Los tiempos han avanzado para que el casarse “como Dios manda” nos regale cada vez pedidas de mano más divertidas y originales. A lo largo de la historia hemos resistido a los momentos costumbristas donde las familias tenían que aprobar el compromiso para que quedase formalizado.

Hoy ha pasado a ser más una tradición que otra cosa. Estamos seguros de que todos habéis visto una pedida de mano al más estilo de película romántica o un… “¿Te quieres casar conmigo?” con cena para dos, anillo debajo de la servilleta y velas.

Seguramente estés cansado de ver proposiciones de matrimonio que presumen de supuesta originalidad. Las posibilidades parecían infinitas hasta que se puso de moda pedir la mano de tu promitidx con algo tan disruptor como un flasmob.

Este fue el caso de Rubén,  trabajador de Residencial Cervantes, que decidió proponerle matrimonio a su chico en plena residencia acompañado de una épica coreografía de “Contigo”, de Bombai. Luis pensó que iba a presenciar un nuevo ensayo para las superproducciones audiovisuales a las que nos tienen acostumbrados los residentes de Cervantes. La sorpresa fue mayúscula cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando… Su novio, Rubén, le estaba pidiendo matrimonio de una forma totalmente inesperada.

En las cartulinas que una de sus compañeras sostenía mientras la música ponía emoción al momento, se podía leer el mensaje de Rubén para Luis:

Luis, sí, esto es una encerrona.

Abre los ojos, escucha atento, hoy es un día especial.

Dicen que las mejores cosas suceden cuando menos te lo imaginas.

¿Te esperabas esto?

Desde el primer día que te vi pensé: eres el amor de mi vida.

Contigo he aprendido que amar no es mirarse el uno al otro,

sino mirar juntos en la misma dirección.

Quiero ser lo que tú eres, 

amar lo que tú amas,

ver lo que tú ves.

Por todo esto y más, 

sé que no puedo dejarte escapar.

Date la vuelta, 

tu vida está a punto de cambiar…

“En este momento apareción Rubén con un anillo para preguntarle algo sencillo. ¿Te quieres casar conmigo?, dijo emocionado a su prometido. La respuesta era obvia.

¡Viva el amor! ¡Y viva los novios!

 

 

 

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