ¿alguien entendería que cuando un niño necesita ingresar en el hospital por un problema médico no lo hiciera en Pediatría y sólo se consultara a un Pediatra ocasionalmente?

Desde la SEMEG (Sociedad Española de Medicina Geriátrica) creemos que es el momento de reflexionar y rectificar. Pedimos a los gestores sanitarios sentido común y apostar por un modelo de atención eficaz y eficiente y sobradamente avalado por la evidencia científica. Es cierto que hay comunidades autónomas, como Madrid, que están apostando por estos postulados con Unidades de Geriatría en grandes Hospitales como La Paz, Ramón y Cajal, Gregorio Marañón y Hospital Clínico San Carlos, entre otros; pero, desgraciadamente, muchas otras no y el caso de Cantabria no es único. Hay comunidades como Euskadi y Andalucía donde no existe ni una sola cama hospitalaria de Geriatría en el sistema público de salud, sin que haya ninguna razón de índole científico o asistencial que lo argumente (quizás haya que preguntarse si realmente obedece a necesidades de supervivencia de determinados profesionales sanitarios).

Volviendo al ejemplo anterior, ¿aceptaría la sociedad que nuestros niños no tuviesen el derecho a ser atendidos por los Pediatras? Desde luego que no. Entonces, ¿por qué ocurre con nuestros mayores?

Álvaro Casas Herrero
Presidente de la Sociedad Española de Medicina Geriátrica

#GeriatríaDeTodos