Esperamos al doctor en su consulta después de una jornada intensa entregada a la salud de los más mayores para conocer su opinión sobre temas importantes que no debemos ni ocultar ni demorar las decisiones.

No tuvimos oportunidad de reunirnos con él en su querida Salamanca pero no hay nada que no pueda la comunicación y el interés puesto por las dos partes.

Buenas tardes doctor, después de 13 años viviendo en el extranjero, ¿con qué país te has encontrado en lo concerniente a la atención de la población adulta mayor?

A veces resulta difícil “ajustar” la vara, ser justos en la comparación o el juicio de opinión cuando se pasó tanto tiempo en el exterior y particularmente expuesto a distintos modelos, no solo porque uno se dedique a esto, sino porque la comparación resulta inevitable y más aun con el propio país de uno. El caso de Argentina me resulta curioso. En el Estado hay larga tradición de brindar medidas de protección social formal como el caso de las pensiones o el Programa de Atención Medica Integral (PAMI), un programa orientado fundamentalmente a dar cobertura en salud a más de 5 millones de mayores. Sin embargo, mi impresión es que el cuidado y la atención de los mayores está fragmentado. Por un lado el Ministerio de Desarrollo Social, por otro el de Salud, luego las reparticiones locales o municipales como el caso del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires bajo cuya orbita recaen más de 750,000 mayores, por otro lado el propio PAMI y luego el ANSES que es la Agencia Nacional de Seguridad Social; y por otro lado el sector de la sociedad civil, la academia y en menor medida el sector privado. Se hacen esfuerzos muy valiosos, pero me da la sensación y estoy seguro, que si hubiera mayor articulación seguramente habría más efectividad, eficiencia y con ello los mayores estarían mejor. Eso aún es una necesidad insatisfecha en nuestro país.

¿De qué apoyos cuenta un jubilado tipo en Argentina?

Hoy en Argentina el 97% de los retirados o jubilados cuentan con una pensión, sea contributiva o no. Además son beneficiarios del PAMI que como dije antes, brinda cobertura médica. El poder acceder a una pensión garantiza una regularidad de ingreso, un cierto nivel de seguridad económica y eso se traduce en que el nivel de pobreza entre los adultos mayores es más bajo que entre la población en general. Esto último se ve en países con larga tradición en protección social hacia el mayor. Pero además y como punto de partida, existen beneficios a través de programas específicos como los hogares de acogida para personas mayores en condiciones de vulnerabilidad, los centros comunitarios u otros más recientes e innovadores como la entrega de tablets, cuya finalidad es dar mayor “conectividad social” aunque su efectividad o resultado aún debe ser medido. Una tableta no es un recurso de bajo costo y se impone el monitoreo y la evaluación de impacto, no olvidemos que los fondos de financiación son públicos.

¿Cómo va la implantación en el país de las unidades de cuidados paliativos?

Esto algo relativamente nuevo y no solo en Argentina sino en muchos países de la región. Si bien hay centros de internación con larga tradición de equipos con paliativistas, a nivel de país estamos viviendo un momento de oportunidad con la puesta en agenda de nuevos desafíos éticos que impone la nueva expectativa de vida. Uno de ellos es la conformación de redes con equipos de trabajo. El buen morir es algo que en los cuidados de salud hoy nos debemos. Es necesarios abrir espacios de debate y reflexión y nada mejor que quienes venimos de la salud para ello. Convivimos en el día a día con esta situación. A nivel de sociedad nos ocurre que hemos desterrado la muerte como momento vital del curso de vida, la hemos negado y la mayor parte de los médicos ven en ella una derrota. Morir bien debe ser parte del buen vivir.

Todavía son muchos los que creen que el medico salva vidas, cuando eso, en la realidad ocurre muy poco.

¿Qué es con lo que más disfrutas y menos de tu profesión? 

Hacer lo que a uno le gusta es, de alguna manera, ser un privilegiado. Me encanta el contacto con el paciente, de cada uno hay algo por aprender, supongo que es mutuo porque si concurre a mi consulta es porque piensa que puedo ayudarlo… disfruto mucho de la docencia, es algo que hago de toda la vida y siempre les digo a mis alumnos que enseño porque aprendo de ellos, como con los pacientes…

Lo que menos me gusta de lo que uno hace, es lo limitado que estamos frente situaciones que cada vez son más frecuentes y dramáticas. Abusos, maltratos de tipo familiar, personal e institucional. Hoy el sistema de salud se volvió agresivo e insensible. Hay mucha falta de humanidad en decisiones del día a día, lo que llamo el “micro maltrato” que en los mayores tiene un alto impacto; una mirada, un gesto de desgano o desinterés. Es triste. Hay mucha falta de humanidad y sobre todo de sentido común. Nadie es inmortal, nadie esta exento de estar del otro lado del escritorio medico un día y no me conformo con los que dicen que es ley de vida. Podría ser todo mucho mejor con mayor voluntad…

¿Qué malas praxis has detectado en las consultas de atención primaria con relación a los más mayores? ¿Fuiste cómplice de alguna? ¿Cómo “despertaste”?

