El síndrome confusional agudo (SCA), conocido también como delirio o delirium, es un síndrome agudo y potencialmente reversible que se caracteriza por la presencia de diferentes alteraciones en la conciencia y atención, trastornos cognitivos, psicomotores, emocionales y en el ciclo vigilia sueño (1). La alteración se presenta en un corto periodo de tiempo y es fluctuante (2) siendo más común por la noche.

Es una complicación frecuente en el adulto mayor hospitalizado, importante tanto por su prevalencia como por su pronóstico (3). Asociado a patologías o a tratamiento farmacológico, su aparición aumenta la estancia hospitalaria, requiere mayor atención, y aumenta el riesgo de complicaciones y de caídas. Además, si al alta el adulto mayor no ha recuperado el estado mental previo, requerirá más cuidados en el domicilio o incluso precisará institucionalización.

El papel de la enfermera en el abordaje del SCA a lo largo del proceso asistencial es fundamental, por su perfil competencial, tanto en la prevención como en la detección, la valoración y el manejo del delirio (4). Para ello se necesitan habilidades y conocimientos esenciales. Conociendo e identificando el diagnóstico de enfermería “Riesgo de confusión aguda” (NANDA), en su rol autónomo, la enfermera puede detectar los factores de riesgo e intervenir con medidas no farmacológicas.

Dentro de los factores de riesgo nos encontramos con la edad avanzada, la hospitalización, la comorbilidad, un mal control del dolor, una interveción quirúrgica, la presencia de accesos venosos o sondas vesicales, el aislamiento social, las infecciones, la fractura de cadera, el encamamiento y la inmovilidad, antecedentes de delirio, la desnutrición y deshidratación, los deterioros visuales y auditivos (4,5).

La enfermera ha de ser capaz, no sólo de detectar los factores de riesgo, sino también de reconocer el delirio. Algunas de las manifestaciones clínicas (signos y síntomas) que pueden alertar sobre la existencia de un posible SCA son la desorientación, la agitación o el letargo, las alteraciones del sueño (somnolencia por el día e insomnio por la noche), la irritabilidad, las alucinaciones, la ansiedad o las alteraciones de la memoria (4).

Presentarse al paciente, proporcionar un entorno sosegado con elementos de orientación tales como relojes o calendarios, facilitar la compañía de familiares y/o cuidadores a los que se les proporcione educación para la salud (fomentando en la estimulación cognitiva mediante pasatiempos, juegos), facilitar el sueño, asegurar una correcta hidratación y oxigenación, conseguir un buen control del dolor o mantener las sondas y las vías venosas sólo el tiempo necesario, son medidas de prevención que reducen el número y la duración de los episodios de delirio (6,8).

Una vez que aparece el SCA en el adulto mayor, el papel de la enfermera va orientado al manejo sintomático. El tratamiento de soporte incluye proporcionar un ambiente tranquilo y seguro con una iluminación adecuada y sin estímulos excesivos que favorezca el reposo y el sueño, con objetos familiares como fotos o adornos, permitir el uso de enseres personales (almohada, camisón, pijama), implicar a la familia en los cuidados, facilitar la comunicación y el contacto personal tranquilizador, asegurar una alimentación e hidratación adecuadas, mantener una temperatura ambiental confortable y corregir problemas de visión y/o audición permitiendo y facilitando el uso de gafas y/o audífonos si los tuviera. Conviene evitar el cambio de habitación y reubicación en otras unidades, así como tener dos personas con delirio en la misma habitación. Se recomienda además evitar en lo posible las contenciones físicas ya que aumentan la agresividad (6,7)

Como parte del equipo interdisciplinar, la enfermera, junto con el resto de profesionales, participa en la valoración integral del paciente. Valora el riesgo y las consecuencias del SCA en el adulto mayor y su entorno (familia y cuidadores), planifica las intervenciones según los diagnósticos de enfermería creando un plan de cuidados individualizado y evalúa los resultados obtenidos. Participa además, en la planificación del alta y prepara un informe de continuidad de cuidados con recomendaciones al alta y facilita la continuidad asistencial coordinándose con otros niveles asistenciales (4)

María Viña García-Bericua*, Isabel Román Medina** y Juan José Martín-Arroyo Jiménez***.
* DUE. Experto Universitario en Atención Geriátrica y Gerontológica. Hospital General.
** DUE. Especialista en Enfermería Geriátrica. Hospital General. c DUE. Experto Universitario en Enfermería en Salud Mental. Hospital Joan March.
***Miembro de la Associació Balear d’Infermeria Geriàtrica i Gerontològica (ABIGG).


Bibliografía
1. The ICD-10 Classification of Mental and Behavioural Disorders: Clinical descriptions and diagnostic guidelines. Organización Mundial de la Salud. Ginebra; 1992.
2. DSM-IV. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Ed Masson; 1995.
3. Jimenez M., Santeadoro A., Lanchado E. Delirio o Síndrome de Confusión Agudo. Tratado de Geriatría para Residentes. Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. Capítulo 18.
4. Carrera Castro C. Rol de enfermería en la prevención del delirium en ancianos hospitalizados con fractura de cadera: Recomendaciones generales. Enferm. glob. [Internet]. 2012 Jul [citado 2017 Ago 5];11(27):356-378. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1695-61412012000300020&lng=es. http://dx.doi.org/10.4321/S1695-61412012000300020.
5. Martínez Velilla NI, Petidier-Torregrosa R, Casas-Herrero A. Delirium en el paciente anciano: actualización en prevención, diagnóstico y tratamiento. Med Clin (Barc). 2012; 138:78–84.
6. Wass S, Webster PJ, Nair BR. Delirium in the Elderly: A Review. Oman Medical Journal. 2008;23(3):150-157.
7. Claver Martín MD. Actualización en la evaluación y tratamiento del delirium. Rev Esp Geriatr Gerontol. 1998; 33:227-35. 8. Inouye SK, Westendorp RGJ, Saczynski JS. Delirium in elderly people. Lancet. 2014;383(9920):911-922.

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