Recuperamos la ntervención artística de sobre la escultura El salto de Léucade, de Moisés de Huerta para recomendaros la exposición “CANON” de Mateo Maté en Madrid. Con ella el artista madrileño pretende exponer la profunda brecha que la delicada situación económica actual hiende en la cultura.

La pieza de De Huerta -un cuerpo caído, entre la vida y la muerte, de una bella adolescente disolviéndose en la piedra- pertenece a la colección del Círculo de Bellas Artes y es una escenificación del mito de la muerte de Safo. La poetisa griega se arrojó por amor desde lo alto del acantilado de la isla de Léucade para someterse a un terrible juicio de amor y resultó muerta. Maté se sirve en esta intervención de la leyenda y extrapola alegóricamente un juicio de amor a una reflexión sobre la cultura y sobre la enfermedad. ¿Por qué no hablar de todo? Incluido el envejecimiento de las esculturas o de la enfermedad de lo inerte. ¿Será una metáfora del mercado del arte y los coleccionistas?

En 2013 Mateo Maté, experto en hallar las opciones de desconcertarnos de los objetos del entorno cotidiano, presentó en cinco museos madrileños (el Lázaro Galdiano, la Biblioteca Nacional, el Museo Cerralbo, el del Romanticismo y el de Artes Decorativas) un proyecto conjunto en el que intercalaba sus trabajos entre las colecciones de estos centros, desafiando así las jerarquías establecidas entre artistas de distintos periodos y sus obras y también las distancias que las convenciones marcan entre arte y utensilio, entre objeto creativo e instrumento con función diaria y práctica.

Frente al Círculo de Bellas Artes, en la calle Alcalá podemos disfrutar de su nueva exposición. Fines parecidos busca el madrileño en la muestra que hasta el 23 de julio ofrece en la Sala Alcalá 31, “Canon”, en la que ha buscado causar en el espectador sensaciones de extrañamiento modificando a placer obras de arte clásico que, en sus manos, han pasado de ser emblemas de belleza a convertirse en figuras de subversión, enigmas que perturban por su ironía.

Maté hace referencia a la doble acepción del canon como proporción perfecta e ideal del cuerpo humano, derivada de las relaciones armónicas entre sus partes, y como norma de comportamiento moral y social, subrayando que una y otra son variables y evolucionan con el tiempo y con las sociedades. Ha transgredido ambas con una sutilidad que parece reivindicar un doble mensaje paradójico: puede que lo revolucionario no siempre sea grande ni llamativo y que la transgresión nos pase desapercibida, y también que hayamos asimilado hasta tal punto la huella del poder y de las estructuras de pensamiento en todo arte que ese sello perenne ya no nos llame la atención. Subraya cómo hemos integrado las normas, voluntariamente y a menudo no, también en la actividad creativa, el mayor espacio, teóricamente, de libertad.

La belleza clásica y el desnudo clásico no reparó en la vejez (por considerarla decadente), o mejor dicho la ocultó con ropajes de la época para representar a los próceres de la patria. La ironía y el humor los ha utilizado para “tunear” estas esculturas, por todos conocidos para cuestionar el canon clásico, también el actual, donde no se nos permite envejecer, donde no podemos salirnos de el amor estándar o de las decisiones personales.

Cada escultura rompe a su manera las reglas. Un laberinto por lo incómodo y por lo real. Aquí el ejemplo del discóbolo con 40 años más. ¿Qué os parece?

Sala Alcalá 31 – Del 19 de mayo al 23 de julio
C/ Alcalá, 31. 28014 Madrid

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