¿Cómo cambia nuestra percepción de la felicidad según la edad?

Tal y como ha quedado señalado por diferentes estudios las personas mayores refieren ser más felices que los jóvenes y los adultos. Existen varios factores que influyen en ello. Algunos autores han argumentado que las personas mayores tienen más conocimiento, experiencia y mejor manejo de los aspectos emocionales de la vida. Todo ello, entre otros aspectos, repercuten positivamente en la percepción que tienen las personas mayores sobre su felicidad.

¿Por qué se cuestiona que durante la vejez se pueda ser feliz? ¿Creérselo es crearlo?

En mi opinión es un enfoque clásico que se basa en las pérdidas que se van acumulando en la medida que nos hacemos mayores; mayor presencia de enfermedades, deterioro cognitivo, pérdida de capacidad funcional, etc., lo cual podría tener como consecuencia que las personas mayores sean más vulnerables en términos emocionales. Sin embargo, los estudios que analizan el Bienestar Subjetivo de las personas mayores afirman que se mantiene estable incluso en edades muy avanzadas.

Evidentemente la actitud de las personas es fundamental. Estudios realizados con personas centenarias sanas muestran que el optimismo y la actitud positiva en la vida son determinantes para llegar a edades avanzadas, entre otros factores claro está.

¿Qué debemos hacer todos los que trabajamos en el mundo de la gerontología/grausología social para revertir el estigma?

Entender que las personas mayores constituyen un grupo muy heterogéneo y que cada persona es única. Creo que los que trabajamos en este ámbito tenemos una gran responsabilidad con respecto a la imagen que damos de las personas con las que trabajamos. Como decía antes podemos focalizar en lo negativo, que serían las pérdidas o centrarnos en las ganancias. En mi opinión, debemos focalizar en los aspectos positivos, promover situaciones favorecedoras de situaciones agradables, buscar espacios de intercambio de experiencias con generaciones más jóvenes dando especial protagonismo a las personas mayores, hacer visible el valor social de las personas mayores, visibilizar a los mayores de 85 años y a las personas centenarias con planes de actuación concretos para su integración en la sociedad.

¿Qué aspectos positivos valoran con mayor agrado las personas mayores con las que has tenido o tienes contacto?

Sobre todo el bienestar de la familia. Que su familia (hijos y nietos sobre todo) estén bien, que tengan trabajo, que estén bien de salud, etc. En menor medida se preocupan por su salud, que las circunstancias actuales no empeoren y sobre todo que no tengan que depender de otros. Vivimos en una sociedad en la que la familia es muy importante, sobre todo en edades muy avanzadas en las que lo habitual suele ser que el/la cónyuge haya fallecido y muchos de los amigos también. La familia constituye un pilar fundamental para las personas mayores. Es vital mantener el contacto con la familia, muchas veces no se trata de contacto directo ni diario, sino que de la percepción que tenga la persona mayor de que si necesita de ellos estarán ahí.

¿Por qué consideras que las emociones positivas se mantienen y en el caso del envejecimiento, se fortalecen?

Numerosos estudios han señalado que las emociones positivas decrecen con la edad, sin embargo, las emociones negativas se mantienen estables incluso decrecen en edades avanzadas. Si tenemos en consideración el aumento de enfermedades, la pérdida de capacidad funcional, sensorial, etc. que se va produciendo con la edad cabría esperar que todo ello tuviera consecuencias negativas en las emociones, es decir, que las emociones negativas aumentaran. Sin embargo, esto no es así, como hemos mencionado anteriormente el Bienestar subjetivo se mantiene estable incluso en edades avanzadas. Algunos autores lo han llamado la paradoja del bienestar, es decir, a pesar de las pérdidas que se pueden producir el bienestar no empeora. Sobre todo en edades muy avanzadas se entendería que padecer de las pérdidas que hemos mencionado es lo esperable, y que las personas mayores utilizan recursos psicológicos para hacer frente a ello, algunos autores lo han llamado resiliencia psicológica.

Con respecto a la metodología de la Atención Centrada en la Persona ¿Cuáles crees que son las estrategias a implementar para contribuir al mantenimiento de estas emociones positivas?

Es fundamental conocer bien a la persona que tenemos delante. Saber su historia de vida, sus gustos, preferencias, etc. todo ello va a favorecer que en nuestro trabajo podamos facilitar muchas situaciones generadoras de emociones positivas para esa persona. Son las pequeñas cosas del día a día las que pueden hacer que una persona se sienta feliz. Creo que los profesionales que trabajamos con las personas mayores debemos crear los medios para vehiculizar los deseos de las personas que atendemos, bien desde el ámbito asistencial (preferencias personales de la persona mayor en la higiene, aseo, alimentación, etc.), continuación de aficiones, mantener la relación con amigos y familiares, participación activa en actividades, etc.

¿Será que a medida que envejecemos aprendemos a valorar lo importante y desechar aquello que es superfluo? ¿Es éste su secreto?

Me tomo la libertad de responder a esta pregunta con la respuesta que dio Rita Lev- Montalchini, científica y premio nobel de medicina. Cuando cumplió los 100 años de edad le preguntaron cómo era la vida con 100 años y esta fue su respuesta “Estupenda. Sólo oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando. Mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve”. Creo que lo resume perfectamente.

Hace años ya presentaste tu Tesis con el título: Funcionamiento emocional en las personas muy mayores: variables descriptivas y predicadoras ¿Podrías compartir con nuestra audiencia algunas de sus conclusiones?

La investigación se llevó a cabo con una muestra de 257 personas mayores de 65 años (rango de edad 65-104 años). Las personas mayores del estudio vivían en la comunidad y no presentaban deterioro cognitivo ni dependencia en las Actividades de la Vida Diaria (AVD).

Los resultados mostraron que se hace extensible a edades avanzadas (mayores de 85 años) la relación positiva entre la edad y el bienestar emocional. Asimismo, las personas muy mayores utilizan en menor medida las estrategias proactivas y la solución de problemas para la regulación emocional, es decir, optan menos por la confrontación directa de las emociones y la solución de problemas.

El perfil emocional más característico de las personas que llegan a edades muy avanzadas (mayores de 85 años), es el de los RESILIENTES, es decir, personas caracterizadas por una gran estabilidad emocional y una regulación pasiva de sus emociones. No obstante, cabe señalar que también en edades muy avanzadas (85 a 94 años y personas centenarias), hay un porcentaje importante de personas que presentan el perfil de FELICES, el 26,15% y 14,29%, respectivamente. Es decir, se trata de personas que se caracteriza por presentar niveles muy bajos de soledad y escasa utilización de estrategias pasivas para la regulación de las emociones de tristeza y de ira. Es decir, para la gestión de sus emociones optan por la confrontación directa de la emoción, en vez de la supresión, la evitación o la simple aceptación de las emociones. Además, se trata de personas mayores con buenos niveles de afecto positivo y satisfacción con la vida, mientras que la afectividad negativa en ellas es baja.

Igone Etxebarría es Doctora en Psicología por la Universidad del País Vasco desde el 2014.

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