Siendo niño quise estudiar algo que se relacionara con la salud de las personas, sentía inclinación e interés por eso de sentirse y estar bien siempre, además, mi inspiración por ayudar en algo que fuese necesario a los demás estaba presente, latente en cada momento.

Hace 5 años llegué a la ciudad de Coro, estado Falcón Venezuela, con la idea de estudiar Medicina; sin embargo por cuestiones de mi propósito de vida, comencé a estudiar Gerontología en la Universidad Nacional Experimental “Francisco de Miranda”. En principio no tenía ni el mínimo conocimiento de qué se trataba lo que por destino comencé a estudiar.

Pasado un tiempo de cuatro trimestres mi percepción de la Gerontología era otra, pues ya había iniciado estudios sobre la misma y en compañía de ello, las experiencias hasta entonces. Hablar de Gerontología; es hablar de vejez, de adulto(a) mayor, tener conocimientos de vida, de personas, de familia, de comunidad, de cultura, en definitiva es hablar de cientos de cosas tan complejas como lo es el estudio de un proceso único e irreversible llamado #Envejecimiento.

Mi curiosidad por la Gerontología comenzó luego de cursar la unidad curricular Desarrollo y Crecimiento Personal; el objetivo de la asignatura era brindar las herramientas para descubrirte como persona, para reconocer tus metas, tus sueños más grandes y sobre todo para cultivar en cada estudiante ese sentido de humanidad, sensibilidad, valores y entre otras cosas, amor por lo que haces. Fue impresionante cómo en aquellas mañanas de encuentro podía sentir que la decisión de conocer la Gerontología fue precisamente lo que estaba llamado a estudiar.

Desde entonces fue desde ahí cuando descubrí un intenso anhelo por ser parte de la Gerontología y desde ella poder brindar atención a todas las personas que envejecen; especialmente de una población que tiene mucho para dar y recibir, la población de la tercera edad.

En ese sentido, estudiando Gerontología he tenido la oportunidad de poner en práctica mis conocimientos, atendiendo a la población de adultos y adultas mayores. Experiencias que sin duda han potenciado aún más el saber que hasta los momento me acompaña y que sin duda son fundamentales para complementar el profesional que deseo ser.

Trabajar con y para la tercera edad ha sido una bendición muy grande, ya que he podido enseñar y por encima de eso, aprender de ellos; seres que han sido parte de una sociedad llena de valores, de creencias, de cultura, y de tradiciones en la que he crecido, puedo decir que esta parte de la población aún tiene mucho por demostrar al mundo, porque el potencial es infinito. Muchos cumpleaños por vivir y compartir.

Ibrahin Marín, estudiante venezolano y prometedor gerontólogo.

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