Hablar de mala praxis es un extremo muy desagradable, sin embargo lo que más me sorprende es cierta distorsión que hay en la atención y cuidado de mayores producto de estereotipos o el mismo desconocimiento. En lo personal, hay errores que he cometido de los que hoy sigo siendo consciente y puedo aseguraros que los recuerdo todos o casi todos porque me han dejado marca o arrepentimiento. En medicina decimos que los errores del colega los recibe uno en su consultorio, supongo que otros colegas han recibido mis errores también, nadie esta exento de equivocarse, es parte de la profesión y de la vida misma, lo importante es hacer el ejercicio diario de en qué uno pudo equivocarse. ¿Como se podría mejorar? Eso para mí es muy importante, soy muy riguroso conmigo mismo.

¿Se requiere alguna pericia clínica u actitud especial para tratar con personas con alto grado de fragilidad?

La pericia es muy importante. Eso en gran parte lo da el conocimiento y el entrenamiento, sin embargo, lo que muchas veces hace la diferencia es la actitud, porque eso es un estado de ánimo y en gran parte depende de cada uno de nosotros. Es como nos paramos y enfrentamos a la vida, a una situación, es lo que hace que un profesional o persona se diferencie de otro. Tiene que ver con empatía, humanidad… sonreírle al desconocido es innato….si no te sale de dentro quien está enfrente lo nota y los mayores son muy sabios para detectar esas cuestiones.

¿Encuentras comprensión y colaboración en las familias de los mayores que acuden a tu consulta?

Sí, pero no es ley. Hay quien apoya incondicionalmente y otros interesadamente. Por supuesto esta también quien abandona y no muestra interés. Eso es muy triste y decir que como profesional no me afecta es mentira. Todo profesional comprometido se ve afectado, el punto es como uno mismo gestiona esa preocupación, angustia o estado de ánimo. Entender que los pacientes nos generan distintas emociones es un desafío para el médico, lo fue siempre y de eso nunca se habla.

Desde tu experiencia y respecto a la valoración geriátrica integral, ¿qué papel tiene el anciano en esa relación? ¿Se respeta su derecho a ser informado (o no) y a tomar sus decisiones?

La relación médico paciente es de a dos por definición. Aún más con una persona mayor este aspecto cobra relevancia. En general los mayores tienen muy claro que quieren o desean, hay que escucharlos atentamente. La comunicación y la toma de decisión compartida son aspectos fundamentales, y donde según el caso debemos involucrar a la familia. Para entender esto deberíamos pensar, reflexionar, preguntarnos más seguido cada uno de nosotros como quisiéramos ser tratados de mayores. Como nos gustaría terminar nuestras vidas.

Sigamos hablando de ética, ¿debe el geriatra defender la visión de vida del anciano aunque se contraponga a la de su familia?

Sí, pero allí entramos en un terreno delicado donde no existe la generalidad sino las situaciones individuales y personales de cada caso. Si hay un área donde es imposible generalizar es con los adultos mayores. Aquí es donde el famoso dicho medico “no hay enfermedades sino enfermos” que yo reemplazaría por “pacientes” se hace realidad.

En lo referido a tu exitoso libro “De Vuelta”, ¿qué enseñanzas te transformaron por dentro? ¿Las compartes con aquellos que ahora te leen?

El proceso del libro fue sumamente enriquecedor. Cada dialogo, cada encuentro fueron únicos, en cada uno de ellos no solo pude aprender, sino que me vi reflejado, identificado en mi propio transcurrir. Fue una experiencia muy fuerte. Recuerdo casos donde al terminar solo quería caminar y caminar como una forma de asimilar, relajar y entender lo que había escuchado. Es un libro que enseña, que invita a la reflexión, un libro de vida. Son las voces de quienes van adelante en el camino de la existencia. Es fuerte, me transformo y aun emociona. Fui un privilegiado que me hayan abierto las puertas a su intimidad y si, comparto en mis conferencias muchos de los pasajes del libro, porque son ellos de quienes debemos aprender.

¿De qué te gustaría que hablásemos en QMAYOR con mayor profusión sobre el envejecimiento o la vejez?

Ambos son indisolubles, no se puede hablar de uno sin mencionar al otro y viceversa. Lo mejor que están haciendo es esto, dar una imagen diferente, innovadora, poner el tema en agenda con un producto, un medio serio y riguroso. La muestra está en que en poco tiempo se han convertido en referencia no solo en España sino en Iberoamérica. Es un gusto sentirme parte de la familia QMayor.

Diego Bernardini es Doctor en Medicina (PhD) y Máster en Gerontología por la Universidad de Salamanca.

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